De leones y tigres: Latinoamérica retratada en una fábula

Jorge Avila · 9 de abril de 2026

Por: Lucas Martínez-Villalba M.*

Durante su campaña para aspirar a la presidencia de Argentina, el entonces candidato Javier Milei repetía —a veces cantando, a veces gritando— la frase: “Yo soy el león, llegó la bestia en medio de la avenida, todos corrieron sin entender”. El estribillo forma parte de la canción Panic Show de la banda argentina La Renga. Con esta consigna, Milei se autodefinía como el “león” de la contienda electoral argentina y dotaba a su campaña de un leitmotiv: la construcción simbólica del liderazgo político como una figura fuerte y excepcional que irrumpe en un escenario de crisis.

La elección de este animal no es casual. El león, popularmente designado como el “rey de la selva”, remite a una simbología de poder y liderazgo en una realidad representada como caótica. En este marco, el león se perfila como la figura capaz de restablecer el orden. La metáfora proyecta una imagen de liderazgo excepcional: un líder que despierta a la población y la defiende frente a la injusticia. En ese sentido, el discurso se percibe como agresivo, atrevido y valiente, rasgos que constituyen el fundamento performativo de ese liderazgo.

De manera similar, el candidato de extrema derecha en Colombia, Abelardo de la Espriella, ha construido su narrativa política a partir de la figura del “tigre”. Al igual que Milei, utiliza la música como recurso simbólico, mediante la canción Tigre Abelardo de la Espriella, en la que se refuerzan atributos como la fuerza, la confrontación y la disposición a “cazar” adversarios.

Llama la atención la similitud discursiva: ambos líderes se presentan como actores políticos que no negocian fácilmente y que enfrentan a sus opositores desde una lógica de confrontación directa. Esta animalización del liderazgo político no es casual, sino parte de una estrategia narrativa que privilegia atributos como la agresividad, la territorialidad y la imposición.

Así, tigre y león se presentan como “machos alfa”, outsiders que irrumpen en un escenario polarizado para ofrecer una promesa de prosperidad basada en el libre mercado, acompañada de una narrativa de seguridad sustentada en la fuerza y en un nacionalismo de tintes románticos.

Pero en esta fábula política los animales no siempre aparecen de forma explícita. La animalización del poder se manifiesta también de manera implícita: la fuerza, la agresividad o la capacidad de imponerse sustituyen al animal en el discurso, pero conservan la lógica del depredador. Así, incluso sin nombrarlo, el arquetipo del líder fuerte sigue dominando buena parte de la narrativa política contemporánea.

Este giro discursivo responde a un contexto más amplio. El viraje político en América Latina se explica por factores como la crisis de liderazgo de Estados Unidos, las formas persistentes de injerencia internacional y las fracturas internas de proyectos progresistas. En este contexto, han ganado terreno gobiernos y movimientos de derecha en países como Argentina, Paraguay, Perú, Ecuador, Panamá, Costa Rica, El Salvador o Chile.

Aunque no todos recurran explícitamente a la imaginería animal, sus discursos comparten atributos similares: fuerza, autoridad, territorialidad y promesa de orden frente a un entorno percibido como caótico.

Así, entre leones y tigres que rugen y cazan a sus enemigos, la política latinoamericana parece haber regresado a un lenguaje antiguo: el de la fuerza, el territorio y el instinto.