Los camarones brincan

Redacción Animal Político · 10 de diciembre de 2025

Los camarones brincan

En la Bahía de Ohuira, Sinaloa, la abundancia de camarones es tal que de pronto puedes ver que brincan. Es una verdadera belleza. Si te distraes, te lo pierdes. He comprobado que, igual que yo, mucha gente ignora este hecho. La realidad es que la mayoría de las personas estamos muy desconectadas con cuestiones cotidianas del mundo natural que pueden darnos alegría. Quienes están totalmente conectados a estos ciclos naturales desde su cotidianidad son las comunidades indígenas mayo-yoremes de esta bahía. Desafortunadamente, los camarones, las aves, las tortugas, los delfines y las personas están en riesgo por proyectos de gas que se están impulsando en Topolobampo.

Desde hace años, las comunidades que habitan la costa norte de Sinaloa han estado dando la batalla por proteger sus sustentos de vida frente a una enorme planta de amoniaco que se alimentaría con gas proveniente de fracking en Texas, igual que los proyectos de gas natural licuado (Saguaro, AMIGO y Vista Pacífico, este último también en Topolobampo) que amenazan el Golfo de California.

Pero a todo esto, ¿qué es el amoniaco y por qué es una gran preocupación? El amoniaco se produce con lo que llaman gas “natural” (en realidad fósil o metano), que igual al petróleo o carbón son los tres grandes responsables del calentamiento del planeta y de terrible contaminación. El amoniaco es un insumo de la agricultura industrial que se utiliza para producir fertilizantes. El problema es que el amoniaco es un compuesto muy peligroso y su producción y uso son altamente contaminantes.

Para producir el amoniaco se usa el gas metano por partida doble: como combustible para echar a andar la planta que lo produce y como insumo (o ingrediente si fuera receta de cocina) necesario para que haya amoniaco. La quema del metano es responsable de la alta contaminación del aire con documentados daños a la salud, como explica a detalle Carla Flores en la columna anterior de este blog.

También podemos hablar del daño directo a los camarones que son un medio de subsistencia –tanto de alimentación como de economía– para las personas que habitan la región. El CIIDIR-Sinaloa (Centro Interdisciplinario de Investigación para el Desarrollo Integral Regional del IPN) estima que la planta de amoniaco podría significar la destrucción del 60 % de la producción de camarón en la Bahía, es decir, más de 500 toneladas anuales. Además, el amoniaco es tan peligroso que, como advierte la Coalición de Ciencia del Hidrógeno (HSC por sus siglas en inglés), “el hundimiento de un barco con una carga de amoniaco podría esterilizar kilómetros cúbicos de océano”.

En la Bahía de Ohuira abunda el camarón y la pesca ribereña es alimento y sustento económico de cientos de familias. Crédito: Armando Vega.
En la Bahía de Ohuira abunda el camarón y la pesca ribereña es alimento y sustento económico de cientos de familias. Crédito: Armando Vega.

 

Sin embargo, el mayor riesgo son las fugas de amoniaco. El contacto directo con el amoniaco puede causar irritación severa, quemaduras químicas, daño pulmonar agudo y, en concentraciones altas, hasta la muerte en cuestión de minutos. El propio Estudio de Riesgo Ambiental de la empresa promotora, Gas y Petroquímica de Occidente (GPO), reconoce que una fuga de apenas 5 minutos de amoniaco podría convertir a toda la Bahía de Ohuira en una zona de “peligro inmediato para la salud o la vida”. La nube tóxica alcanzaría un diámetro de 45 km, lo que pondría en riesgo a más de 400,000 personas, incluidas las y los habitantes de Los Mochis.

Las comunidades rechazan el proyecto y los especialistas de Naciones Unidas hacen eco de sus demandas

Desde 2014, las comunidades indígenas y ciudadanía de la región se han organizado en el colectivo “Aquí No” rechazando el proyecto de amoniaco. Las comunidades han recurrido a estrategias de lucha por medios jurídicos. En 2022 la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) les dio la razón en un caso en donde argumentaban la falta de consentimiento previo, libre e informado para la construcción de la planta. Desafortunadamente, se hizo una consulta tramposa y esto permitió retomar la construcción de la planta que, según la empresa, ya está en un avance de más del 70 % de su construcción. Hoy, las comunidades siguen pidiendo el apoyo de la ciudadanía para recolectar firmas contra el proyecto.

La defensa de su territorio les ha traído graves consecuencias, incluyendo amenazas, violencia, intento de secuestro y desplazamiento. La manera de operar de GPO ha dividido a las comunidades buscando premiar con dádivas a quienes aceptan este proyecto tóxico. Recientemente once relatores de Naciones Unidas destacaron las múltiples y graves violaciones a derechos humanos sufridas por la comunidad y cuestionaron tanto a GPO, como su empresa matriz, Proman, el banco alemán KfW y los gobiernos involucrados.

Ahora que disfrutes romeritos con tu familia, aprovecha para contarles que los camarones brincan, que en Ohuira están en riesgo y nos toca apoyar a las comunidades que defienden cotidianamente la vida en el Golfo de California.

* Claudia Campero (@claucampero) es coordinadora de justicia climática en Conexiones Climáticas (@CClimaticas).