Levanté mi voz también por ti

Redacción Animal Político · 7 de agosto de 2023

Levanté mi voz también por ti

Ica nu yulo nij tlajpáyo, de corazón los saludo.

Mi nombre es Angélica. El 4 de agosto, en el marco de la conmemoración del Día Internacional de los Pueblos Indígenas, recibí una disculpa pública por parte de autoridades de la Secretaría de Salud de la CDMX, por las violaciones graves a mis derechos humanos.

Te comparto mi historia, con la esperanza de que no vuelva a repetirse.

El 11 de agosto de 2020, cuando asistí a mi consulta de control prenatal al Hospital Emiliano Zapata de Iztapalapa, me ingresaron de emergencia debido a que, pese a la medicación que tomaba, mi presión estaba muy alta. Delante de mi mamá me preguntaron: ¿con cuál método anticonceptivo te irás: DIU, implante u operación? En ese momento respondí que no quería ninguno y firmé un documento donde constaba eso.

Mi sueño era un parto natural en casa, con una partera donde tuviera apego inmediato, con el corte umbilical tardío, donde el papá de la bebé y yo pudiéramos recibirla juntos, pero en el momento de mi ingreso al hospital confirmé que sería distinto, aunque no imaginaba todo lo que pasaría después.

Primero, cuando una trabajadora social me hizo el estudio socioeconómico, me preguntó cuál era mi nivel de estudios y le contesté que estudié una licenciatura; se sonrió y me dijo: ¿en serio, una licenciada, y qué haces aquí? También les sorprendió el hecho de que hablara inglés, y eso me molestó mucho. ¿Las mujeres de Iztapalapa no podemos lograr algo así?

Cuando me llevaron al quirófano y me aplicaron la anestesia raquídea, seguramente me moví porque oí una voz de mujer que dijo: “mmm, es nerviosa, mejor a dormir”. No estuve consciente cuando llegó mi sol. La dejé sola, pero ella fue valiente por las dos.

En la madrugada, cuando nos subieron a piso, tuve muy poco calostro y mi bebita lloraba mucho porque tenía hambre. Llegó la segunda noche y seguía así. Entonces, le pedí a la enfermera de la noche que por favor le trajera un biberón. Me dijo que me entendía, pero que no podía, porque la jefa de enfermeras de la noche era muy estricta y todas le tenían miedo.

Al poco tiempo llegó la jefa de enfermeras y conforme pasaba insultaba a las otras pacientes. Cuando llegó conmigo le pregunté si se podía hacer una excepción sobre la leche de fórmula. Gritando me dijo: “si no saben cómo ser buenas madres no sé para qué tienen hijos, yo por eso no tengo”. Le contesté que cada una de las mujeres ahí merecemos respeto y que no podía tratarnos así.

Después, cuando le entregué una muestra de orina que me tomaron para análisis, dijo: “eres tan bocona que no necesitas ni el agua ni la manta”, y se las llevó. Así pasamos la segunda noche: mi beba y yo acurrucadas, con frío, en la madrugada.

Al amanecer, la enfermera de la mañana me preguntó por qué estaba sólo en bata. Le conté y sólo movió la cabeza. Nos trajo una sábana, agua y un biberón para mi beba. Ese detalle hizo la diferencia.

Semanas después de mi alta, me citaron para una revisión. En la consulta la doctora no me revisó, sólo me preguntó: “¿qué método anticonceptivo le pusieron?”. Mi mamá le contestó que un DIU y a mí me sorprendió su respuesta, pues yo no sabía. La trabajadora social que estaba leyendo mi hoja de alta dijo: “le colocaron un implante”. ¡¿Qué, cómo?! ¿Tenía un implante o un DIU? Ante la duda tomaron placa de mi vientre en ese momento y ahí vimos que, efectivamente, tenía un DIU.

¿Qué me hicieron? Pensé. No tomaron en serio mi decisión. Me sentí invalidada, invadida,  abusada.

En la tarde de ese día le platiqué a mi hermana. Estaba en una especie de shock emocional por todo lo que pasó esos tres días y enterarme de esto era el colmo. Me preguntó si quería demandar y gracias a su pregunta reaccioné a tiempo. Dije sí inmediatamente. Me dijo: te voy a acercar con GIRE.

Mi caso no es un hecho aislado. Por el contrario, la colocación de métodos anticonceptivos sin el consentimiento de las mujeres es más común de lo que se quiere admitir. El tema es que no se denuncia.

Lo que pasamos mi bebita y yo fue violencia obstétrica en varias formas. Me pasó por ser mujer y porque hay un pensamiento intrínseco de “que los pobres no deberían tener hijos”. A un hombre nunca le ha pasado, ni tampoco a las mujeres que pueden atenderse en hospitales de lujo, por lo tanto, fue violencia de género y un acto discriminatorio.

Todo procedimiento médico requiere del consentimiento, el cual debe ser libre, previo e informado, elementos que deben garantizarse siempre, y especialmente cuando se trate de pueblos y comunidades indígenas. El papel que dicen tener firmado por mí no fue obtenido con ninguno de esos requisitos, por lo cual es inválido y es, en sí mismo, prueba de que no se respetaron mis derechos.

Este camino, que ya se siente largo y sinuoso, no terminará sino hasta el cumplimiento de todas las medidas de reparación integral establecidas por la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas.

Gracias al equipo de GIRE por acompañarme, por haber creído en mí, por su vocación y por el compromiso con su misión.

A mis hijxs: esto es por y para ustedes, estoy aquí para acompañarles, amarles y defenderles cada vez que sea necesario. Les amo infinitamente.

Y a las mujeres de esta ciudad quiero decirles que levanté mi voz también por ustedes. Quiero pensar que me sucedió para que no te suceda a ti y, si te pasa, que sepas que hay herramientas y aliadxs que van a apoyarte. No es normal que te maltraten en las consultas prenatales, ni en el parto ni en el puerperio. No está bien que no respeten tu decisión. Tu cuerpo, tu decisión. El nacimiento de un ser humano debe volver a reconocerse como el acto sagrado que es. Tlaxcamatic miac, muchas gracias.

@GIRE_mx