Redacción Animal Político · 9 de marzo de 2025
Se repitió la hazaña. Miles de mujeres colmaron por oleadas y durante más de ocho horas las calles de la Ciudad de México demandando, exigiendo, implorando que pare la violencia contra ellas. Como cada año los últimos siete, la respuesta oficial se pulió a sí misma: vallas metálicas cada vez más altas y fortificadas, ahora incluso de color morado; tuits de la Secretaría de Seguridad Ciudadana de la CDMX presumiendo la recarga de gases de 200 extintores que utilizaría el contingente de policías, y que usaron; la máxima autoridad advirtiendo tres días antes que sí llegamos todas, pero que si de quemar la puerta de Palacio Nacional se trata, pues ahí ya no, así no.

Primera marcha del 8M del primer año de gobierno de la primera mujer presidenta de México. La feminista de izquierda en la nueva era, su era, con los viejos usos del sistema político, pero reforzados. Porque los ánimos andan caldeados y del lado del gobierno de Claudia Sheinbaum y sus simpatizantes nadie tira un lazo. Antes insisten en la confrontación y la rendición, que en la escucha y el diálogo. Porque los reclamos son para los gobiernos anteriores, los neoliberales, no para ellos, mucho menos para ellas, que fueron las que llegaron. Porque su movimiento “es el único que puede defender los derechos de las mujeres”, como dijo ayer Sheinbaum. Cómo se atreven a protestar, con el mujerón que tenemos de presidenta, ella que puso a Trump en su lugar. Se ocupa respaldarla este domingo en su mitin de la victoria por un mes y de ahí para el real, porque la fe de los 36 millones de electores que votaron por la presidenta alcanza para que los 64 millones restantes se cuadren y ni se les ocurra cuestionar. Dónde se ha visto, oportunistas de derecha. Aguanten sus demandas que ya pasaron seis años y chance se necesiten seis más. O doce. O dieciocho, ya se verá.

Así que las miles de mujeres que llenaban y vaciaban consecutivamente el Zócalo capitalino desde primeras horas de la mañana, abarrotaron Reforma desde el Ángel de la Independencia hasta avenida Juárez, pero sobre todo Eje Central y Cinco de Mayo, por el cuello de botella que la autoridad capitalina diseñó para acceder y desalojar el Centro Histórico. Para qué facilitarles la protesta, si se las podemos complicar.
A unos metros, resguardada por las vallas fortificadas de Palacio Nacional, Sheinbaum conmemoró el día rodeada de su gente, las mujeres de su gabinete. No fueron convocadas mujeres de otros partidos ni legendarias feministas que hoy están en la oposición ni integrantes de organizaciones de la sociedad civil que trabajan los temas cuya atención demandan las marchistas cada año. Ya ni qué decir de invitar a las manifestantes.
Eso sí, la presidenta inauguró en el área abierta al público de Palacio Nacional la sala “Mujeres en la Historia”, para rescatar “la memoria histórica de nuestras ancestras”. Para visitarla hay que sacar cita… o saltarse las vallas.

Que Norma Andrade, madre de Lilia Alejandra, espere otros 24 años para obtener justicia por el feminicidio de su hija. Que la mamá de Lesvy le tenga paciencia al juez que ha retrasado la sentencia definitiva de su feminicida. Que Montserrat, cuyos restos finalmente fueron hallados tras cuatro años de revictimizaciones, no obtenga justicia ni su familia paz, tras la liberación de los presuntos implicados en su desaparición en 2020. Que las madres y familias buscadoras entiendan si la presidenta no cumple su compromiso de atenderlas, porque hoy las prioridades son otras.
Porque la memoria es corta y la soberbia infinita, desde el oficialismo han reclamado para sí mismas el derecho a la protesta y a la indignación. Después de ellas, el diluvio. Sólo que las miles de mujeres que este 8 de marzo volvieron a tomar las calles no acusaron recibo. Ni acusarán. Los tiempos políticos de quienes hoy detentan el poder no son los tiempos de la urgencia que moviliza. Ni el poder ni los votos son eternos, y menos si se usan para agraviar e intentar deslegitimar el dolor y el reclamo de miles de mujeres que ya no aguantan más.
