Redacción Animal Político · 17 de noviembre de 2023
Si usted sabe dónde está la libertad, por favor, avíseme. Tenga piedad de mí y dígale que llevo tiempo fantaseando con ella, soñándola: ¿qué haré cuando la mire de frente? Quizás huya, quizá me enganche de ella.
Busco la libertad perdida en la infancia, que me permitía jugar por jugar; la que perdí en la adolescencia, que me permitía amar por amar; y la que perdí en la juventud, que me permitía crear por crear.
¿La han visto por ahí? Porque yo, cuando la encuentre, lo primero que haré será abandonar la necesidad de despertar el deseo ajeno. Tal vez así, en lugar de colocarme en lugares donde me convierto en un pedazo de persona, me atreva a pronunciarme como una persona completa. A ser mi propio estandarte y no intentar izar otras banderas.
Busco libertad con el afán de equivocarme sin angustiarme por escenarios catastróficos e imaginarios. La busco para que me enseñe a despedirme de las expectativas impuestas y autoimpuestas. Y la anhelo de vuelta para que me permita ensayar. Una vez más. Ensayar y errar. Y volver a ensayar. Y volver a jugar por jugar.
Es que pienso que, si corro con un poco de suerte y la atrapo, también me permitirá abandonar la carga de la insuficiencia y soltar la ansiedad por la exposición.
Así que, si la ve pasar, le pido que me ayude diciéndole que esta vez quiero aceptar las medias tintas, el ridículo y el fracaso. También quiero abrazar la idea de no ser mejor ni ir hacia adelante, y dejar de culparme por ello.
Busco una libertad que me permita no cambiar, salvo que el impuso sea mi propio entusiasmo. Llevo tantos años viviendo sin ella que ya no recuerdo lo que significa amar por amar ni crear por crear.
Busco libertad de ser quien soy sin tener que justificarme. Ante mí, ante usted, ante mi hijo y ante mi madre. Busco libertad para andar desnuda, sin el pudor de existir. Para pasearme frente al placer sin anteponer mis fijaciones. Para tocar mis heridas sin tener que sanarlas.
Si usted la ve, dígale que no me cansaré de buscarla. Si yo vuelvo a encontrarme alguna vez con ella, le pediré abrirme la puerta para ser yo quien nuble o aclare mi juicio antes de tomar decisiones.
La necesito para expresar lo que siento y pienso, sin tenerle miedo a la reacción ajena. Incluso, se me antoja para que me acompañe en el aprendizaje de despedirme sin renunciar, de irme sin abandonar, de terminar sin aniquilar. Usted me entiende. Lo digo en sentido figurado. No quiero hacer mal uso de la libertad, aunque de vez en cuando me pregunto si sabré lidiar con ella o si es mejor continuar siendo prisionera de mí misma.
Si usted sabe dónde se encuentra la libertad, por favor, avíseme.