Georgina González Toussaint · 24 de febrero de 2011
Dichoso aquel que sabe, pero mas dichoso aquel que no sabe, que no sabe.
Hubo una época futbolera en que los seguidores, habitantes, jugadores, técnicos y medios de comunicación sólo consumían la liga local y creían que ésta era lo máximo que podían tener. Que si sus jugadores, equipos o técnicos no lo hacían mejor, era por que de veras ya no se podía.
Sus clásicos eran lo más grande, lo mas agradecible, aunque terminaran con un marcador de cero a cero. Que si un jugador entraba en una mala racha era por un mal fario, por una lesión o por un mal de amores, pero nunca por que no estuviera dándolo todo. En pocas palabras: no había referencia clara de que en algún otro futbolero mundo las cosas fueran mejores. Bueno…maticemos: se sabía que Brasil se cocía aparte, que eran tierras santas, y se tenía conciencia de que Europa estaba tan lejos, que aquel que lograba llegar, lo más seguro era que el “mal del Jamaicón” lo trajera de regreso.
Vino entonces la época de la conquista en nuestras futboleras tribus, la llegada de grandes extranjeros dio mas luz y sabor a nuestro fut, pero seguíamos viendo lejano lo de otros mundos balonpédicos (ándale con la palabrita ¿eh?). Sólo los mundiales nos permitían ver a los que estaban a la alza y en dominio del juego.
Pero el mundo cambió, se globalizó, se comercializó, se “interneteo” y esta a punto de irse a la “twiteada”. Lo que pasa en un lugar, en menos de 140 caracteres ya es del dominio público, y las tendencias, los eventos, los resultados, los chismes y mensajes están de web. Más aún, la televisión abierta abandonó su estado de vocera oficial de las cosas. Ahora, por menos de los multitwiteados y mentados seis mil pesos cierto porcentaje de la población seguirá sin casa propia, escuela privada y coche, pero sí con cable, teléfono e internet. De esta forma – y por relativamente poco esfuerzo tecnológico, económico y cibernético- una considerable afición ya puede estar al tanto de lo que se desarrolla, se ofrece y distingue a otras ligas, ¡grandes ligas!.
Ante semejante revelación caemos en que si habíamos estado agradeciendo lo poco que recibíamos es por dos cosas: o no teníamos ambición o no teníamos ni idea de lo que podíamos gozar.
En esta semana vimos pasar un clásico norteño de cero a cero, recibimos un desplante altanero y majadero de un jugador naturalizado, que para algunas cosas, en su pais natal es muy común decir lo que dijo y como lo dijo y para otras es tan mexicano, empático y meloso como un algodón de feria. Recibimos la CONCACHAMPIONS -que mezclar esos dos nombres es como ponerle mermelada de fresa al pozole- con juegos donde los equipos se eternizan y se pierden en toque laterales. Y asi en la espera de que el América levante con Toluca, que también debe reponerse, de que Chivas se despache a un equipo que en seis fechas no gana, en ese inter aparece la CHAMPIONS que también genera empates a cero, pero que no se sienten tan dolorosos ni “limosneados” como los de nuestras tierras porque son verticales, intensos, ofensivos y dinámicos. Porque en la CHAMPIONS no juegan a hacer tiempo, a lanzarse clavados, a fingir y exagerar faltas.
Hoy ya el público “no se come” cualquier cosa, está consciente de que ningún mal fario o mal de amores impide a quien tiene voluntad, talento, entrega y respeto por el juego brindarse más y mejor. Que los nuestros han desafiado el “mal del Jamaicón” pero que no pueden abandonar su línea de confort. Hoy la afición se da cuenta de que hay ligas en donde el futbol da mucho y de que nuestros jugadores y técnicos no deberían darnos tan poco y aunque Brasil sigue siendo tierra sagrada, hoy tiene referencias, parámetros. Hoy el que no sabía que no sabía ya sabe y sufre. ¿Y los futbolistas? ¡los saben, lo saben!