Redacción Animal Político · 20 de agosto de 2018
Por: Lucrecia Santibañez @lucasantibanez
El propuesto secretario de Educación, Esteban Moctezuma, ha anunciado que el 27 de agosto comenzarán los foros para discutir la Reforma Educativa. De dichos foros, saldrá la nueva propuesta para una acuerdo nacional para la educación básica. Algunos especialistas consideran que la Reforma educativa se mantendrá y que no habrá cambios radicales. Si esto es así, habrá que pensar qué puntos de la reforma son salvables y cuales son menos defendibles. A continuación mis ideas al respecto.
Después de cuatro años de implementación no se observaron efectos ni en el aprendizaje de los alumnos, ni en las tasas de deserción en media superior (excepto por un distrito donde si hubo menor deserción). Los autores concluyeron que simplemente con medir un fenómeno no se logra mejorarlo. El tema no fue de recursos. El IPE costó aproximadamente $500 millones de dólares –la fundación Gates dotó a los distritos/organizaciones participantes de más de $200 millones y los distritos-organizaciones aportaron $300 millones más.
4. Hay que repensar completamente el sistema de formación profesional continua. “Capacitar antes de evaluar” suena muy bien, pero en la práctica este slogan es difícil de concretar. Hay que abandonar esa idea. Ligar la evaluación a la capacitación no generará beneficios, será difícil de implementar adecuadamente, y constituirá una carga adicional al sistema y probablemente, un dispendio de recursos.
En el estudio de IPE los distritos no lograron ligar los resultados de la evaluación con programas individualizados de formación continua. Esto sorprendió a todos, incluyendo a los propios evaluadores. Nadie esperaba que un proceso tan riguroso y detallado de evaluación tuviera tan poca utilidad práctica. El problema no fue de información: lo amplio de las evaluaciones mismas (observación en el aula + aprendizaje de los alumnos) arrojaron suficiente información para realizar acciones concretas de mejora docente. El problema fue aún más complejo: por un lado no existían los cursos para “la medida” de los maestros o buenas prácticas que otras escuelas hubieran utilizado que pudieran aplicar a su contexto particular. Por otra parte, incluso cuando en algunos casos hubo cursos, los maestros no cambiaban fundamentalmente lo que sucede en su aula a partir de ellos.
En un proyecto piloto sobre tutorías docentes que actualmente llevo a cabo nos topamos con algo similar. A pesar de ofrecer un programa de tutorías en matemáticas de muy alta calidad, con costos de implementación muy bajos para todos los involucrados, observamos una renuencia de un gran número de docentes y escuelas a participar.
En resumen. La evaluación por sí sola no servirá de nada si el maestro no toma la decisión de mejorar lo que hace día con día. Tampoco hay fórmulas mágicas para convertir los resultados de las evaluaciones en programas de superación personal. El nuevo acuerdo educativo tendrá que plantearse lo siguiente: ¿cómo podemos lograr que el maestro se vea motivado para mejorar su práctica y aumentar significativamente el aprendizaje de los alumnos? Esa es la pregunta del millón.
* Lucrecia Santibañez es especialista en temas de política y evaluación educativa. Es Profesora Asociada en Claremont Graduate University. Fue anteriormente profesora del CIDE y Economista en RAND Corporation. Tiene un Doctorado en Educación y una Maestría en Economía por la Universidad de Stanford. Su investigación puede encontrarse aquí.