Joel Aguirre · 25 de agosto de 2026
Por Armando Noriega*
Ofelia Pérez lleva 26 años atendiendo embarazos y partos en Chiapas. Habla tzotzil, vive actualmente en San Cristóbal de las Casas y es vocera del Movimiento de Parteras de Chiapas Nich Ixim. También participa en la Agenda Nacional para la Defensa y Promoción de la Partería Tradicional, la Alianza Continental de Parteras Tradicionales e Indígenas de las Américas y la Asamblea Nacional Política de Mujeres Indígenas. Su trabajo comienza mucho antes del nacimiento de un bebé: acompaña a las mujeres durante el embarazo, conversa con sus familias y evalúa si puede atender el parto o si existe alguna condición que requiere atención médica. “Una de partera tiene que saber y conocer todos sus límites”, explica. Para ella, reconocer esos límites forma parte del mismo conocimiento que comenzó a adquirir cuando todavía era una niña.
Creció en Chenalhó viendo trabajar a su abuela y a su madre, ambas parteras. Acompañaba a su abuela cuando visitaba mujeres embarazadas, realizaba baños, recolectaba plantas medicinales y atendía nacimientos. Ofelia recuerda que aquella mujer también era curandera, huesera y rezadora. Parte de ese conocimiento quedó interrumpido cuando su abuela murió, pero Pérez continuó aprendiendo con su madre y a partir de su propia práctica. Las plantas siguen formando parte de su trabajo, aunque evita revelar buena parte de ellas. Su movimiento, explica, ha decidido reservar algunos conocimientos frente al interés comercial y académico sobre la medicina tradicional.
Cuando tenía alrededor de 15 años, las autoridades de su comunidad le pidieron que asumiera tareas de atención a mujeres embarazadas. Al principio se resistió. Consideraba que era demasiada responsabilidad para su edad. En aquellos años, cuenta, tuvo varios sueños en los que su abuela aparecía enseñándole cómo identificar la posición de un bebé dentro del vientre y cómo atender un nacimiento. Ofelia interpreta esos sueños como parte de la transmisión de su oficio. Poco después atendió a una adolescente prácticamente de su misma edad. Desde entonces siguieron llegando mujeres.
Décadas más tarde, Ofelia insiste en que la partería tradicional no consiste únicamente en acompañar un parto en casa. Dice que atiende principalmente embarazos que considera de bajo riesgo y observa el estado de la madre, la posición del bebé y la evolución del trabajo de parto. Cuando encuentra señales que considera preocupantes, prepara el traslado a un servicio médico. Antes del nacimiento también habla con la mujer y su familia sobre esa posibilidad. “Aunque esté todo bien durante su embarazo, muchas veces se puede llegar a complicar durante el parto, después del parto, aunque haya nacido bien el bebé”, explica.
Una de esas experiencias ocurrió hace años. Una familia la buscó porque una adolescente embarazada, de unos 15 años, estaba convulsionando en su casa. Ofelia pidió que la llevaran hasta donde ella se encontraba. Al verla decidió que no atendería el parto. La joven estaba al final del embarazo y, según recuerda, su condición era grave. La madre de la adolescente se resistía a trasladarla porque creía que las convulsiones estaban relacionadas con brujería. El esposo tampoco quería decidir por temor a que lo responsabilizaran si la joven moría en el hospital.
Ofelia insistió. Avisaron a las autoridades comunitarias y finalmente trasladaron a la adolescente. “Ese parto yo no lo puedo atender”, recuerda haberles dicho. La mujer recibió atención hospitalaria y, según el relato de Pérez, tanto ella como su bebé sobrevivieron. El caso quedó también como una advertencia sobre los límites del oficio: hay situaciones en las que una partera puede acompañar y otras en las que la atención hospitalaria se vuelve indispensable.
La ginecóloga y obstetra Sharon de Uriarte coincide en ese punto. Existen embarazos y partos que requieren atención médica especializada y situaciones en las que una cesárea o alguna otra intervención puede ser necesaria. Para De Uriarte, la discusión no debería plantearse como una elección entre parteras y médicos. La atención puede complementarse siempre que existan mecanismos para identificar riesgos, referir oportunamente a las pacientes y mantener comunicación entre quienes participaron en su atención.
Para Ofelia, esa comunicación todavía presenta dificultades. Cuando una mujer necesita ser trasladada en San Cristóbal, dice, no cuenta con una ambulancia o un enlace institucional disponible de manera permanente. En muchas ocasiones la familia debe tener un vehículo preparado. En otras comunidades de México, algunas parteras han logrado acuerdos con autoridades municipales para utilizar ambulancias. La distancia, la saturación de los hospitales y el tiempo necesario para trasladarse pueden modificar la atención.
El problema puede continuar una vez que llegan al hospital. Pérez afirma que ha experimentado discriminación y desconfianza por parte de personal sanitario y que en algunas ocasiones no se permite a las parteras explicar directamente qué ocurrió antes del traslado. La situación se vuelve más compleja cuando la mujer atendida es indígena y no habla español. También asegura haber escuchado que algunas pacientes llegan “manipuladas por parteras”, expresión con la que, según ella, se responsabiliza previamente a quien acompañó el parto.
Desde 2025, la NOM-020 regula el reconocimiento de la partería dentro de la atención materna y neonatal y establece mecanismos de vinculación con los servicios de salud. Ofelia y otras integrantes de Nich Ixim han participado en mesas de diálogo con instituciones y autoridades para denunciar obstáculos en hospitales y problemas en el registro de niñas y niños nacidos con acompañamiento de parteras. Sin embargo, el movimiento también cuestiona que el reconocimiento institucional pueda terminar condicionando una práctica que consideran parte de los sistemas de salud propios de sus comunidades.
Uno de esos conflictos aparece después del nacimiento. Ofelia cuenta que, en distintos municipios, algunas familias han enfrentado dificultades para registrar a bebés atendidos por parteras tradicionales. Según explica, el Registro Civil puede reconocer documentos expedidos por instituciones de salud, constancias elaboradas por parteras o constancias emitidas por autoridades comunitarias cuando el nacimiento ocurre fuera de una unidad médica. Aun así, sostiene que durante años algunas oficinas rechazaron documentos elaborados por parteras que no estaban registradas ante el sector salud. Nich Ixim comenzó entonces a trabajar con autoridades del Registro Civil y elaboró su propia constancia de alumbramiento; Pérez afirma que, tras esas gestiones, al menos 13 municipios comenzaron a aceptarla.
Nich Ixim comenzó, en palabras de Ofelia Pérez, con alrededor de 120 integrantes. Actualmente ella calcula que participan 772 parteras y más de cien jóvenes se encuentran aprendiendo. Para ella, ahí está una de las preocupaciones centrales: que el conocimiento que recibió de su abuela y de su madre pueda continuar sin impedir que una mujer llegue a un hospital cuando lo necesita.
Las jóvenes que hoy comienzan a aprender partería tendrán que ejercer dentro de un sistema de salud que ya reconoce formalmente su existencia. La pregunta es si también encontrará la manera de trabajar con ellas cuando una mujer necesite que ambos modelos de atención actúen al mismo tiempo.♦
*Armando Noriega es periodista. Escribe para Revista Dominga, de Milenio, y Animal Político. Dirige Semanario Punk, organiza el Encuentro de Periodismo Narrativo e imparte talleres. Su trabajo explora la memoria, la identidad y la pertenencia desde el periodismo narrativo. Redes: @mando_rock