Redacción Animal Político · 20 de noviembre de 2023
Desde los años sesenta, consistentemente, se distribuyen libros de texto gratuitos en todas las escuelas públicas mexicanas. Esta política pública implica un trabajo monumental, tanto de edición y revisión, como de distribución en las escuelas. En el último ciclo escolar, se reporta que se repartieron 152 millones de ejemplares, de acuerdo a la CONALITEG.
Esta política educativa ha sido la más consistente en el sistema educativo mexicano. Su actual versión busca implementar los cambios del modelo de la Nueva Escuela Mexicana. Este es un gran reto, ya que en todo proceso de implementación de una acción institucional masiva es vital contar con la participación de todos los actores claves.
Los libros de texto se entregan este año en un contexto especialmente complicado. De acuerdo a la OCDE, México se encuentra en el lugar 38 en lectoescritura (con solo 4 países obteniendo peores resultados). Por tanto, una herramienta como esta debería brindar oportunidades para reducir la brecha educativa.
Pensando entonces en la relevancia de estos insumos para la transformación educativa, podría parecer alentador el ver que en redes sociales se ha vuelto un tema de constante discusión: en el último año ha sido frecuentemente uno de los temas más virales en X (Twitter) y ha sido comentado por diferentes actores políticos y mediáticos.
Pero pensar eso pecaría de una ingenuidad que desconoce las abstracciones políticas y sus batallas constantes. En medio de una implementación compleja y un contexto post-pandemia, los libros de texto se han vuelto un tema que diferentes facciones han utilizado como bandera de debate.
Esta polémica ha dejado de ser (o quizás nunca fue) una discusión centrada en las necesidades de los niños o en la evaluación curricular de los materiales. Se ha vuelto uno de los temas que aglutina ciertos segmentos y divide a otros. De acuerdo a Appadurai (2006), los grupos identitarios se crean con base a pánicos colectivos, y dichas divisiones parten de la necesidad humana de separar el nosotros versus el otros. Hacemos esto estereotipando y resaltando las diferencias de identidad. Todo este proceso ayuda a establecer límites y determinar quién es parte del grupo “correcto”.
En este sentido, los detractores y partidarios de los los libros de texto han asumido su existencia como un símbolo de su propio grupo de identidad. En dicha batalla simbólica la implementación de los libros ha pasado a segundo, o quizás, tercer plano.
Resulta interesante pensar en que todas estas discusiones parecen alejarse del objeto en sí, como pasa en todas las discusiones en las que las manifestaciones simbólicas crean una abstracción; no se debate los libros de texto como herramienta de aprendizaje, sino como imposición ideológica destinada a destruir a los docentes en México, o una bala de plata que va a salvar a la educación.

En medio del pánico generado por un debate tan polarizado, vale la pena preguntar: ¿dónde queda la perspectiva de los docentes? ¿Qué necesitan para poder usarlos en sus aulas?
Rita Sanchez Gonzalez, PhD, experta y consultora en innovación educativa, considera: Lo más importante es escuchar a los maestros y permitirles tener sesiones de trabajo para que puedan entender lo que estos nuevos libros les van a significar. No podemos apoyar al estudiante sin apoyar al docente.
La propuesta de la Dra. Sanchez Gonzalez, entonces, invita a pensar en el docente como un diseñador de currículum. Este enfoque transforma la mirada reduccionista que le quita empoderamiento, sino más bien permite que se enfoque en su aula y que a partir de la realidad de sus estudiantes, logre utilizar diferentes herramientas (incluido, sí, el libro de texto gratuito). El apoyo no debe ser de como utilizarlo sino como integrarlos dentro del diseño de actividades de aprendizaje.

Las transformaciones en política pública han sido frecuentemente tormentosas e ineficientes (¿alguien recuerda la enciclomedia?). El pensar en estrategias concretas que permitan a los docentes utilizar los libros, brindar su opinión sobre mejoras y darles libertad de diseño curricular, será crucial para construir el modelo educativo en el que realmente los alumnos estén al centro.
El debate en torno a los libros de texto debe centrar las voces y necesidades de los docentes y los niños: resignificar su rol como los actores de la escuela y que a través de diferentes recursos puedan realizar las transformaciones educativas que México necesita tan urgentemente.
* Cristina Salazar, Ed.D. (@CristinaSalazar) es docente y senior manager en Altazor Intelligence (@Altazor_Intell), agencia de investigación de mercados y opinión pública. Rita Sánchez González (@MsFarfalla76) es consultora en Innovación Educativa con más de 20 años de experiencia profesional. Actualmente es la Directora de Desarrollo Educativo en DEMM.