blogeditor · 21 de agosto de 2013
Por: Isabel Studer
Lo bueno
La inclusión de la sostenibilidad ambiental y la protección del medio ambiente como uno de los cinco ejes de la propuesta de Reforma Energética del presidente Enrique Peña Nieto es una buena noticia.
La apertura del sector, en particular de la generación de electricidad al capital privado, es un primer paso en la dirección correcta pues puede conducir a una mayor competencia y por tanto a que la Comisión Federal de Electricidad sea más eficiente y que cuente con más recursos para mejorar la infraestructura de redes de transmisión que es cada vez más obsoleta. También puede significar la diversificación de las fuentes de suministro eléctrico, incluyendo las energías renovables. Aunque la propuesta parece inclinarse más por el gas natural como una fuente “más limpia” de generación de electricidad, si se le compara con el combustóleo y el diesel, combustibles que la CFE utiliza para la generación de alrededor del 20% de electricidad. Aquellos no sólo son más caros que el gas natural sino que son más contaminantes y generan más emisiones de gases efecto invernadero—una de las causas del cambio climático.
Lo malo
Si bien se presenta como “una reforma verde” que “permitirá invertir más en el desarrollo tecnológico y la adopción de fuentes de energías limpias, como la solar, la eólica y el gas”, no queda claro cómo se promoverán estas energías y mucho menos cómo se protegerá al medio ambiente cuando la apuesta fuerte es a la expansión de las energías fósiles.
La promoción de las energías renovables requiere, sin duda, de un marco legal con reglas claras y transparentes. Que la CFE enfrente competencia de otros grandes generadores de electricidad es una condición necesaria para avanzar hacia la diversidad de fuentes energéticas. Sin embargo, atraer inversiones significativas para que despeguen las energías renovables también exige la adopción de un conjunto de reglas y políticas públicas que deben acompañar este cambio estructural. El fortalecimiento de la Comisión Reguladora de Energía, el establecimiento de tarifas de porteo que apoyen a las energías renovables frente a las ventajas en precio (y subsidios) que tienen las fósiles, una red de transmisión eléctrica eficiente que permita llevar la energía renovable, generalmente localizada en zonas remotas, a los consumidores, entre otras políticas. Aunque la explicación de motivos de la propuesta de reforma hace alusión a algunos de estos cambios necesarios, no se conocen los detalles de los mismos.
Cuando la propuesta se refiere a las energías limpias parece privilegiar al gas natural. Si bien es cierto que el gas natural emite menos CO2 a la atmósfera que el combustóleo o el diesel, también lo es que el futuro y la verdadera revolución energética está en las energías renovables, eólica, solar, biomasa, mini-hidráulica.
[contextly_sidebar id=”8db79ab12473294b108fef04004d0a04″]Por ejemplo, China, que hoy cuenta con una capacidad de energías renovables 40 veces más grande que la de México, acaba de anunciar una inversión de 260 mil millones de dólares para el desarrollo de estas fuentes energéticas. Comparado con otras economías emergentes, como India, China y Brasil, México está claramente rezagado en la promoción de energías renovables pues éstas representan menos del 2% de la capacidad eléctrica—aunque alrededor de un 10% adicional proviene de energía hidráulica, que no es una fuente constante por su escasa disponibilidad en épocas de sequía. Brasil cuenta con una capacidad casi 4 veces mayor que la de México, e India 10 veces más grande.
Es cierto que aún en las estimaciones más optimistas, las energías fósiles seguirán siendo la fuente energética más importante en el mundo, pero también lo es el que la diversificación de la matriz energética es fundamental para la seguridad energética y para la competitividad de un país. Además el precio del gas natural ha tendido a ser muy volátil. La diversificación energética requiere que se establezca como una prioridad la promoción y masificación de las energías renovables, en particular la solar, la eólica, la biomasa y la mini-hidráulica.
Lo contradictorio
La propuesta no es clara respecto de cómo se cumplirán simultáneamente los objetivos de sustentabilidad y seguridad energética. El cambio climático es un factor de riesgo muy alto para una reforma fuertemente orientada a facilitar la producción de petróleo y gas y a abaratar el precio de estos energéticos. México es uno de los países más vulnerables al calentamiento global. Además, por el crecimiento importante de la demanda por energía en México, si no se aumenta significativamente la generación de energías limpias, aumentarán necesariamente las emisiones de gases efecto invernadero.
En las negociaciones internacionales para sustituir al Protocolo de Kyoto en 2015, México será uno de los países que tendrá que asumir compromisos, ya no voluntarios, sino obligatorios para reducir emisiones. Esto explica en parte que la Ley General de Cambio Climático estableciera como metas la reducción de emisiones del 30% para el 2030 y del 50% para el 2050, y el 35% del suministro proveniente de fuentes limpias para el 2024
También es fuente de preocupación el que la propuesta gubernamental sugiera el aprovechamiento del potencial mexicano para la explotación de yacimientos de gas de lutitas. México ocupa el sexto lugar en reservas de este gas, que se localizan en el Noroeste del país, donde no existe una gran disponibilidad de agua, recurso que es necesario en grandes volúmenes para la extracción de este gas por el proceso técnico conocido como “fracturación hidráulica”.
En suma, México no puede seguir viendo en los hidrocarburos, que muestran una alta inestabilidad en los precios y altos riesgos por los impactos ambientales asociados a los mismos, la oportunidad para el desarrollo y la competitividad presente y futura del país. La seguridad y la sostenibilidad energéticas serán una realidad sólo si apostamos a las energías renovables. ¡Este es el tren del siglo XXI que México no puede dejar pasar!
* Isabel Studer es directora del Instituto Global para la Sostenibilidad del Tecnológico de Monterrey e integrante del Consejo de Cambio Climático, entidad asesora de la Comisión Intersecretarial de Cambio Climático.