Redacción Animal Político · 30 de septiembre de 2025
El 22 de septiembre de 2025, el presidente de Colombia, Gustavo Petro, pronunció un discurso contundente en el Panel Climático de la ONU, en el cual denunció las conexiones entre las crisis que amenazan la vida en el planeta. Petro afirmó: “La política de drogas está ligada al genocidio en Gaza, está ligada a la nueva política de migración y está ligada al fracaso actual de la crisis climática. No podemos desencadenar los hechos sino saberlos interpretar”. En un mundo donde los intereses económicos prevalecen sobre el bien colectivo, Petro señaló una verdad incómoda: “no hay una guerra contra los narcotraficantes, porque esos viven en esta ciudad, viven en Miami, viven en Dubái, en París, en Madrid, donde hay lujo, no donde hay pobreza”.
Lo dicho por Petro, vincula al necrocapitalismo 1 con las crisis globales, y nos obliga a reflexionar sobre el rumbo que lleva la humanidad.
Petro advirtió que, si no “cambiamos de curso”, lo que sigue es la extinción. En diez años, la crisis climática podría alcanzar un punto de no retorno, especialmente si se continúa dependiendo de combustibles fósiles. Petro fue claro: no existe un “capitalismo verde” capaz de revertir esta catástrofe. La lógica del mercado, que privilegia la acumulación de riqueza sobre la supervivencia del planeta, está provocando nuestra extinción.
Las energías limpias son una alternativa viable, pero como no generan las mismas ganancias que el petróleo o el carbón, los países no las utilizan. Sin acciones reales globales que frenen esta codicia, la transición hacia energías renovables seguirá siendo una promesa vacía.
Esta misma lógica de lucro se replica en la fallida “guerra contra las drogas”. Regular las drogas y reducir los daños que causan no es tan rentable como mantener el status quo. La legalización de las drogas, que podría salvar vidas y desmantelar el poder de los cárteles, no les interesa a quienes se benefician del mercado clandestino.
Como señaló Petro, los verdaderos narcotraficantes acumulan fortunas en las capitales del lujo y no son tocados por las balas ni los misiles. En cambio, los menos importantes de la cadena son quienes pagan el precio con encarcelamientos y violencia. Esta guerra está llenando los bolsillos de los militares, traficantes y los poderes económicos que prosperan en la ilegalidad.
No debemos dejar pasar que este necrocapitalismo también se manifiesta en la guerra en Gaza. Mientras los discursos de países como EUA, Israel y en su momento la Unión Europea, justifican los bombardeos como medidas de “seguridad”, Petro los vinculó a un sistema que privilegia el control y la dominación sobre la vida humana. El genocidio en Gaza es un reflejo del mismo poder que ignora el sufrimiento humano, sosteniéndose en la codicia de quienes controlan los recursos y las armas.
Los países no previenen los delitos porque su negocio está en castigar. La prevención requiere inversión en educación, salud y eliminar la desigualdad, pero el castigo alimenta industrias lucrativas como las militares, las cárceles y los mercados clandestinos. Castigar es más rentable que abordar las raíces de estos problemas.
La guerra contra las drogas ha generado una guerra en América Latina, con miles de personas asesinadas y desaparecidas, mientras los principales beneficiarios del narcotráfico [políticos y capos] son intocables.
El necrocapitalismo, con su obsesión por las ganancias a costa de la vida, nos está empujando hacia la extinción. La solución no está en los paliativos como el “capitalismo verde”. Necesitamos una revolución global, tal como dijo Petro: “Tenemos diez años para cambiar el mundo, no hay otra opción que una revolución de los pueblos en Europa, en Estados Unidos, en América Latina, en África y en el mundo árabe”.
Esta revolución deberá priorizar la vida sobre el mercado, impulsar las energías limpias, legalizar y regular las drogas para desmantelar su mercado, y prevenir los delitos en lugar de lucrar con el castigo. Solo así podremos detener la marcha hacia la extinción y construir un futuro donde el bien colectivo triunfe sobre los intereses del capitalismo.
1 Es un concepto que alude a la existencia, dentro del sistema capitalista de formas de economía criminal, fenómenos de delincuencia organizada y narcotráfico, entre otros, que son sumamente rentables a pesar de originarse en contextos de alta marginalidad social.