blogeditor · 18 de agosto de 2022
El pasado martes durante la conferencia mañanera, el subsecretario de Salud, Hugo López Gatell, declaró que los consultorios ubicados en farmacias son un “engaño” porque no resuelven problemas de salud de mayor importancia, que solo funcionan para resolver enfermedades de corta duración que afectan a población primordialmente sana. Pero para atender enfermedades crónico degenerativas no solo no sirven, sino que pueden poner en riesgo la salud del paciente. Con este argumento, mencionó que lo deseable sería que no existiera dicho medio para recibir consulta médica.
Detrás de la declaración se esconden muchas impresiones que es oportuno puntualizar para realmente debatir la función que realizan estos consultorios. En primer lugar, es necesario contextualizar que los consultorios adyacentes a farmacias (CAF) surgen como una respuesta tras establecerse como obligatoria la receta médica para poder adquirir antibióticos, que hasta ese momento eran de libre venta y por tanto generaban automedicación. Tras esto, las farmacias establecieron un modelo de negocio en el que otorgan consulta médica (para obtener la receta) a un precio bajo y poder vender los medicamentos recetados.
Por supuesto que los CAF están diseñados para atender patologías dentro del primer nivel de atención, para tomar signos vitales, realizar certificados médicos, inyectar o incluso simplemente para dar una opinión sobre algún malestar. Han sido tan exitosos que en tan solo a una década de su existencia ya prestan 2 de cada 10 atenciones médicas realizadas en el país, según los datos de la más reciente Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (Ensanut). En esa misma encuesta, se revela que el principal motivo para elegir ese lugar es por la cercanía, seguido de la rapidez. En pocas palabras, las personas se atienden ahí ante la insuficiente infraestructura pública de salud y la lentitud del proceso para recibir el servicio.
Bajo este contexto, ¿por qué catalogar a los CAF como un problema? Si se han convertido en el medio de contacto médico más cercano a la población ante la ineficiente oferta de servicios públicos en este nivel de atención. Es conocido que esta administración detesta todo lo que tenga que ver con servicios privados, y coincido en que sería deseable contar con un sistema público de salud que brinde la atención médica necesaria, pero la realidad indica que estamos muy lejos de eso y en el mejor de los casos si llegara a existir sería mediante un proceso de largo plazo. De momento es una realidad que la población acudirá al lugar más cercano y no al que su derechohabiencia le indique.
Ante ello conviene comenzar a ver a los CAF como solución y no como problema. Por ejemplo, cuando se observan los gastos asociados a la salud dentro de su primer nivel, encontramos que el menor gasto se realiza en el pago de consultas. En cambio los estudios de laboratorio y la compra de medicinas son los que mayor proporción consumen dentro de este gasto. Por qué no aprovechar la infraestructura montada por los CAF para brindar atención, pero permitir que esa receta sea intercambiada en las farmacias públicas y así contribuir a disminuir el costo asociado a los medicamentos, o de igual manera realizarlo en el caso de los estudios médicos. Es decir, disminuir la carga que tiene el sistema público en el primer nivel de atención e invertir en áreas realmente incosteables para la población.
Otra posibilidad es que los CAF sirvan como mecanismos de referencia (enviar a un paciente para su atención de un nivel a otro) y que el paciente pueda recibir atención especializada dentro del sistema público de salud. Si bien es cierto que los CAF no atienden enfermedades como diabetes, hipertensión o enfermedades cardiacas, estos pueden dar un seguimiento puntual de signos vitales que indiquen alguna alteración que pudiera poner en riesgo la salud del paciente, es decir fungir también como contrareferencia (retornar al paciente al establecimiento de origen para la continuidad del caso).
También es posible aprovechar la información recopilada por los CAF para diseñar intervenciones mucho más especificas que generen soluciones adecuadas a las necesidades epidemiológicas y demográficas identificadas mediante el análisis de dicha información. Algo crucial para prevenir futuras enfermedades crónico degenerativas y sustituir el sistema curativo de la actualidad por uno preventivo.
En fin, contrario a lo declarado por el subsecretario López Gatell, los CAF pueden ser una extraordinaria oportunidad para pensar maneras de incluirlos al sistema y no prohibir o intentar excluir su participación dentro del mismo. Sin dejar de considerar mejoras tanto laborales como de capacitación y entrenamiento para los médicos que ahí trabajan. Tal vez es el momento de cambiar el paradigma, ya que el problema no es la realidad sino la manera en que se enfrenta la misma.
* Luis Javier Cortés Adame (@ljcortes6) es Licenciado en Ciencia Política por la UAM y maestro en Administración y Políticas Públicas por el CIDE.