Redacción Animal Político · 21 de diciembre de 2018
Por Fátima Gamboa (@_FatimaEk) y Giovanna Salazar (@giovanna_sal)
Es bien sabido que el Poder Judicial está en crisis ¿pero qué clase de crisis? ¿es acaso una cuestión exclusivamente de privilegios y nepotismo, tal como lo indica AMLO? ¿o se trata, más bien, de un “choque entre poderes” en el que la independencia judicial y autonomía está en riesgo, como lo señalan algunos juristas?
Desde Equis Justicia para las Mujeres, hemos detectado que el problema es mucho más complejo y trasciende estas dos posturas maniqueas. El problema involucra a los 32 poderes judiciales del país que, hasta ahora, no han cumplido cabalmente con su mandato constitucional de garantizar los derechos humanos a través de la impartición de justicia y, por ende, han hecho que la justicia en México continúe siendo una ilusión para la ciudadanía.
En este sentido, identificamos varios problemas de fondo, los cuales urge que se atiendan si queremos garantizar el acceso a la justicia para todas y todos, a saber:
Desde 2015, hemos documentado que los Poderes Judiciales locales incurren de manera sistemática en actos de discriminación y violencia institucional. Específicamente, hemos encontrado evidencia de violaciones a derechos humanos de las mujeres plasmados en sentencias discriminatorias y machistas.
Aquí una pequeña muestra de los muchos casos en los que los estereotipos, prejuicios y sesgos de las personas juzgadoras han resultado en resoluciones injustas:
Caso 1. Berenice fue detenida con base en su apariencia física y condenada a 14 años de prisión por el delito de robo agravado, en su sentencia el juez se refirió a ella en todo momento como “Berenice, la que parece hombre” basando sus argumentos en estereotipos de género.
Caso 2. Lety es una mujer indígena con discapacidad intelectual víctima de una doble violación por parte del mismo agresor sexual, el juez en su resolución la llamó “retrasada mental” y argumentó que “por no poder decidir sobre su cuerpo y sexualidad, discernir entre lo malo y lo bueno, se dejó copular”.
Caso 3. Adela sufría una agresión sexual por parte de su cuñado, quien estaba armado con una pistola, cuando su esposo intentó defenderla, él privó de la vida al agresor. Sin embargo, ella fue sentenciada a 20 años de prisión por “no haber hecho lo suficiente para impedir que su esposo matara a su agresor sexual”.
Derivado de un análisis de 110 sentencias de 8 entidades federativas del país (1), detectamos lo siguiente:
Lo anterior nos habla de Poderes Judiciales que están enfocados más en resolver procesos, que en proteger y garantizar los derechos humanos. Además de sumamente burocrático, este Poder se ha convertido en un órgano administrativo, formalista y meramente procesal, pero no de garantías.
El Poder Judicial ha invertido una enorme cantidad de recursos económicos y humanos para capacitar a su personal en materia de derechos humanos y género (3) (esta ha sido una de las más grandes apuestas del Estado para incorporar la perspectiva de género en el trabajo de las instituciones de justicia).
Desafortunadamente, tras realizar un ejercicio de análisis de solicitudes de acceso a la información, nos percatamos que estas capacitaciones regularmente son breves, abordan temáticas de forma general y superficial, y carecen de mecanismos de seguimiento y evaluación del impacto que, efectivamente, estos procesos de formación tienen en el trabajo jurisdiccional. Más aún, muchas veces quien asiste es el personal administrativo y no el jurisdiccional.
Ahora bien, si pensamos en que el sentido de invertir en capacitaciones del poder judicial debiese ser que la impartición de justicia mejore ¿cómo podemos verificar que esto esté ocurriendo? Lo cual nos lleva al siguiente punto.
Los Poderes Judiciales se caracterizan por su escasa transparencia en la publicación de sus sentencias, nadie -aparte de las personas justiciables y las litigantes- sabe cómo se resuelven los asuntos. Compartimos algunos datos que revela nuestro análisis sobre transparencia en el Poder Judicial:
En un contexto de opacidad judicial, la ciudadanía no puede conocer, vigilar y evaluar el trabajo de los poderes judiciales; no se pueden detectar actos de corrupción, discriminación e impunidad, ni tomar medidas para erradicarlos. En general, si no tenemos acceso libre a las sentencias, difícilmente podemos hablar de justicia.
Existe un desconocimiento generalizado en torno al trabajo jurisdiccional y, en consecuencia, una marcada desconfianza ante su labor, precisamente, por la escasa transparencia y falta de mecanismos de rendición de cuentas y de participación ciudadana, que caracteriza a los poderes judiciales del país.
Frente al argumento falaz de que, mientras más alejado de la sociedad se mantenga un Poder es más imparcial, nosotras reviramos: un poder que no mira a nadie más que a sí mismo, es un poder sordo y ciego a las exigencias sociales, incapaz de renovarse. Resulta inaceptable que la independencia y la autonomía judicial se utilicen para justificar esta lejanía.
Dado que Poder Judicial no es un poder electo directamente por la ciudadanía, es preciso que se legitime a través de la transparencia y rendición de cuentas, de cara a la sociedad. Si esta no se siente representada, incluida y protegida por el trabajo del Poder Judicial, es mucho más probable que la independencia y autonomía judicial peligren ante posibles injerencias externas (tal como lo estamos viendo en la actualidad).
De ahí la urgencia de ciudadanizar al Poder Judicial, lo cual implica que dicho poder se abra al escrutinio público, transparente sus sentencias, imparta justicia sin discriminación y con apego a los derechos humanos. Ciudadanizar la justicia implica acercar de manera idónea toda aquella información relevante; que la ciudadanía pueda saber y ejercer sus derechos y establecer canales de diálogo y colaboración permanentes con sociedad civil. Ello con objeto de que la transformación de los poderes judiciales sea sensible e incluyente pero, sobre todo, para que responda a las exigencias de igualdad y justicia.
Ciudadanizar es legitimar y fortalecer a los poderes judiciales y, con ello, el acceso a la justicia de todas las personas.
* Fátima Gamboa es coordinadora del área legal de la organización @EquisJusticia, Giovanna Salazar es coordinadora de comunicación de la misma organización.
1 Dicho análisis corre a cargo de la Red por la Ciudadanización de la Justicia, y está próximo a publicarse.
2 Estudio próximo a publicarse.
3 Cfr. Instituto Nacional de Estadística y Geografía, Encuesta de Victimización y Percepción Sobre Seguridad Pública 2016, disponible aquí.
4 Únicamente dos poderes judiciales cuentan con mecanismos de participación con actores de la sociedad civil, academia y sectores empresariales.