Lo que Peña Nieto quiso decir

blogeditor · 24 de junio de 2013

Lo que Peña Nieto quiso decir

Por: Eduardo Tadeo Hernández (@lalotadeo)

Las declaraciones del presidente Enrique Peña Nieto en el marco de su visita al Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte (RUGBIN) resultaron ser gotas de acíbar para la izquierda mexicana y objeto de reflexión para especialistas, mostrando que un consenso en el tema del petróleo está lejos de existir a nivel doméstico. Aparte del asunto central, la reforma energética, lo cierto es que el caso da para analizar otros aspectos de la forma de hacer política exterior de nuestro ejecutivo federal.

El 18 de junio, la sección de prensa de la Presidencia de la República anunciaba, con cierta presunción, sobre la participación del presidente de México en la Cumbre del G8 a celebrarse en Irlanda del Norte: “El Presidente Enrique Peña Nieto es el único líder de América Latina y el Caribe invitado a esta Cumbre del G8”. El mensaje parecía dirigido a un actor sudamericano que recientemente ganó el puesto más importante en la Organización Mundial del Comercio. Sin duda, una forma inteligente de expresar las cosas, pero si se quiere ser una “pieza angular para consolidar la estabilidad y prosperidad en la región -América Latina-”, como se expresa en el Plan Nacional de  Desarrollo (PND), se debería tener cuidado con la retórica.

A propósito del PND 2013-2018, esta experiencia en RUGBIN que llamaré “efectos de la diplomacia pública mexicana a la hora del té”, sirve para evaluar dos de los pilares de la estrategia del gobierno de Peña Nieto, específicamente sobre la reforma energética y la política exterior. Por un lado, tenemos la estrategia del México Próspero, la cual textualmente expresa: “la capacidad del Estado Mexicano para detonar nuevos proyectos de inversión en campos no convencionales, como los de aguas profundas y los de lutita (shale, por su nombre en inglés), ha sido limitada y por tanto se requiere un nuevo marco institucional que permita al Estado aumentar su capacidad para producir energía más barata y de manera más eficiente, a fin de asegurar el abasto para la economía”. Por otro, la estrategia México con Responsabilidad Global asevera que la política exterior “es la dimensión internacional de la estrategia de gobierno. El diálogo y la cooperación con otros países, tanto en el ámbito bilateral como el multilateral, son herramientas insustituibles para la consecución de las grandes Metas Nacionales”.

Si la política exterior sirve para la consecución de las metas nacionales, la promoción de la inversión extranjera en sectores energéticos en México sería una forma de conciliar las relaciones económicas internacionales del país con las necesidades específicas de Petróleos Mexicanos (PEMEX). Hasta aquí, parece no haber demasiado problema en cuanto a la congruencia entre aquello especificado en el Plan de Desarrollo Nacional y las acciones de Peña Nieto en su visita  a RUGBIN. En donde encuentro el problema, y aquí cito a Leo Zuckermann, es en lo siguiente: “Entiendo que el gobierno no quiera hablar en la prensa nacional sobre la reforma energética para no alborotar al gallinero. Lo que no comprendo es que sí lo haga en medios extranjeros como si los mexicanos no tuviéramos acceso a ellos. En fin, es su derecho”.

Claro, el problema es la manera en la cual Enrique Peña Nieto expone las ideas sobre la reforma energética, como si fuera un debate concluido. Cuando el presidente emitió su discurso en Chatham House, casa del Real Instituto de Asuntos Internacionales, argumentó que hay un gran consenso y, además, tiene el apoyo de ciudadanos especialistas y organizaciones de la sociedad civil para materializar las reformas que México necesita. Estas declaraciones frente a la lectura de Zuckermann sobre la forma en la cual Peña Nieto busca lograr la reforma energética en México causan confusión. Reflexiona el analista: “si entiendo bien, entonces la reforma energética no va a transitar por la ruta del Pacto por México, sino por un acuerdo entre el PRI y el PAN”.

La lectura parece correcta. El problema radica en que el presidente presente la idea de un consenso nacional en el tema energético cuando en realidad es todavía inexistente. El mandatario mexicano mencionó en Chatham House: “en los siguientes meses, los integrantes del Pacto por México hemos acordado concretar otras transformaciones que aún están pendientes: la Reforma Energética, la Reforma Hacendaria y la Reforma Política”. Aquí si hay una incongruencia entre la realidad doméstica y los ofrecimientos de México en el exterior. Si Peña Nieto hubiera dejado en este nivel general el  asunto del petróleo, no hubiera habido tanta revuelta, pero al comentar en The Financial Times que la reforma energética incluiría “los cambios constitucionales necesarios para otorgar certidumbre a los inversionistas privados” ocasionó el descontento de la izquierda mexicana.

Hoy tenemos tanto a MORENA como al PRD respondiendo de manera alarmante a las declaraciones presidenciales. La primera entidad ya está “en alerta roja por la entrega del petróleo a extranjeros”, mientras la segunda instancia, en voz de su líder Jesús Zambrano, ha expresado que “de ninguna manera se ha puesto sobre la mesa” el tema de la reforma constitucional para la participación de empresas privadas en áreas estratégicas. A estas declaraciones se suman las acciones de Marcelo Ebrard, quien envió una carta a Enrique Peña Nieto mediante la cual pide al presidente llevar a cabo un debate este martes 25 de junio a fin de discutir sobre la reforma de PEMEX. Esto sucede en una coyuntura en donde diversas personalidades del partido del sol azteca pretenden ser la voz principal de dicha entidad.

Mientras nuestros actores políticos se cuestionan y condenan las acciones del presidente, la forma de hacer política exterior por parte de Peña Nieto me recuerda un famoso artículo del académico estadounidense Robert D. Putman, diplomacy and domesticpolitics: thelogic of two-levelgames (International Organization 42 (3):1988) en donde analiza la relación entre la política doméstica y las relaciones internacionales, enfatizando que el negociador (nuestro mandatario, en este caso) podría realizar alguna acción en el plano nacional o internacional a fin de provocar ciertas reacciones en el otro plano. En esta lógica, habría que preguntarse los motivos del ejecutivo federal para hablar en una cumbre internacional de las ocho economías más importantes en  el mundo, en un centro de investigación prestigioso, con empresarios y ante periódicos extranjeros sobre la reforma energética y los hidrocarburos: ¿busca argumentar ante la sociedad y los actores políticos en México sobre la necesidad de convertir al país en líder y detonar su posición como potencia media? ¿Es una forma de obtener ventaja antes de que inicien las negociaciones formales sobre reforma energética en México? ¿Es una provocación estratégica a los grupos de la izquierda mexicana? O quizá ¿es una falla por parte de los asesores presidenciales, quienes no consideraron las consecuencias de las declaraciones a nivel nacional? Siendo honesto, dudo del último escenario.

Finalmente, tendremos que esperar hasta que inicien las negociaciones en el marco del Pacto por México o entre el PAN y el PRI para analizar los alcances de esta medida estratégica de la política exterior de Peña Nieto en la reforma energética, en lo general, y respecto a PEMEX y el petróleo mexicano, en lo particular. Por el momento, es claro que los acontecimientos fuera de las fronteras del territorio nacional sí trascienden dentro de éste. Así funciona la política en el siglo XXI, en medio de intensos procesos de globalización.

 

* Eduardo Tadeo Hernández estudió Relaciones Internacionales en la UPAEP y es candidato a Maestro en Estudios de Asia y África, especialidad en Corea, por el Colegio de México. Si tuviera que elegir tres etiquetas profesionales tendrían que ser internacionalista, coreanista y activista. La primera por formación, la segunda por decisión y la tercera por pasión de vida.