Lo bueno, lo malo y lo feo de los debates

Centro de Análisis de Políticas Públicas · 10 de mayo de 2012

Lo bueno, lo malo y lo feo de los debates

Por: Mariana García, Investigadora de México Evalúa

Existen bondades en los debates electorales presentes en México que nos hacen pensar que estamos transitando a modelos de apertura y deliberación similares a los de democracias más consolidadas; aunque persisten, por otro lado, defectos y fallas que dan cuenta de la precariedad del formato actual.

A continuación enlisto algunos ejemplos de diferentes fortalezas y debilidades percibidas en nuestro modelo actual de debates electorales:

Lo bueno

•    Hemos recorrido un largo camino desde aquellos debates presidenciales acartonados y poco frescos del año 1994, en los que difícilmente se contrastaban propuestas y agendas de trabajo. Si bien los debates todavía tocan lugares comunes, la producción del último debate permitió observar en igualdad de condiciones a los contrincantes y, aunque de manera limitada, un contraste de su capacidad argumentativa en un ambiente más espontáneo y menos protegido que el que suelen proyectar en sus spots.


Debate entre los candidatos presidenciales en 1994

•    Este debate presidencial 2012 es el primero donde se emplea como referencia el trabajo realizado por centros de investigación independiente y organizaciones civiles nacionales para cuestionar a los otros contendientes. Las menciones al trabajo realizado por instituciones como el IMCO y Transparencia Mexicana marcan una diferencia cualitativa en el nivel de los debates sostenidos en el país. Celebro que los candidatos hagan uso del trabajo generado desde estos centros apartidistas para evaluar la labor de gobierno e informar al ciudadano.

•    Cabe celebrar el formato para el debate propuesto por el periódico Reforma para los aspirantes a la jefatura de gobierno del Distrito Federal con un formato que incluyó preguntas directas formuladas de un candidato hacia el resto y viceversa, además de una interesante ronda donde el moderador pregunta a quién de sus contrincantes elegiría para formar parte de su gabinete. Ambos esquemas permitieron observar a los candidatos capitalinos argumentar y defender sus propuestas y abrir espacios para la posible interlocución o colaboración con miembros de otras fuerzas políticas a futuro.

•    Las campañas políticas en democracias competitivas no son condescendientes entre candidatos, existen para revelar la mayor cantidad de información para que el electorado tome decisiones informadas. Durante este proceso electoral se ha generado más información que en el pasado y en el debate se discutieron temas torales para la agenda de desarrollo del país en un formato de preguntas consensado previamente con expertos.

Lo malo

•    La rigidez en el formato del debate no permitió exponer propuestas y abrir el espacio para la confrontación de ideas entre candidatos. Estamos muy lejos de un esquema donde los candidatos puedan argumentar las acciones a implementar y defiendan en qué forma su agenda atiende los problemas del país de forma más eficiente o expedita que sus contrincantes.


Debate entre los cuatro precandidatos republicanos en Florida

•    Los medios de comunicación siguen ejerciendo una enorme influencia sobre los candidatos y los ciudadanos. El binomio medios masivos-publicidad electoral sigue acotando la calidad de los espacios para informar a los ciudadanos en el voto y puede incluso inclinar la balanza de preferencias electorales hacia un candidato u otro, si así lo desea.

•    Los debates rara vez cambian la preferencia electoral de los ciudadanos. No es un tema solamente del formato o del desinterés ciudadano sino que las filias y las fobias de los ciudadanos que tienen decidido su voto no suelen desviarse por un ejercicio televisivo. Menos aún los indecisos, pues ninguna de las estrategias empleadas por los candidatos en este debate buscaron seducirlos.

Lo feo

•    La calidad del post-debate en nuestro país es de una mediocridad sin parangón. Basta mencionar que un escote ha rebasado la discusión sobre la calidad de las propuestas y el contraste de agendas de los candidatos. Si tuviéramos balances sobre el debate similares al realizado por A. Hope en el tema de seguridad, entraríamos en una dinámica electoral muy distinta.

•    Tenemos a candidatos auto-declarados ciudadanos (Gabriel Quadri y la Sra. Wallace) contendiendo por un puesto de elección popular denostando a la totalidad de la clase política. No me cabe duda que el supuesto halo de neutralidad que otorga no haber ocupado un puesto público puede ser muy atractivo como estrategia electoral, pero la falta de experiencia en la administración pública y en el ejercicio del poder no es, de ninguna manera, una garantía.

•    En el debate ningún candidato mencionó o siquiera tocó con el pétalo de una rosa al sindicato magisterial, la falta de profesionalización del ministerio público o  el saldo de muertos y desaparecidos durante la presente Administración Federal en materia de seguridad.

Nota al pie:
•    Lo preocupante del proceso electoral. La posibilidad de que el conteo rápido se elimine para la elección federal 2012 es muy grave. Aquí les recomiendo algunos excelentes argumentos de J. Aparicio sobre la certeza e información que aporta este instrumento a la elección.  Por otro lado,  brillaron por su ausencia las propuestas efectivas para combatir la corrupción, tanto entre los candidatos presidenciales, como entre los aspirantes a la jefatura del DF. Sobre lo primero, habrá que esperar la forma en que el IFE defina la naturaleza y método del ejercicio. Sobre lo segundo, México Evalúa presentará muy pronto su agenda anticorrupción para candidatos presidenciales. ¡Estén alertas!