blogeditor · 31 de mayo de 2016
El domingo pasado, el arquitecto Teodoro González de León cumplió 90 años. Un 29 de mayo de 1926 nació en la Ciudad de México. Estudió en la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). De 1942 a 1947 trabajó con Carlos Obregón Santacilia, Carlos Lazo Barreiro y Mario Pani Darqui. Participó en el anteproyecto de la Ciudad Universitaria de la UNAM con los arquitectos Armando Franco y Enrique del Moral.
A partir de 1947, trabajó 18 meses en el taller de Le Corbusier en Francia. Ahí colaboró como residente en la Unité d’Habitation de Marsella. Pensó en quedarse, pero al fin decidió regresar a México. En 1949 construye su primera casa. Durante décadas, trabaja de la mano con Abraham Zabludovsky (1924-2003). De ellos son algunos de los edificios emblemáticos de la arquitectura mexicana moderna. De ésta afirma que “no es un trabajo. Es una forma de vida. Igual que es una forma de vida leer o pintar. Esto no es un oficio”.
Sus obras más conocidas se caracterizan por el uso del concreto cincelado en enormes bloques minimalistas. Para él, el concreto “es una piedra maleable, que puede manipularse, y tiene una duración notable, aunque no supera a la de la piedra”. Sus trabajos se basan en la abstracción, la simpleza de la composición y la honestidad de los materiales, que están a la vista. Sus edificios se relacionan o hacen referencia a grandes ejemplos de la arquitectura prehispánica como Teotihuacán y Monte Albán.
De su obra y legado, arquitectos jóvenes como Tatiana Bilbao piensan que “es un referente por su contundencia formal y volumétrica, y continúa dejando una marca en el quehacer arquitectónico, así como en el espacio urbano”. Y para Mauricio Rocha, “es el abanderado de la arquitectura mexicana. Representa una manera de hacer una arquitectura muy digna respondiendo a las necesidades específicas de su época, con un discurso plástico propio, entre lo prehispánico y lo neocubista”. Fernanda Canales considera que “detrás de sus gestos rotundos y de sus formas representativas, se halla un profundo conocimiento del urbanismo, la historia, el arte, la funcionalidad y la modulación, y sobre todo, un interés permanente en el futuro”, y Miquel Adriá que “su arquitectura aúna modernidad y atemporalidad. Cada una de sus obras es un párrafo, un capítulo, una historia de un modo de hacer y entender la arquitectura”.
González de León piensa que “la arquitectura es un arte y está al servicio de la sociedad, no al servicio de la idolatría. Tenemos que cuidarla, para que no se convierta en otra cosa” y que ahora “el gran problema de la arquitectura está en cómo insertar un edificio en el contexto de la ciudad. Mi intención es siempre hacer una obra que irradie, que llame la atención, por ello es necesario conocer la urbe, en pocas palabras, vivirla”.
Sobre la vivienda dice que “una casa relata un poco de la biografía de sus habitantes, y no me refiero a la concepción volumétrica que hizo el arquitecto, hablo de quien vive la obra, de los rastros que vamos dejando en los espacios de la vida doméstica” y se lamenta que en los años 50 y 60 hizo muchas viviendas populares, pero “ahora nadie nos encarga eso porque ya no están en manos de arquitectos, sino de empresarios anónimos y eso está deformando nuestras ciudades”.
La ciudad afirma que “no la hacemos los arquitectos. La construye la sociedad entera. Esa es la única realidad. La ciudad retrata al ciudadano y éste retrata la ciudad que tenemos” y también que “la ciudad es azar, es contingencia, no es planeable. Efectivamente se puede dirigir a través de proyectos urbanos y planes estratégicos, pero no cabe duda de que su crecimiento es inminente. Pensar que se puede controlar es otra puntada”.
Sostiene que “la Ciudad de México es complejísima, sucia, corrupta, pero de una intensidad inigualable. Puedes visitar ciudades europeas bellísimas que son pequeños cementerios de calles vacías” y que “la Ciudad de México ha crecido dispareja y díscola, con ganas de significarse, pero sin ningún orden. La arquitectura de barrio ordenada se acabó” y que ningún gobierno de la ciudad ha impulsado verdaderas políticas de desarrollo urbano. Piensa que “iniciativas como el segundo piso del Periférico son simples puntadas, ocurrencias que responden sólo a plazos políticos”.
Su visión del Centro Histórico de la Ciudad de México es que “era el gran centro y eso tenía un valor social muy importante e intenso. La Ciudad Universitaria fue el principio del fin, en 1946, porque fue el inicio del éxodo. Los estudiantes se fueron, después las oficinas de gobierno, los comercios y el centro se entregó a los ambulantes. Hay algunas ideas en el Centro Histórico que creo pueden funcionar. Debemos tomar el ejemplo de Bogotá como referencia. Tienen en el Centro Histórico alrededor de 20 universidades y 30 colegios. Esto ha salvado al centro”.
Y que “la vida de la ciudad que nunca se queda estática; son peligrosos los conservadores del Centro Histórico que no quieren que éste cambie, hay que meterle vivienda nueva, se va a ver bien cuidando las reglas de altura. No importa que haya edificios modernos junto a los coloniales, es ir haciendo una ciudad compleja, pero interesante”. Piensa que se debe replantear el Zócalo y remodelarlo porque “creo que sigue siendo un espacio trabajable y diseñable”. Y sostiene “que pongan ahí una pista de patinaje o un museo, está muy bien, el problema es que lo instalaron bloqueando la vista de la Catedral. Ahí es cuando vemos que no hay una conciencia clara de lo que se hace. No hay respeto por los monumentos. Bloquear la vista es suicida. Creo que hay muchas maneras de convivir y trabajar, pero respetando las existentes”.
En su vida ha podido ver realizado muchos de sus proyectos. Algunas de sus obras más reconocidas son: Parque Tomas Garrido en Villahermosa, Tabasco; Centro Administrativo del Gobierno del Estado de Tabasco, Villahermosa, Tabasco; Colegio de México, Ciudad de México, en colaboración con Abraham Zabludovsky, ahora en proceso de ser declarado Monumento Artístico; Universidad Pedagógica Nacional (UPN), Ciudad de México, en colaboración con Abraham Zabludovsky; Edificio del INFONAVIT, Ciudad de México, en colaboración con Abraham Zabludovsky; Museo Rufino Tamayo, Ciudad de México, en colaboración con Abraham Zabludovsky; Fondo de Cultura Económica (FCE), Ciudad de México, en colaboración con Abraham Zabludovsky; Remodelación del Auditorio Nacional, Ciudad de México, en colaboración con Abraham Zabludovsky; Embajada de México, Berlín, Alemania, en colaboración con Abraham Zabludovsky y Antonio Serrano; Edificio Corporativo Arcos Bosques I y II, Ciudad de México, en colaboración con Antonio Serrano y Carlos Tejeda; Casa Ámsterdam, Ciudad de México, que es la suya; Remodelación del Centro Cultural Bella Época, Ciudad de México; Palacio de Justicia Federal, Ciudad de México; Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC), Ciudad de México; Complejo Reforma 222, Ciudad de México.
A lo largo de su vida profesional ha recibido múltiples reconocimientos y distinciones entre ellos: Académico Emérito de la Academia Nacional de Arquitectura; Premio Nacional de Ciencias y Artes; Miembro Honorario del American Institute of Architects; Miembro de número de la Academia de Artes de México; Gran Premio Latinoamericano en la Bienal de Arquitectura de Buenos Aires; Miembro de El Colegio Nacional; Gran Premio de la Academia Internacional de Arquitectura en la V y VII Bienal, Sofía, Bulgaria; Miembro de la Academia Internacional de Arquitectura; Gran Premio de la II Bienal Internacional de Arquitectura de Brasil; Doctor Honoris Causa por la Universidad Autónoma de México (UNAM); Doctor honoris causa por la Universidad Ricardo Palma de Lima, Perú; Premio a la trayectoria profesional en la V Bienal Iberoamericana de Arquitectura y Urbanismo, de Montevideo, Uruguay; Medalla de Oro de la Unión Internacional de Arquitectos (UIA).
Los edificios de González de León me impresionan por su sencillez y al mismo tiempo grandeza. Me gusta mucho el manejo de los volúmenes y de los espacios. Las construcciones siempre están en medio de un entorno que es parte de la obra que hace que éstas “respiren” y se vean en toda su dimensión. El diseño de cada edificio responde a una necesidad y también a la búsqueda de la identidad propia de ese espacio. Se vuelven edificios emblemáticos, pero no caen en la escenografía tremendista que impresiona. Hay una sólida concepción.
Si tengo que elegir seis obras me quedo con: Parque Tomas Garrido en Villahermosa, Tabasco; Colegio de México, Ciudad de México, en colaboración con Abraham Zabludovsky. Ahora en proceso de ser declarado Monumento Artístico; Museo Rufino Tamayo, Ciudad de México, en colaboración con Abraham Zabludovsky; Remodelación del Auditorio Nacional, Ciudad de México, en colaboración con Abraham Zabludovsky; Edificio Corporativo Arcos Bosques I y II y Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC), Ciudad de México.