blogeditor · 1 de agosto de 2014
Carlos Fuentes
Editorial Alfaguara
México, 1999
Pp. 600
En su momento el lanzamiento de la novela estuvo precedido de un gran trabajo publicitario que ahora es común utilicen las grandes editoriales. En ese entonces la obra de Fuentes creó todo tipo de expectativas. Con tanta información previa en declaraciones, entrevistas, comentarios, avances es imposible no hacerse de una idea propia anterior a la misma lectura.
Al momento de leer es imposible deshacerse de la idea preconcebida. En el principio de la lectura me acompañó este fantasma, pero en la medida que avancé en el texto me pude deshacer de él. La historia de los últimos cien años del país a partir de la historia de una familia y un personaje central, Laura Díaz. Intervienen elementos de una historia familiar, pero sólo de manera lejana.
[contextly_sidebar id=”Q8FRU2hjmU0qLgJxagziN2DNalEIfwQo”]Las referencias a la historia de México me parecen obvias y poco sugerentes. Hay más bien, eso pienso, una lectura plana y más o menos trillada de la misma. Aquí no hay ningún aporte para los lectores mexicanos. Es posible que para las traducciones o las ediciones en los otros países de habla española esa historia resulte buena y atractiva.
La construcción de los personajes –son muchos- resulta mejor. Hay fuerza y credibilidad. La historia, Fuentes sabe contar historias, va ganando la atención y termina por imponerse.
La historia o las historias ofrecen la transición-ruptura de un medio social, el de las familias mexicanas, de arriba, a causa de la Revolución. A partir de entonces los de abajo y los de arriba -unos que suben y otros que bajan- se encuentran. Es la nueva realidad de la sociedad. Hay movilidad social y unos mejoran, pero otros pierden lo que tienen.
En las obras de Fuentes hay algunas constantes que tienen que ver con el país, con situaciones de la vida y con fijaciones; tal es el caso, por ejemplo, de la mujer que rompe con su situación y se libera. De la mujer, que a pesar de todas las dificultades, se decide a ser ella.
Hay muchos retratos de personajes mexicanos de ciertos sectores sociales, clases medias altas o altas. Siempre uno está tentado a poner nombres. Los retratos son entonces verosímiles, creíbles. Se asocian a realidades. Representan a grupos y sectores. Esperaba más de la obra, pero me gustó y la disfruté.