blogeditor · 31 de diciembre de 2016
Me preguntaba qué escribir para este cierre de año. Después de un largo silencio, me ha costado trabajo retomar este diálogo con el teclado y con la pantalla. Temas para escribir sobran.
¿Debería reflexionar sobre Brexit, el proceso de paz en Colombia, la nostalgia de Putin por la Guerra Fría, los atentados en París, Alemania, el lamentable triunfo de Trump, el resurgimiento del neofascismo en el mundo (ahora denominado nuevo conservadurismo populista), el alza de la gasolina, la amenaza al comercio internacional, el terrorismo proteccionista que se asoma por diversos rincones, la imparable violencia de género, el crecimiento de noticias falsas, la saturación informativa, la ruptura entre lo público y lo privado en Facebook y demás redes sociales, la violenta narrativa de lo cotidiano a la que todas y todos contribuimos, el eterno gatopardismo de nuestra cultura política, las muertes de nuestros ídolos de juventud y de los famosos que nos han dejado boquiabiertos y con los ojos llenos de lágrimas, sobre el premio Nobel de Literatura? ¿Debería simplemente refugiarme de nuevo en el silencio?
Decidí que no, y volví a rescatar al siempre presente T.S Eliot con una de las muchas citas que nos ha dejado y que nunca pierden vigencia: “Lo que llamamos el principio a menudo es el final. Y hacer el final es hacer el comienzo. El final es de donde partimos”.
Si bien cerramos un año de violencia, incertidumbre, sorpresas, desajustes y preguntas, sobre todo preguntas, lo hemos hecho con una coincidencia que vale la pena resaltar: la celebración de Hanukkah y la Navidad al mismo tiempo. Independientemente del credo y creencias de cada persona, el significado que cada celebración encierra es digno de recordar.
No me detendré a explicar las particularidades históricas, políticas y religiosas de cada celebración. Simplemente quiero retomar la idea de que inclusive en contextos adversos, hay realidades qué celebrar y agradecer. Me parece simbólico que Hanukkah también sea conocida como la Ceremonia de las Luces. Si algo necesita el mundo hoy es Luz, con mayúscula. La Navidad es, por otro lado, una ceremonia que apela al amor y a la paz, o debería decir Amor y Paz.
No se trata de ser apologista del entusiasmo ni de cerrar los ojos a lo que ocurre. Es imposible hacerlo, pero tampoco se puede negar que frente a esa realidad que nos tiene inquietos –por decir lo menos. Existe también otra realidad que busca encontrar respuesta en la no violencia, en la paz y en el amor. Hoy más que nunca me parece importante, necesario y urgente darle cabida a esa realidad en este mundo. Ya le apostamos a la violencia y a la intolerancia ¿y si experimentamos hacer algo distinto, por el simple hecho de buscar una respuesta diferente?
Por eso me gustó la cita de T.S. Eliot. Hacer el final es hacer el comienzo. El final de este 2016 cierra con esa coincidencia y simultaneidad de celebraciones en religiones y credos distintos. Si al final de este año coexistieron simbólicamente la luz, el amor y la paz, ¿no podría ser también el inicio del 2017?
Lo dejo aquí como reflexión y con un saco de buenos deseos para todas y todos en el 2017. El contexto en el que viviremos ya lo conocemos, depende de lo que decidamos es cómo lo vamos a transitar.
Nos vemos el próximo año.