Redacción Animal Político · 12 de abril de 2011
La violencia del crimen organizado no cesa, y colmó una vez más la paciencia. Y volvimos a ver -en una versión muy reducida de las marchas de hace años- que la gente tomó las calles para protestar. No protestaron en contra de los asesinos, los criminales, los narcotraficantes, sino en contra del gobierno centrado en la persona del Presidente de la República, y en particular en contra de las acciones o reacciones del Ejecutivo ante este flagelo. Yo me imagino que los criminales nada más alzaron la ceja, si no es que se rieron abiertamente.
Después de marchar y gritar denunciando la “fallida estrategia”, los sudorosos activistas se ponen a la sombra; exigen a los criminales que se apeguen a un código ético parecido al de la mafia siciliana; reflexionan y declaran finalmente a pregunta expresa que la verdadera solución sería “más educación y oportunidades”.
No, pues ante tan contundente estrategia alternativa yo propondría también más concordia, felicidad y belleza para todos los mexicanos; darles hogar, llenarlos de amor, y sembrar mil flores de color.
El camino entre las medidas concretas de plazo inmediato para evitar que sigan muriendo mexicanos -por balas disparadas por armas manejadas por criminales-, y un futuro venturoso para el país, pasa por enormes retos que son tarea no de un gobierno, sino de varias generaciones. Y estos retos no los podemos siquiera comenzar a dimensionar en un México enfrentado, que rumia rencores añejos, y que solo mira al cortísimo plazo del 2012.
¿Cuál es pues la solución? Bienaventurado el que la sepa; pero lo que yo sí se, es que ésta debe partir de la iniciativa de todos y cada uno de los mexicanos; y no necesariamente de un gobierno ya de por sí complicado, acotado en tiempos y acosado por intereses.
La educación. Les planteo aquí algo sobre educación.
Y es que todo mundo sabe que la educación en nuestro país está mal; muy mal. Pero ¿qué tan mal?
De 100 niños en nuestro país, solo 50 terminan la secundaria, 25 la preparatoria, y 13 una licenciatura. La escolaridad promedio en México es de solo 8.7 años, contra 10.2 en Chile, y 12 en EU, Corea y Finlandia; estos dos últimos los países mejor educados del orbe.
Y no solo en cantidad o cobertura, sino en calidad: México es el último lugar de todos los países de la OCDE donde se aplica la prueba PISA, y de nuestra prueba ENLACE, el 60% en primaria y 80% en secundaria obtienen “Insuficiente” o “Elemental” en matemáticas y español.
El problema es complejo. A las necesidades evidentes de profesionalización docente; mejora de los contenidos educativos y participación de padres de familia y sociedad en general, se agrega el terrible lastre que representan el sindicato y otros grupos magisteriales, organizados no para dar clases, sino para grillar, votar, presionar y provocar.
Problema el de la educación es tan complejo como el de la violencia. Ante esto podríamos hacer una marcha y buscar la opinión cómoda de exigir que se termine la influencia política del sindicato, o que se asignen más recursos a la educación, como si éstos realmente se fueran a invertir en mejoras, y no en más prebendas a los líderes sindicales.
Pero ocurre que el grupo de empresarios representados en el Consejo de la Comunicación decidió abordar el asunto desde un enfoque distinto y realista. Encontró un aspecto muy concreto que es fundamental para todo el proceso educativo, cuya mejora puede incidir directa y de manera tangible en la calidad educativa: ”Los alumnos, y en realidad todos los mexicanos, entendemos lo que leemos y por ende podemos aprender durante toda la vida. Esto es: leer para aprender”.
En pocas palabras: si mejoramos la lectura, mejoramos la educación y las oportunidades de aprendizaje y capacitación para toda la vida. Y yo agregaría: mejoramos la capacidad de análisis, de crítica, creatividad y reflexión de todos y cada uno de los ciudadanos mexicanos que lean bien, comprendan lo que leen y que les guste leer. La comprensión de la lectura potencializa cada peso invertido en la educación.
Planteado el reto, el Consejo de la Comunicación diseñó una sólida estrategia que establece un objetivo claro: Mejorar el nivel de educación en el país a través de la lectura. Esta estrategia identifica los factores que inciden en su logro; y establece una serie de acciones en torno a un eje rector, y una serie de metas o retos muy concretos:
Y en estos momentos, todas las empresas e instituciones que integran el Consejo de la Comunicación (medios, empresas anunciantes, cámaras empresariales, agencias) se encuentran desarrollando su parte de la estrategia: diseño, ejecución y programación de campañas en medios, elementos gráficos, multimedia, cineminutos, comunicación al interior de las empresas y materiales diversos; y ante todo la donación de talento, tiempo, trabajo y recursos.
Los spots, los testimonios de actores, músicos y deportistas en torno a la lectura ya han sido vistos por todos: A la fecha se ha donado pauta en medios de comunicación por cientos de millones de pesos, pero se espera que al terminar la campaña supere fácilmente a los mil millones, con lo que por primera vez en años tendríamos contenidos que superaran si bien no en tiempos pero sí en impacto, al tsunami de spots inútiles que sufriremos en la campaña presidencial.
Lo anterior se complementa con una agresiva campaña de relaciones públicas que ha logrado cientos de menciones en prensa, radio y televisión, y productos de comunicación que impactan en el interior de muchas empresas, algunas de ellas las más grandes del país.
Y la actividad no termina allí. El Consejo de la Comunicación ha seguido comprometiendo en estas metas a los 3 niveles de gobierno, y a las autoridades educativas de todo el país, ofreciendo su apoyo ahí donde sea aceptado.
Así es: se trata de los medios de comunicación, las agencias, y las grandes empresas de nuestro país las que están ahorita mismo trabajando en torno a esta meta. Las mismas empresas que por otro lado compiten, e incluso se pelean. Empresarios que no somos ni más malos ni más buenos que los políticos, los activistas, los maestros o los trabajadores.
Planteaba yo en mi colaboración anterior, la generosidad como fuerza para el servicio público. Las empresas que participamos en el Consejo de la Comunicación somos competidoras y algunas de ellas tienen fuertes intereses y conflictos entre sí. Pero dando un ejemplo de generosidad, han cedido sus posiciones al menos para lograr estos objetivos concretos, que son ambiciosos, comprobables y que no son sólo bonitos temas para practicar un altruismo con el cual lavarse la cara.
Ahí está pues, una estrategia alternativa a la violencia: “Mejor Educación”. Una iniciativa generosa de empresarios que es concreta y comprobable, y que ante nuestros ojos se está desarrollando en este mismo momento.