Desde el lesbianismo: identidades, diversidad, tránsito y comunidad

Jorge Avila · 27 de abril de 2026

Por Diana Estefania Millán

“Lesbiana” ha sido una palabra fundamental para nombrarse, organizarse y resistir. Y sigue siéndolo. Aunque nombra la atracción sexual y afectiva entre mujeres, nunca ha existido una sola forma de ser lesbiana. Esta palabra ha sostenido la historia de muchas y, aunque a veces se ha intentado cerrar su significado como si pudiera quedarse fijo, las experiencias cambian, se transforman y se expanden con quienes las habitan. El lesbianismo también se ha movido, y hoy abre distintas formas de vivir el deseo y el género.

El lesbianismo no solo ha nombrado una forma de amar o desear; también se ha construido como identidad y como una manera de estar en el mundo. Asumirse lesbiana implica desafiar la feminidad hegemónica, la cisnormatividad, la sexualidad heteronormada, la maternidad como mandato y la familia tradicional. En ese sentido, también es una posición política frente a la vida.

Hoy, el lesbianismo no opera como una categoría cerrada, sino como un campo más amplio donde conviven distintas formas de nombrarse, de habitar el género y de vivir el deseo. Ya no solo nombra a quien se desea, sino también un lugar desde el cual explorar otras formas de estar en el mundo. En ese marco, las lesbianas no binaries se viven dentro del espectro no binario y, aun así, siguen nombrándose lesbianas. Bajo ese paraguas también caben experiencias lésbicas agénero, bigénero, de género fluido, demimujeres o xenogénero, entre muchas otras posibilidades. Esa amplitud muestra que el deseo y el género no siempre se ordenan de manera fija ni tradicional.

Para algunas personas, el lesbianismo no solo es un lugar de pertenencia, sino también un primer territorio desde el cual romper con la norma heterosexual, empezar a nombrarse y encontrar sentido a una incomodidad más profunda con el género. En ciertos casos, ese proceso se transforma y abre paso a una masculinidad trans o a una identidad no binaria. Eso no vuelve menos importante el lugar que tuvo el lesbianismo en esa historia; al contrario, muestra que también puede ser un territorio de inicio, exploración y tránsito.

Esta diversidad no es nueva, pero hoy se hace más visible. No todas las personas viven el lesbianismo de la misma manera ni se reconocen por completo en un solo concepto. Hay quienes lo habitan desde lugares que desdibujan las ideas tradicionales de lo femenino, quienes lo atraviesan en tensión con su identidad de género y quienes encuentran en él un espacio de exploración más que de permanencia. También están las transmasculinidades y algunos hombres trans que siguen nombrando el lesbianismo para expresar su orientación sexual o romántica, o para mantener un vínculo con una identidad y una comunidad que formaron parte de su historia. Estas masculinidades siguen habitando sus comunidades lésbicas como espacios de conexión, seguridad y resistencia colectiva.

Eso no es solo una idea teórica. También apareció con claridad en “Desafiando dogmas”, un proyecto de acompañamiento narrativo, impulsado por GIRE, con personas trans y no binaries de América Latina. En ese proceso surgieron experiencias diversas; emergió la importancia de reconocer la pluralidad de trayectorias y vivencias, así como el deseo de ser reconocides en su complejidad, más allá de estereotipos o narrativas reduccionistas. Les participantes enfatizaron que no existe una sola forma de vivir la identidad. También se destacó la idea de que las identidades están en construcción continua y que, a veces, es más fiel decir “a veces somos” que definirlas como algo fijo.

Por eso, quizá la pregunta no sea quién cabe y quién no dentro de una definición cerrada de lesbianismo. La pregunta, más bien, es qué perdemos cuando intentamos fijar de una vez y para siempre una experiencia que, en la vida real, se mueve, se transforma y a veces desborda los conceptos disponibles. Ahí aparece también una fractura dentro del propio lesbianismo: están quienes excluyen de sus comunidades a personas que transitaron hacia una masculinidad o que se nombran desde lo no binarie, y estamos quienes, sin dejar de reconocernos en nuestro lesbianismo, abrazamos las múltiples formas de vivir el género, la orientación sexual y la libertad. Mientras unas se acercan a marcos antiderechos y transexcluyentes, otras seguimos resistiendo y haciendo comunidad con nuestres amigues.

Expandir el lesbianismo no lo borra ni borra a ninguna mujer. El supuesto “borrado de las mujeres” no existe. Lo que existe es la posibilidad de seguir tejiendo redes, afectos y resistencias en un mundo donde el conservadurismo quiere vernos fragmentadas.

Bio con nombre de autora y cuenta de X: Diana Estefania Millán es Oficial de Comunicación Digital en @GIRE_mx.