Lolita

blogeditor · 4 de mayo de 2011

Lolita

Por: Marco Cancino, experto en Finanzas Públicas y Análisis Institucional de CIDAC A.C.

 

Jueves 29 de abril, 17:38 horas.

Recibo un mensaje al celular de Toño, mi contador: “Mano, vas atrasado, ¿te espero o me sigo con alguien más?”. “Espérame, ya no tardo, voy volando”, le contesté, “estoy atorado en el tráfico de Constituyentes, ya sabes cómo es esto”. Y no es que me guste hacer esperar a mi contador, quien me ayudaría a pagar mis impuestos y quien irremediablemente me recuerda a mi dentista y mi psicólogo –siempre me hacen llorar–, sino más bien, me había entretenido en tremenda discusión con la dueña de mis quincenas (de origen extranjero, por cierto), tratando de responderle varias preguntas que me hacía sorprendida, insistente, con ojos de plato y con su característico acento austriaco: “¿Pogqué en México se pagan tan pocos impuestos y son tan pocas las personas que lo hacen? ¿Pogqué se quejan tanto los mexicanos de que tienen que pagar impuestos? Si antes pagaban menos personas y menos impuestos, entonces  ¿De dónde diablos sacaba el dinero el gobierno para pagar sus gastos, proveer los servicios públicos, financiar los programas sociales, si casi nadie pagaba impuestos?

Todas esas preguntas me dieron vueltas durante la comida (y lo siguen haciendo) y consumieron gran parte de mi energía en explicarle a una mujer que había crecido en Europa Central –Austria– donde el Estado Benefactor todo lo puede –cobrar impuestos y dar seguridad social– “convence” sin mucho esfuerzo  a los ciudadanos y a los empresarios de que deben contribuir con parte de sus ganancias al funcionamiento del Estado. “Allá…”, me decía insistente, “todos pagamos impuestos sin problema, al menos la tercera parte de lo que ganamos y siempre ha sido así, ¿Pogqué en México a todos les cuesta tanto trabajo convencerse de que es importantísimo que paguen impuestos?”

Le explicaba que antes, el Gobierno cobraba pocos impuestos principalmente por cuestiones políticas y porque tenía mucho petróleo, lo que le permitía pagar el funcionamiento del país (casi como actualmente sucede con el Venezuela de Hugo Chávez), pero en la medida en que el petróleo se ha ido acabando, los ciudadanos y las empresas debemos empezar a pagar más impuestos para contribuir al gasto público. Le explicaba que por ejemplo, en el 2000 el equivalente al 8 por ciento del total de lo que produjo la economía del país (PIB) era lo que se pagaba de impuestos y en el 2010 ya fue un poquito más del 10 por ciento, eso significa que cada vez se están pagando más impuestos. Inclusive, más personas lo estamos haciendo. En el 2010 casi 39 millones de personas (personas físicas o ciudadanos y personas morales o empresas) pagaron impuestos, mientras que en el 2003 fueron menos de 14 millones los que lo hicieron.

Sin embargo, le expliqué, no es suficiente. Es muy importante que más personas y empresas paguen sus impuestos para que se pueda financiar la operación del gobierno –se den servicios públicos, programas sociales, seguridad– en el que creció su gasto 80 por ciento en los últimos 11 años, pasando de 1.86 billones de pesos en el 2000 a 3.34 billones de pesos para este 2011, todo esto, en un país en donde la capacidad de producción de toda su economía apenas creció 14 por ciento en ese mismo tiempo. De algún lugar tiene que salir el dinero, le expliqué, porque si bien actualmente 46 centavos de cada peso del total del gasto del Estado Mexicano viene del petróleo, en unos años, ese dinero ya no estará y será entonces que tanto los diputados, como el Gobierno Federal y los gobernadores deberán empezar a cobrar más impuestos aunque no lo quieran y sea políticamente “poco rentable”.

“Ya llegué Toño, estoy entrando al estacionamiento”. Le envié un mensaje a su celular. 5 minutos después ya estaba compareciendo ante “Lolita”. Dolió, pero creo que es necesario. Ahora, a exigir que ese dinero se gaste bien, que esa, es otra historia.