blogeditor · 8 de enero de 2020
Por mucho tiempo se ha considerado que la especie humana es la única que posee una serie de características intelectuales y emocionales, idea que nos considera los únicos animales que pueden ser educados; sin embargo, a la luz de nuevos conocimientos sobre las demás especies y con ayuda de la Bioética, podría ser el momento propicio para replantearnos estas asunciones.
La Pedagogía se ha enfrentado a diversos problemas, entre ellos la construcción de su objeto de estudio. Contrario a lo que socialmente se cree, la Pedagogía no es sinónimo de docencia y su objeto no se limita a la escuela, la enseñanza o la niñez. Es en la educación, en el sentido más amplio de la palabra, en donde se encuentra el foco de esta disciplina, alrededor de la cual giran toda la reflexión, el análisis y las propuestas de intervención en la sociedad. Sin embargo, podría ser que la educación, tal como se entiende actualmente desde el campo pedagógico, sea una noción que requiera ser repensada desde un paradigma diferente.
Hay un entendido común entre los pedagogos de que la educación es un proceso permanente y meramente humano de intercambio de conocimientos, conductas, cultura y normas, mediante el cual las personas se apropian del lenguaje social con el fin de pertenecer a una sociedad determinada. Si bien esta definición se puede mejorar, nuestro objetivo es dar cuenta de que tradicionalmente se ha pensado a la educación así, como un proceso exclusivo de la especie humana que ocurre sólo entre sujetos humanos, y es incluso risible plantear la idea de que otras especies puedan ser educadas: sólo se habla de su condicionamiento, entrenamiento o adiestramiento, pero dentro del campo de la Pedagogía, jamás de su educabilidad.
La base de esta idea forma parte de una larga tradición pedagógica. Desde esta disciplina se ha dicho que los humanos somos los únicos animales capaces de razonar, de tener consciencia, de hacer proyecciones a futuro, de ser altruistas, etcétera, y dada nuestra prácticamente nula actualización sobre temas de Biología, Filosofía, Etología y Bioética (por mencionar sólo algunos campos de estudio), nos hemos asumido como la única especie educable debido a esas mismas características “exclusivas”.
Desde nuestro punto de vista, no podemos seguir heredando estos planteamientos de forma acrítica y si queremos empezar a cambiar esto será necesario ejercer plenamente la naturaleza multidisciplinaria de nuestro campo y dialogar con otras ciencias y disciplinas (como las ya mencionadas) que nos sean útiles para repensar no sólo la educación y a los humanos, sino también a los ANH (Animales No Humanos) y sus formas de relacionarse entre ellos y con nuestra especie. Esta propuesta no carece de fundamentos si tomamos en cuenta que la noción, ya expuesta, que se tiene sobre los animales humanos y no humanos ha sido superada gracias a estudios emergentes desde las Ciencias duras y las Humanidades que revelan que los ANH anticipan su propio futuro, realizan juicios de valor, aprenden por diversos medios (incluyendo la imitación), tienen elementos biológicos de la capacidad moral (altruismo, empatía, cuidados parentales, etcétera), memoria, intereses, preferencias, conciencia y muchas otras capacidades que hasta hace poco se consideraban exclusivas de nuestra especie.
Dado que las preguntas sobre qué es la educación, así como todas aquellas que las rodean son sumamente complejas, nuestra intención no es afirmar a priori que los ANH sí son sujetos de algún tipo de educación, sino únicamente problematizar lo que hemos dado por hecho durante años y repensar nuestro objeto de estudio desde una mirada no especista. Consideramos que la Pedagogía tiene que relacionarse principalmente con la Bioética para tener auténticas discusiones y reflexiones de este tipo sobre educación, la educación especista y, además, las consecuencias que ha tenido habernos pensado (y seguirnos pensando) totalmente ajenos a lo animal. Tenemos que recordar que somos animales y mirarnos desde allí.
Así que quisiéramos concluir con algunas preguntas que bien podrían abrir el debate en torno a este tema: ¿los ANH pueden ser educados? ¿Les hemos negado esa capacidad, tal como les hemos negado muchas otras gracias a nuestra falta de conocimientos y capacidad para entenderlos? ¿Acaso los animales humanos sólo nos educamos en la relación que se establece con los de nuestra especie? ¿Es mero condicionamiento o adiestramiento eso que vemos y que nos hace decir que, por ejemplo, un perro “está educado”? Dados los avances científicos y nuestro cada vez más amplio conocimiento sobre el resto de los animales, ¿deberíamos cuestionar nuestros saberes sobre educación en pro de otras especies? Nuestra tradición indica que las y los pedagogos nos hemos ocupado más en buscar y establecer todo lo que nos diferencia de los demás animales; sin embargo, pensamos que es momento de ver todo aquello que nos asemeja y, para ello, es imprescindible que la Pedagogía avance de la mano con la Bioética.
* Claudia Edwards es doctora en Ciencias por el Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional, Médico Veterinario Zootecnista (MVZ) y maestra en Ciencias por la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la UNAM. Actualmente, es profesora de la UNAM, directora de Programas en Humane Society International–México, secretaria de la Sociedad Mexicana de Etología y Bienestar Animal, MVZ certificado en Etología y Pequeñas Especies por el Consejo Nacional de Certificación en Medicina Veterinaria y Zootecnica AC, y diplomada en Bioética y en Educación. Poleth Reyes es pasante de Pedagogía en la Facultad de Filosofía y Letras y alumna del Diplomado en Bioética que imparte el Programa Universitario de Bioética, ambos de la UNAM. Asimismo, es activista en defensa de los animales y del medio ambiente.