blogeditor · 4 de noviembre de 2015
Por: María Teresa de la Garza Camino
En el actual debate acerca de la legalización de la mariguana, uno de los elementos a considerar es hasta dónde debe llegar la injerencia del gobierno en los procesos vitales de los ciudadanos. Y es necesario reflexionar sobre este punto porque hay una delgada línea entre la regulación que ejerce legítimamente el poder en un estado y los excesos en los que puede incurrir.
[contextly_sidebar id=”9YnPieAXGf5Mvylr3136bhXKY1cn9OCw”]La reflexión puede tomar en consideración las ideas que provienen de Michel Foucault en los orígenes de la biopolítica. De acuerdo a este autor, biopolítica es el estilo de gobierno que regula a las poblaciones mediante el uso del biopoder. Nos dice que desde el siglo XVIII empezamos a ver cómo surge el proyecto de gobernar la vida entera, desde sus ritmos de crecimiento —matrimonios, fertilidad, natalidad y mortalidad— hasta la actividad de cada individuo, tanto en sus horas de trabajo como en las de ocio. Podemos decir que se abandona la conquista y colonización de nuevos territorios a favor de la colonización de los procesos vitales por parte del poder.
Paradójicamente, al tiempo que se acrecientan y defienden las libertades individuales, surge la necesidad de controlarlas y así, surge el problema de decidir cuál es el límite entre las libertades individuales y su control por parte del estado.
La introducción de la vida en la historia representa para Foucault la posibilidad de una nueva ontología a partir del cuerpo, que nos lleve a pensar al sujeto político no solo como sujeto de derecho, sino como sujeto ético. Desde esta perspectiva, Foucault defiende la libertad y su capacidad de transformación, implicada en todo ejercicio de poder.
El liberalismo es el núcleo de la modernidad, entendido como la práctica gubernamental de respetar y garantizar algunas libertades como la libertad de movimiento, la de vender y comprar, el libre ejercicio de la propiedad, la libertad de expresión, etcétera. Pero esta relación del liberalismo con la libertad paradójicamente, es una relación de control. Es así, porque la única forma para que el sistema funcione es controlando la libertad producida, ya que la libertad no controlada es peligrosa para las empresas, para las familias, para los ciudadanos. La libertad introduce peligro en la vida cotidiana, y así aparece el interés por la seguridad, o mejor dicho, la búsqueda de un equilibrio entre libertad y seguridad, equilibrio bien difícil de sostener.
Como podemos ver, en el debate sobre la legalización de la mariguana para usos recreativos, aparece un debate de fondo, el del difícil equilibrio entre el respeto a las libertades y el ejercicio del biopoder en aras de la seguridad.
* María Teresa de la Garza Camino es Filósofa (@bioeticaunam)