Lo que aprendí con la marcha contra el acoso

blogeditor · 6 de mayo de 2016

Lo que aprendí con la marcha contra el acoso

la violencia contra la mujer no es normal

Por: Alejandra González (@LaLore04)

 

“…. Porque un piropo callejero se me fue cuando te vi, me crees corriente. No te da gusto que tu andar despierte en mí… mi amor arrrrrrrrrrrrrrdiente”

Fracción de la canción Esperanza, de Fernando Delgadillo.

 

(La historia de esa canción haría tal vez que el autor se deslindara del hecho que yo hoy la use para abordar el tema, pero eso -diría la Nana Goya- es otra historia).

 

El pasado 24 de abril participé con todo el entusiasmo y felicidad del mundo en la marcha #VivasNosQueremos. Pocas cosas me entusiasman en la vida y ésta, en verdad, hizo que llamara a mis amigos (sabiendo que estaban crudos) a las nueve de la mañana para confirmar su asistencia.

No voy a gastar más tinta de la mucha que se ha hecho en la marcha y la postmarcha. Quiero hablar de algo que descubrí antes de la marcha.

Y es que el activismo en redes bajo el hashtag #miPrimerAcoso logró algo valiosísimo: hablar, compartir, conversar con el compañero de trabajo, con el familiar, con el amigo, con el novio, con el recién conocido; en la oficina, con la familia, en la sobremesa del restaurante… algo de lo que no se habla: lo que como mujeres vivimos todos y cada uno de los días más de una vez al día: el acoso callejero.

Al hacer algo tan sencillo como hablar, esto fue lo que aprendí:

Primer mazazo de realidad: las mujeres ya tomamos como algo normal que nos digan cosas en la calle. No es algo de lo que lleguemos a platicar con los demás. Lo asumimos como nuestra cotidianidad. No nos sacude. A menos que nos toquen, nos levanten la falda. Cuando llega al contacto físico, tal vez como estrategia catártica lo platicamos. Pero si nos pegan el pito en el metro, como pasa tan seguido, ya ni siquiera lo consideramos digno de mencionarse. Y eso es tremendo. Nos hemos resignado a que esa es nuestra realidad. Entonces, hemos encontrado la estrategia: cubrirnos el cuerpo, usar ropa floja, maquillaje discreto para “no provocar”.

Miles de mujeres todos los días desde hace años, desde que nuestros cuerpos comienzan el desarrollo y alguien en la calle, en el camión, en la escuela, en la casa, en el metro nos tocó sin nuestro consentimiento, nos dijo que le poníamos la verga dura o alguna otra marranada, aprendimos que íbamos a vivir con eso. Con miedo. Y que teníamos que cuidarnos.

El primer mazazo de realidad es que yo soy parte del problema porque asumo que es normal. Lo asumí a los 12 años cuando tuve que correr de un tipo que, estoy segura, me quería violar. Lo aprendí cuando mi propia madre me decía que no me pusiera short para no andar provocando que me dijeran cosas en la calle. Ella también lo había aprendido, sabrá hace cuántos años atrás.

Cubetazo de agua fría número dos: “¿me estás diciendo que si vas por la calle y yo sueno el claxon de mi coche te molesta? Pues entonces ¿para qué salen a la calle?” Gabriel, arquitecto, 41 años.

El mazazo uno me dio el revés y éste le sumó otro. Como las mujeres no lo hablamos, ellos ni idea tienen que está mal. Y no, no estoy justificando a las criaturitas inocentes del señor llamadas hombres. Estoy compartiendo la realidad que se desplegó ante mis ojos.

Toda la semana antes de la marcha, yo no podía hablar de otra cosa. Literal. Creo que en Tuiter hasta onfolou me dieron. Pues en el tête-à-tête la gente de mi oficina, amigos y conocidos ya me alucinaban. Aquí una bonita compilación de respuestas al “el domingo voy a ir a una marcha contra la violencia machista, el acoso en la calle…”

-“O sea ¿les molesta que uno las vea en la calle? Pero si la vista es natural, o sea… yo no lo hago por acosar…” Pedro, empleado de Logística, 32 años.

-“O sea que si alguien te dice “hola” o “qué guapa” ¿tú te sientes insultada? Esos no son insultos. A lo mejor el tipo te quiere conocer, no necesariamente violar”. Antonio, académico, 43 años.

-“Qué exageración. O sea, si uno les dice buenos días o algo es porque son bonitas. Luego ahí andan llorando porque nadie les hace caso, jajajaja”. José, director de Arte, 32 años.

“En México la situación de la mujer no es mala. O sea… no está tan mal…” Arjun, empresario indoamericano, 38 años.

Y cada vez que me topaba con un comentario del estilo, era como revivir la rabia, la impotencia, el coraje que todas las mujeres sentimos cada vez que esto sucede. Cito edades y ocupaciones para mostrar que este problema no es exclusivo de trabajadores de la construcción, eh. No es un tema de clase. Es lo que hemos aprendido y vivimos día a día.

Tercer madrazo: ellos no tienen idea. No les pasa. No saben lo que es RECIBIR un “piropo”. Aprendieron hace quién sabe cuántos años que está bien, que es natural y que es una forma de mostrar agrado o sabrá Dios qué; dejar escapar sus pensamientos. Expresar las reacciones que generamos en ellos. Pero NUNCA han sido el objeto de CONSTANTE Y COTIDIANO ACOSO. Y no sólo es la frecuencia, es el hecho que proviene de un ser que te gana en fuerza y que si decide que su impulso no se va a quedar en decirte “cómo lo pones”, puede decidir “hacerte sentir cómo lo pones”. Y violarte. Y golpearte.

Cuando lo compartí, hubo a quienes de plano dejé hablando solos. De loca feminazi no me bajaban y yo… pues ya bajé dos gramos de la preocupación u_u.

Hubo otra respuesta. Escuché más de una vez “es que explícame, quiero aprender”. Y esos hombres se sentían avergonzados. Y hubo solidaridad. Cuando le dices: es que a ti se te escapa decirme “hola” (por decir lo menos). Pero a otros 10 más también. Y ninguno de ustedes sabe si soy casada, lesbiana, estoy en año de celibato o me gustan los animales. No lo hacen porque quieran algo conmigo. Ninguna relación sale de saludar en la calle, no se engañen. Si no, no existiría Tinder. Lo hacen porque pueden. Y yo me quedo con las 10 veces que mi libre tránsito por la vida se vio interrumpido porque tú asumes que a mí me da gusto “que mi andar despierte en ti… tu amor ardiente”.

Descubrí que el diálogo no sobra. Que compartir mis emociones sobre cómo me siento ante el acoso genera una reacción. No todas son positivas, pero el hacer conciencia del tema crucial contribuye a mejorar la situación que como sociedad vivimos. Es un tema de mujeres pidiendo, demandando, exigiendo, explicando, compartiendo. De hombres escuchando, revirando, cambiando. Un tema de autoridades mexicanas persiguiendo, capacitando a los MP, a los jueces. Es un tema de qué estamos enseñando a las nuevas generaciones.

Me despido compartiendo mi grito favorito de la marcha:

Sí se puede / si una mujer avanza / ningún hombre retrocede”.