Los cuentos que me cuento

blogeditor · 17 de diciembre de 2020

Los cuentos que me cuento

En los años noventa yo era un niño que pasaba las tardes viendo televisión; saltaba de ver cómo sufría Thalia por el amor de Eduardo Capetillo, a los dramas adolescentes como Salvados por la campana o la exitosa Beverly Hills 90210. Mi sufrimiento y mi fantasía, de la mano de Thalía y Jason Priestly, quienes enseñaron a una generación a ligar, a sufrir y diferenciar lo normal de lo anormal. No es su culpa, aclaro, pero fueron parte de una industria que generó referentes difíciles de cambiar. De hecho hay una generación que nos educó la televisión en México por más extraño que se lea o de la que muchos reniegan. Esa industria cambió, ¿pero y el imaginario que crearon?

A casi 30 años de la trilogía de las Marías, la industria de la televisión es absolutamente distinta; además de una TV abierta cada vez más compacta, tenemos varias opciones de TV restringida, plataformas digitales, YouTube y redes sociales. Y sin embargo, la generación de contenido de alto alcance no necesariamente ha decidido cambiar sus narrativas, al menos en México. Vemos remakes, actualizaciones, mismas historias, distintos actores. Pareciera que la televisión mexicana ha decidido vivir en un espiral y el espectador por más que lo juzgue lo sigue sintonizando.

Cuando tuve la primera oportunidad de filmar mi primera serie para Netflix no pensé en cambiar el mundo, pero sí tenía claro que era vital poder darle voz a los que no tienen voz, pero partiendo de una estructura que nos es familiar, el melodrama. Darle una posición central a personajes homosexuales y transexuales en una serie como La Casa de las Flores no fue fácil; no tenía como objetivo transgredir, pero sí contar lo que pasa en una de las tantas realidades que existen. Una realidad, que aún en el año 2020 se estigmatiza o caricaturiza a menudo en telenovelas o series.

Según la Encuesta sobre Discriminación por motivos de Orientación Sexual e Identidad de Género (ENDOSIG 2019) de CONAPRED, a la mitad de las personas de la comunidad LGBT+ les han negado una oportunidad laboral por su orientación sexual. Tres de cada 10 han tenido que abandonar su casa antes de ser mayores de edad y han sufrido violencia por ser quienes son.

Según la misma Comisión, las mujeres transexuales en México son quienes viven los niveles más altos de desigualdad y discriminación; son tratadas como fantasmas en la sociedad, lo que hace que su vida esté condenada a la pobreza y a la sombra, sin poder acceder a los mismos trabajos o relaciones personales que una persona heterosexual. La sociedad las oculta, pero la realidad es que los medios también lo hacen.

La responsabilidad de un creador no radica en abordar todas las formas de discriminación posibles. Sin embargo, sí implica ser honestos con su forma de ver el mundo y contar con valentía los temas que le importan. Para mí es fundamental contar historias donde la comunidad LGBT+ esté integrada a la sociedad. Dejar las exclusiones en el pasado, y contribuir en la construcción de referentes e imaginarios incluyentes, abiertos y solidarios.  Es por eso que decir que la televisión mexicana no ha cambiado es  incorrecto, seguimos disfrutando el melodrama pero con los temas de actualidad.

En varias ocasiones me han preguntado – e incluso criticado – por no hablar de otras temáticas o incluir a otros grupos de la sociedad en mis producciones. Yo lo que les digo es que hay tiempo para todo; el día de hoy, cuento historias donde pongo el dedo en la yaga de la discriminación a un grupo al que pertenezco, porque estoy convencido de que al cambiar la narrativa de los medios, eventualmente ayudaremos a cambiar la narrativa de nuestra sociedad.

* Manolo Caro (@ManoloCaroS) es director de cine.