blogeditor · 11 de diciembre de 2020
Well we all shine all. Like the moon, like the stars, like the sun.
John Lennon
¿Tendría redes el John Lennon del siglo XXI? ¿Cuántos seguidores tendría? ¿Habría reiniciado la amistad con Paul? ¿Fumaría de los mismos que llevaron a la muerte a George? ¿Fumaría?
La noche del lunes en que lo asesinaron, la televisión estadounidense transmitía el partido de football en el que Patriotas contra Delfines súbitamente hicieron pasar a segundo, tercer plano el resultado de su encuentro. Para cuando el silbatazo final llegó, ya todo el mundo hablaba solo de la muerte de Lennon a manos de un tipo completamente loco. Un perturbado del que no conviene dar el nombre, pues el nombre de los asesinos no debería pasar a la historia al lado del de sus víctimas.
Lo lindo de figurarse cómo serían las cosas si Lennon hubiera decidido que la limusina que los conducía de vuelta a casa a Yoko y a él entrara hacia la zona de los jardines y no se hubiera abierto sobre la calle, exactamente frente a las puertas del edificio Dakota que prácticamente hacen esquina entre la 72 y Central Park, es que las posibilidades son infinitas: desde imaginar a un Lennon completamente retirado del mundo —viviendo quizá la pandemia en el interior de un castillo, como lo está haciendo su colega y viejo amigo, Mick Jagger—, hasta colocarlo al frente de algún instituto político (que tal cosa no es tan descabellada, si tomamos en cuenta que hacia los últimos años de su vida en los Estados Unidos se supo que Lennon, además de amantísimo padre y grande proveedor, era también financista de rango bajo del IRA, el Ejército Republicano Irlandés, que contaba nada menos que con John Lennon entre sus simpatizantes); en todo caso, el mar de las elucubraciones es ciertamente inmenso pues se encuentra siempre inundado de imaginación. Lo cierto es que Lennon fue ultimado a balazos hace cuarenta años y el mundo aún vive impregnado con la esencia influyente que su sonido creó, para volver la música algo distinto a lo que era antes de la irrupción de su banda histórica.
Desde el secreto encierro en el que guarda a todo mundo (o casi) la pandemia, Paul McCartney dedicó un tweet a su amigo fallecido: “Siempre estaré orgulloso y feliz de haber conocido y trabajado con este increíble Scouser” dijo. Asuntos de lingüística, pero sobre todo de acento, en la jerga británica el término “Scouce” se refiere específicamente a los nacidos en Liverpool, hablantes característicos de esa clase de inglés que mastican los liverpudlians. Al fondo de la épica brillante que forjó aquella amistad, subyace desde siempre el germen de una historia que partió de una provincia, para extenderse por el mundo entero.
Hablante de un lenguaje refulgente, que con su musicalidad dominó la Tierra —o por lo menos, occidente— algo hay en la magia Beatle que no permite que el fuego se apague. A cuarenta años de su inesperada partida, resulta poderoso constatar que es John Lennon una de las figuras responsables de que nuestros días se enriquezcan o simplemente cambien de tono solo seleccionar alguna de sus canciones.
Qué tipazo de Scoucer.