Joel Aguirre · 22 de junio de 2026
De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo (ENUT) 2024, casi 60 % de los hombres en México quisiera tener más tiempo para cuidar a las personas de su hogar. La cifra permite acercarse al tema desde otro lugar: no solo sobre quién cuida, sino qué condiciones existen para hacerlo.
Esto importa porque el tiempo para cuidar no se decide únicamente dentro de los hogares. También depende de las condiciones laborales, de las posibilidades reales de dedicarse a los cuidados y de los mandatos de género que siguen vinculando a las mujeres con la mayor parte de estas tareas.
Los cuidados sostienen la vida cotidiana. Incluyen actividades como preparar alimentos, limpiar, acompañar a personas enfermas, atender a las infancias o gestionar necesidades diarias. Y aunque son indispensables para el bienestar de las personas y el funcionamiento de la sociedad, se siguen distribuyendo de manera desigual.
Las mujeres realizan la mayor parte del trabajo doméstico y de cuidados no remunerado. Esto afecta sus ingresos, su vida laboral, su descanso y el tiempo disponible para otros proyectos. Mientras tanto, los hombres dedican la mayor parte de su tiempo a actividades remuneradas.
Pero esta distribución no ocurre por casualidad. Está influida por normas sociales, prácticas culturales y decisiones institucionales. Por eso, hablar de corresponsabilidad también implica preguntarse cómo se distribuyen el tiempo y las tareas necesarias para sostener la vida cotidiana. Ahí es donde entran las licencias de paternidad.
Actualmente, la Ley Federal del Trabajo reconoce cinco días laborables de permiso de paternidad con goce de sueldo, a cargo del empleador, no cubierto por el IMSS como en el caso de la licencia de maternidad, por el nacimiento de una hija o un hijo, así como en casos de adopción. La llegada de una nueva persona a una familia implica una reorganización profunda de las tareas de cuidado. Durante esas primeras semanas aparecen nuevas necesidades y responsabilidades que suelen recaer principalmente en las mujeres.
Aunque por sí solas no cambian la distribución de los cuidados, las licencias envían señales respecto a quiénes se les considera responsables de asumirlos. Cuando el permiso de paternidad dura tan poco y no es una licencia, también se limita el tiempo que los hombres pueden dedicar a cuidar. Ampliarlo permitiría avanzar hacia una distribución más equilibrada de estas tareas y transformar una organización social que sigue dejando a las mujeres la mayor carga.
Las licencias de paternidad suelen discutirse a partir de los beneficios que pueden tener para los padres o para el vínculo con sus hijas e hijos. Esa es una parte importante de la conversación. Otra tiene que ver con la corresponsabilidad y la distribución de los cuidados.
La corresponsabilidad parte de una idea sencilla: cuidar no es una tarea que deba recaer principalmente en las mujeres. También requiere la participación de familias, comunidades, empresas y Estado.
Las licencias de paternidad pueden ayudar a que los cuidados se distribuyan de manera más equilibrada. Pero para que eso ocurra no basta con que existan; es necesario que los hombres las tomen.
Cuando los hombres usan esta licencia y dedican ese tiempo a cuidar, no solo cambia la organización dentro del hogar, también se cuestiona la idea de que estas tareas corresponden a las mujeres: cada licencia tomada ayuda a reconocer que cuidar también es responsabilidad de los hombres.
Las licencias de paternidad no resuelven por sí solas la desigualdad en los cuidados, pero sí pueden mover una pieza central: el tiempo. Cuando los hombres usan ese tiempo, las tareas dejan de concentrarse siempre en las mismas personas. Esto puede reducir barreras para que las mujeres trabajen, estudien, descansen o desarrollen otros proyectos; contribuye a dejar atrás la idea de que cuidar es una ayuda ocasional y refuerza la corresponsabilidad.
Una sociedad más igualitaria también se construye así: redistribuyendo el tiempo que sostiene la vida. Sin embargo, impulsar ese cambio requiere condiciones laborales adecuadas y políticas públicas que reconozcan el valor de cuidar. ♦
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