Lo que las “devoluciones en caliente” dicen de nosotros

blogeditor · 15 de febrero de 2021

Lo que las “devoluciones en caliente” dicen de nosotros

Las llamadas “devoluciones en caliente” o pushbacks no son algo nuevo en el mundo. La devolución inmediata y automática de personas migrantes que cruzan una frontera es, por desgracia, una práctica que viene de varios años atrás y que recientemente ha adquirido mayor visibilidad gracias al trabajo de documentación realizado por activistas y organismos internacionales en fronteras terrestres y marítimas.

Estas prácticas son reprobables por distintos motivos, sin embargo, el problema principal de éstas es que no atienden a las necesidades particulares que tienen las personas migrantes y refugiadas que cruzan una frontera. Cuando un grupo de migrantes es expulsado de un país sin antes analizar la situación particular de cada uno de ellos, se violan una serie de preceptos de derecho internacional, tales como la prohibición de expulsiones colectivas, así como el derecho de acceso a la justicia, de defensa efectiva y al debido proceso. Lamentablemente, a pesar de la manifiesta ilegalidad e inconvencionalidad de estas prácticas, éstas son llevadas a cabo por distintos Estados con total impunidad.

El pushback es un método deleznable que refleja con suma claridad la concepción que un país tiene de las personas migrantes. Las devoluciones en caliente ejemplifican perfectamente la deshumanización del otro, pues cuando un grupo de individuos cruza una frontera, no se ve a decenas de seres humanos con historias propias y necesidades específicas. Lo que se ve es un grupo homogéneo que solo posee dos características: la de extranjero y la de invasor. Y es así que cuando una persona intenta ingresar a territorio nacional, se la expulsa de forma automática sin mayor consideración o duda acerca de si tenía derecho a entrar o no al país, o sobre los motivos por los que deseaba hacerlo.

Un grupo al cual afecta de manera más profunda este tipo de prácticas es el de las personas refugiadas. Esto, en tanto que éstas son expulsadas de un territorio sin que se les permita siquiera expresar su necesidad de recibir protección internacional. Cuando un solicitante de asilo es “devuelto en caliente” a su país de origen, se le coloca en enorme riesgo de sufrir daños irreparables pues se le está devolviendo al lugar del cual tuvo que huir porque su vida corría riesgo mortal. De allí la gravedad de que no se analice caso por caso la pertinencia de aceptar o rechazar en territorio nacional a una persona extranjera.

Año tras año podemos comprobar que, sin importar cuántas devoluciones en caliente se hagan, sin importar cuántas personas sean retornadas a sus países de origen, eso no consigue desincentivar futuros flujos migratorios. La violencia en las fronteras jamás será un método efectivo ni duradero para frenar la migración irregular, pues las causas que obligan a la gente a huir de sus países permanecen inmutables ante prácticas como los pushbacks.

Insistir en utilizar la fuerza para detener la migración no solo es una política ineficiente, sino un acto profundamente cruel, pues ignora las razones que obligaron a las personas a huir de sus países y les recibe con violencia adicional a la que ha sufrido en el camino. ¿Y qué dice de nosotros, como país, que expulsemos a personas que solo buscan vivir vidas dignas y seguras? ¿Qué dice de México que tratemos a los foráneos con el mismo desprecio con el que en Estados Unidos se trata a nuestros connacionales y del que tanto nos dolemos? ¿Qué dice de nosotros que nuestra respuesta frente a la vulnerabilidad de otro ser humano no sea la solidaridad sino la violencia?

@CMDPDH