blogeditor · 11 de agosto de 2014
Los que tenemos (o tuvimos) hijos pequeñitos, o ahijados o sobrinos, sabemos que obligarlos a hacer algo resulta, en la gran mayoría de los casos, en exactamente lo contrario a lo que deseamos que hagan. Si sabemos esto, ¿por qué “obligamos” a nuestros pequeños a leer? Y con obligar me refiero a obligarlos a leer cierto número de libros al año o a leer ciertos minutos al día. O simplemente convertir la lectura en una tarea o algo que “hay que hacer” porque se “aprende, se tiene mejor ortografía o servirá para el futuro”.
Pero así no funciona.
IBBY México/A leer es una asociación mexicana sin fines de lucro que lleva 35 años promoviendo el acercamiento de los niños y jóvenes a la lectura por placer, como una actividad divertida, gozosa, jamás obligatoria. Llevamos más de tres décadas observando cómo leen los niños y jóvenes. Cada uno de ellos reacciona a un texto de manera única: sabemos qué pasa cuando tiene la oportunidad, no solo de leer lo que él o ella quiera, sino además cuando puede compartir lo leído con personas igual a él. Nuestra metodología se centra en despertar en ellos el deseo de leer.
¿Recuerdas lo primero que leíste por gusto cuando eras pequeño? No todo nuestro público es lector. ¿El primer libro que tomaste y abriste sin que nadie te lo pidiera, solo por que tenías curiosidad? Si eres como yo, muchos nos iniciamos gustosos en la cultura escrita con cuentos, historietas, incluso las tiras cómicas de un periódico. Los que disfrutamos de pequeños leer esto, somos hoy, lo creo firmemente, los que continuamos disfrutando leer de adultos. Y no solo lo creo yo: la prueba PISA de la OCDE afirma que los niños que dicen leer por gusto, son también los mejor evaluados. También los que comienzan a leer por gusto de adultos pueden disfrutarlo y vivirlo mejor.
[contextly_sidebar id=”Nhm2WQ2zopEt5WJOoF0UwnXWjRBM8agQ”]Es verdad, es importante tanto el por qué, como el qué leo. A la larga, deseamos que más niños y jóvenes no solo lean por gusto, sino que a lo largo de un proceso acompañado, vayan encontrando los textos y lecturas que le son significativas. Hace 34 años, promovimos e inauguramos la Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil, hoy bajo la dirección de la Dirección General de Publicaciones del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. En aquellos años, había que estimular la producción de los textos para acercar a los niños a la lectura, así fue como nació la Asociación Mexicana para el Fomento del Libro Infantil y Juvenil, que un año después se afilió a IBBY y desde entonces nos nombramos IBBY México.
En el contexto de esta Feria, se empezó a trabajar en la formación de mediadores de lectura, que son quienes ponen en contacto a los niños con los libros. A la fecha, hemos capacitado a miles de mediadores en prácticamente todos los estados de la República Mexicana y también en el extranjero.
Durante los últimos años, el tema de la necesidad de leer en México se ha insertado en discursos de funcionarios públicos, líderes sociales y políticos. Con frecuencia oímos, “en México no se lee”, pero muchos no aceptamos esta afirmación.
Nosotros estamos convencidos de que sí se lee, y de que cada vez se lee más. También reconocemos que podría leer más y contenidos más diversos.
¿Qué es lo que realmente está sucediendo con la lectura? Las encuestas dicen que los mexicanos leemos menos de tres libros al año. ¿Por qué nos referimos al número de libros? Quizás porque nos interesa saber cuántos libros se compran, ¿pero se leen? Más allá de ser información de interés para las editoriales, ¿por qué no mejor preguntamos qué cosas se leen: periódicos, revistas, otros textos de divulgación o de capacitación? ¿Por qué no consideramos lectura a lo que se lee a través de la pantalla de una computadora, tableta o teléfono?
Es más, al que no lee literatura, no se le considera lector.
Si los niños y jóvenes ven la lectura como una obligación, difícilmente van a convertirse en lectores. No hemos logrado como país instrumentar una estrategia con éxito, con los alcances que se realmente se necesitan en todo el país para que cada uno de nuestros niños y jóvenes experimente la lectura por placer.
Hay elementos que estos esfuerzos realizados no toman en cuenta: veamos el qué, el por qué y el para qué se lee.
¿Qué se lee? Para cualquiera que comienza el camino lector, la selección de libros puede ser abrumadora: ¿qué libros corresponden a qué etapas lectoras? ¿Cuáles temas o géneros resultarán más atractivos? ¿Qué obras tienen la calidad que los haga trascendentes, significativos? Un buen acervo, seleccionado con cuidado y al alcance de los lectores que empiezan, les dará las pistas para ir construyendo su propio camino y disfrutar de sus descubrimientos.
¿Por qué se lee? Si la respuesta es porque “hay que hacerlo”, lo más seguro es que no se esté promoviendo la formación de lectores. Se lee por gusto, por curiosidad, por querer ver o aprender algo… Se lee para buscar nuestras propias respuestas al mundo, se lee para tocar a otros, para establecer relaciones afectivas, para construir caminos conjuntos… Gracias a lo que descubrimos y a lo que aprendemos cuando leemos, nos dan ganas de seguir leyendo más.
¿Cómo se lee? Si pedimos a los padres que lean con sus hijos o si queremos implementar círculos de lectura que permitan compartir el placer de la literatura entre colegas, ¿con qué herramientas cuentan para que su lectura sea amena y no plana, monótona y sin sentido? ¿Qué hacer después de leer? ¿Cómo conversamos sobre las lecturas sin que parezca un examen escolar?
En IBBY México/A leer estamos convencidos de que los lectores van formando su propio camino. El leer o no literatura es una decisión personal. Sin embargo, sabemos que el paso por la literatura, en especial la literatura calificada de infantil y juvenil, puede ser un encuentro amable y amoroso con una lectura que tendrá un significado personal por lo que nos dice y por cómo nos lo dice.
Ahora bien, no en todos los casos los lectores se forman solos. En muchos casos, es necesaria la intervención de un mediador. Es decir, de una madre, un maestro, un familiar, una amiga, quien sea que ponga en contacto a los libros con sus potenciales lectores. Si este mediador considera, como hemos dicho, que leer algo y conversarlo es lo importante (no hacer un examen, ni tomar tiempos, ni volverlo obligatorio), la lectura y la literatura se convierten en un espacio distinto, en una casa hospitalaria donde el lector vuelve, no por obligación, sino por el placer que le significa este espacio.
Y si hablamos de una casa hospitalaria, entonces hablamos de un espacio en donde caben todos, un espacio que incluye, en el que las voces de todos son escuchadas, sin juzgar, y en donde todos nos sabemos reconocidos. “Incluir” no significa “dar acceso” o “permitir” una participación. Incluir es un proceso permanente que reconoce que lo que nos enriquece son las diferencias, que es fundamental eliminar las barreras para que las diferencias –culturales, socio-económicas, por discapacidad, género, lengua, religión, etc., no se traducen en desigualdades sociales. Significa propiciar espacios en los que las distintas formas de mirar al mundo se encuentren y dialoguen.
La Ciudad de México será anfitriona, del 10 al 13 de septiembre de 2014, del evento de literatura infantil y juvenil más importante del mundo: el 34 Congreso Internacional de IBBY. El lema de nuestro congreso es “Que todos signifiquen todos”. Así, leer nos permite reconocernos en el intercambio con los demás.
Estos y otros temas son los que se tratarán en el Congreso Internacional de IBBY, la lectura y la literatura como espacios de inclusión, de placer compartido (y también silencioso). Dejemos ya de ponerle números a la lectura y a los lectores. Lo que queremos lograr en septiembre es ser depositario de las experiencias de formación de lectores más exitosas del mundo, para que cada día seamos más mexicanos leyendo por gusto, pero leyendo.
* Bruno Newman es presidente del Consejo de IBBY México