Ley censura: la batalla por controlar la narrativa y de la realidad que se lleva entre las patas

Redacción Animal Político · 9 de mayo de 2025

Históricamente, controlar la narrativa se constituye en un bien codiciado por todo político. Quien controla la narrativa, puede en ocasiones controlar la realidad.

En México se libra una batalla cada vez más evidente por controlar la narrativa pública y, en particular, por lo más importante, la clave narrativa para definir la realidad: controlar la definición de “ellos” y “nosotros. Quien logre determinar quiénes son “ellos” y quienes “nosotros”, y evidentemente ser el máximo representante del “nosotros”, gana, y gana mucho.

En este contexto, el tema que ocupa a la presidenta es la popularidad de los corridos tumbados y su apología de la violencia y no la presencia cotidiana de la delincuencia organizada como quienes ostentan el poder en amplios tramos del territorio nacional. Preocupa que se cante sobre ellos y no que estén allí para inspirar canciones. Parecería un sin sentido colocar la atención en el reflejo de la realidad y no la realidad misma. Sería un sin sentido a menos que la preocupación fuera por controlar una narrativa que afianza una realidad que no conviene reflejar.

La narrativa importa. Como ha desarrollado Harari entre muchos otros, la realidad ES narrativa. La realidad ES lo que contamos y convenimos que ha sucedido. Somos el cuento que nos contamos. El pasado y el presente se configura y juzga dependiendo de la narrativa que lo describe.

Llegando al poder, una de las primeras acciones de Hitler se volcó en torno al control de la narrativa. Teniendo absoluta claridad y descaro sobre sus aspiraciones autocráticas, puso manos a la obra y creo el Ministerio de Ilustración Popular y Propaganda encabezado por Joseph Goebbles. Aplicando lo que se ha plasmado como sus 11 principios de comunicación generó para el pueblo alemán una narrativa conveniente para los fines políticos del Reich. Los 11 principios son ahora comunes y conocidos, ampliamente utilizados por diversos gobiernos. Entre ellos son reconocibles el simplificar la compleja realidad y sus problemas a expresiones mínimas. Agrupar a los opositores y enemigos en una sola categoría. Culpar a este grupo como responsable de todo. Saturar el entorno con noticias de gravedad constantes y repetir un mismo mensaje claro y sencillo una y otra vez. En suma, construir una idea simple de “ellos” y “nosotros”.

En 1970, Henri Tajfel llevo a cabo un estudio alarmante. Utilizando agrupaciones construidas en torno a cuestiones de absoluta irrelevancia, observó cómo sus jóvenes participantes alteraban velozmente su comportamiento. De inmediato, sesgaban sus acciones para beneficiar a quienes consideraban ser su “nosotros” y actuaban para perjudicar al “ellos”. Tajfel repitió numerosas veces su experimento cambiando el perfil de los participantes y las variables nimias que definían los grupos de identidad. Una y otra vez, como ha sucedido en numerosos estudios posteriores, se confirma la ridícula facilidad con la que las personas construimos categorías inexistentes de “ellos” y “nosotros”, y la tenacidad con la alineamos nuestro comportamiento para nuestro beneficio y su desventaja.

Ezra Klein, en su libro “Por qué estamos polarizados”, hila estos estudios y aterriza en una preocupante realidad: la mayor motivación para actuar no es la afinidad con quienes consideramos ser “nosotros”, sino el grado de animadversión que sentimos hacia “ellos”. Recuerda un terrible título de algún libro que leyó: “Odiar así, es ser feliz para siempre”. Aplicado a la política, Klein expone cómo el comportamiento del ciudadano y votante se apega más a su pertenencia con un grupo o partido que a las políticas e ideas que el mismo sostiene. La acción política se define por el “quién soy” y sobre todo se define por el “quién NO soy”.

De ser así, un político o agrupación que logra sembrar el fervor del ellos y nosotros y logra ser representante del nosotros, ostentará enorme poder. No importa qué haga o no haga, en qué contradicción ideológica se enrede, su poder intocable emana del no ser “ellos”.

Es una estrategia política atractiva. Pero para lograrla hay que controlar la narrativa. La estrategia misma es, a final de cuentas, pura narrativa. Corridos tumbados y otras voces que reflejan distintas versiones de “ellos” y “nosotros” estorban.

El modelo democrático reconoce la importancia de la narrativa. Por ello, debería prever mecanismos estructurales para garantizar que nadie controle la narrativa. Brinda cobijo normativo a la libertad de expresión y propone poderes independientes que resguardarían la pluralidad de voces de un país. En particular, resguarda como elemento indispensable la libertad de prensa. La actividad periodística libre y saludable se establece como indicador del grado democrático de un Estado y como vehículo necesario para la protección de muchos otros derechos.

En México podemos reconocer muchos ejercicios para controlar la narrativa. Conferencias diarias saturan de información. Sin importar de qué se trata el problema, es un problema de causa neoliberal y las mismas frases repetidas una y otra vez salpican cualquier tema. Pero sobre todo en México se ha definido con claridad el “ellos” y el “nosotros”. En México hay pueblo y hay conservadores. Pero aun así, el control de la narrativa no es total. Necias voces que cantan, escriben y hablan insisten en turbar esta limpia historia de transformación.

Caído del cielo, llega al gobierno de México una oportunidad dorada: utilizar la propia narrativa de “ellos” y “nosotros” para justificar la necesidad de ejercer mayor control sobre la narrativa admisible en el país. Las indignantes campañas pagadas por el gobierno de Trump, enardecen la exigencia de hacer algo para pararlos a “ellos” aun cuando para lograrlo paguemos “nosotros”. La ley de telecomunicación, propuesta y luego retirada, tantea los límites del control del discurso público. Hasta donde se podrán mover estos límites aún no queda claro, pero entre corridos tumbados y leyes censura la batalla inició.

* Margarita Griesbach es coordinadora de la Clínica Jurídica de Derechos de la Infancia Ibero-CDMX y consultora independiente.