Los 6000 pesos, los 6000 compromisos y las 6000 familias… ¿qué atrae más votos?

blogeditor · 16 de junio de 2011

Los 6000 pesos, los 6000 compromisos y las 6000 familias… ¿qué atrae más votos?

Mariana García*

Investigadora de México Evalúa

Gobernantes, candidatos y funcionarios públicos de todos los partidos están insertos desde hace varios meses en la dinámica electoral 2011-2012, algunos con pretensiones de triunfar en las elecciones locales que tendrán lugar este año y otros con aspiraciones más ambiciosas de llegar incluso a la presidencia de la República.

Las declaraciones y acciones de algunos de estos políticos en las últimas semanas nos hablan no sólo de sus promesas para mejorar al país desde el ámbito nacional o local, sino que funcionan perfectamente como un termómetro para medir la estrategia electoral de cada partido político y su particular concepción de cómo superar la enorme desigualdad y pobreza que aqueja al país. Un vistazo rápido a 3 políticos modelo (sino para el país, sí para sus partidos):

Ernesto Cordero, secretario de Hacienda federal, ha hecho algunas declaraciones que han sido muy cuestionadas por los ciudadanos y la comentocracia: una referente a la capacidad de muchas familias mexicanas para con $6000 pesos acceder a crédito para una vivienda y un auto, e incluso para enviar a sus hijos a escuelas privadas. Otra más, donde afirmaba que “el poder adquisitivo del salario mínimo está creciendo en México, es decir, lo que alcanza para comprar con un salario mínimo es más”. Fuera de lo desafortunadas que han sido estas declaraciones, es claro que la apuesta del PAN es comunicar a los mexicanos la idea de que hemos dejado de ser un país predominantemente de pobres, para convertirnos en un país clasemediero. Evidentemente, la promesa más poderosa del PAN para conservar el poder  en el 2012 es convencernos de que van a mantener al país por la ruta de la estabilidad económica.

Eruviel Ávila, candidato al gobierno del Estado de México y delfín de Peña Nieto, siguió los pasos de su antecesor y en un ejercicio de derroche electoral y éxtasis mediático ha firmado 6000 compromisos de campaña ante notario público (a diferencia de su antecesor quién firmara 600) que van desde un tren para conectar dos ciudades dentro del estado, útiles escolares gratuitos, apoyos a jóvenes para estudiar en el extranjero hasta algunos más particulares pactados directamente con los municipios. La crítica principal a esta estrategia es que,  entre un espectro tan amplio de compromisos, muchos no requieren necesariamente de una gran inversión por parte del estado o gran capacidad política de negociación por parte de gobernador, son simplemente decretos o cambios minimalistas. Eruviel, fiel imagen de su padrino político, manda la señal del PRI que esperamos ver compitiendo en 2011: uno aferrado fuertemente a la promesa de capacidad política y experiencia, pero por el lado pernicioso apegado fervientemente al autoritarismo y a la impunidad que reina entre los señores feudales de los estados.

Marcelo Ebrard, jefe de gobierno del DF, ha apostado con fuerza a la estrategia que históricamente ha generado réditos a los gobiernos perredistas en la Ciudad de México. Específicamente, el esquema de subsidios, apoyos y dádivas para los grupos más vulnerables. En un acto cuasi-proselitista, el jefe de gobierno capitalino entregó en febrero de este año viviendas a familias reubicadas, después de estar asentadas en zonas de alto riesgo. El programa de reubicación de viviendas espera beneficiar para 2012 alrededor de 6000 familias. Una de las declaraciones de Ebrard ese día fue la necesidad de lograr que “lo que es muy desigual hoy, empiece a ser más equilibrado, por eso somos de izquierda”.  Nuevamente podemos inferir el trasfondo ideológico de la apuesta perredista rumbo a 2012: avanzar hacia un México con menos desigualdades económicas y sociales entre la población y entre generaciones.

Cada una de estas propuestas partidistas posee un cierto halo de “buenas intenciones”. Sin embargo, el concederles el beneficio de la duda no nos exime de la obligación de hacer una verdadera evaluación y un balance de costos y beneficios para entender cuál estrategia nos llevaría decididamente por el camino más correcto hacia el crecimiento económico y la igualdad.

El problema de fondo, creo yo, no está en las intenciones de las propuestas, sino en su calidad e impacto. Lamentablemente, creo que muchas de ellas no pasan de ser meros ejercicios discursivos y propagandísticos, sin grandes implicaciones de largo plazo para cambiar las condiciones del país. Un ejercicio que resultaría sumamente interesante y valioso sería recuperar algunas de las propuestas de política pública enumeradas por numerosos centros de investigación, universidades y académicos. Estoy convencida que de ahí lograríamos sacar sin problemas las 6000 propuestas para transformar radicalmente a México.