blogeditor · 2 de septiembre de 2014
Como dijo Jorge Luis Borges: el verbo leer, como el verbo amar, no soporta el imperativo.
Así que no importa cuántas veces digamos ¡lee!, el conjuro no transformará a los no lectores en lectores. La magia no ocurre a la voz de mando. Sin embargo, en IBBY México/A leer sabemos que la magia sí ocurre cuando propiciamos que el futuro lector elija su propio camino. Y ¿cómo sucede esto? De la manera más sencilla: leyendo. Y esta lectura comienza con la lectura del mundo. Para el bebé, el primer libro es el rostro de la madre o de quien ocupa su lugar: aprende a reconocer gestos, miradas y tonos de voz y a interpretarlos.
Es entonces cuando puede comenzar su proceso como lector. La lectura amorosa y permanente pone al niño en contacto con el mundo del imaginario y le ayuda a construir su yo interno por lo que estas lecturas provocan en sus emociones. Conforme van creciendo, los niños responderán a esas lecturas con su propia interpretación. Si son respetadas y aceptadas, sabrán que lo que construyen tiene sentido, tiene valor y, nuevamente, la lectura será ese espacio seguro y amoroso donde reciben al mundo que traen los libros y pueden expresarse con toda libertad. La relación afectiva entre un padre o cuidador que lee a un pequeño se fortalece y se construye sobre puentes sólidos y llenos de imaginación.
A partir de nuestra experiencia sabemos que entre los 0 y los 5 años, la lectura de nanas, rimas, poemas, cuentos cortos relacionados con lo cotidiano y lo fantástico serán el vehículo ideal para este vínculo afectivo con la lectura.
Cuando los niños comienzan a leer, tienen una gran curiosidad por leer todo lo escrito: anuncios, marcas, su nombre… En estas edades hay una gran curiosidad por todo lo que les rodea. Quieren saber el porqué de las cosas. La socialización se ha vuelto importante y requieren de la aceptación de sus pares.
Les gustan los cuentos que estimulen su sentido de narración y su imaginación.
Siempre sugerimos que es importante ofrecerles libros atractivos, de lenguaje sencillo, apoyados por ilustraciones que les faciliten la comprensión de la trama. Su curiosidad puede ser satisfecha con libros informativos que hablen de aquello que les es cercano: animales, autos, aviones, costumbres familiares, etc.
Muchos piensan que, al aprender a leer, ya no necesitan que se les lea. Al contrario, la compañía en el descubrimiento de las letras, las frases, las oraciones –“yo te leo y tú me lees”-, pueden asegurar que la relación con la lectura continúe teniendo el componente amoroso que la vuelve entrañable.
Conforme se van acercando a la pre-adolescencia, de cuarto a sexto de primaria, tienen una personalidad más definida y un lenguaje más complejo. Disfrutan el desarrollo de su pensamiento y razonamiento y todo aquello que signifique ingenio y humor. Buscan identificarse con los personajes, vivir aventuras y sentirse mayores. En muchos casos les gusta experimentar emociones como el miedo o el suspenso. También comienzan a interesarse por el mundo que los rodea, los temas sencillos y complejos de la convivencia social. Acompañarlos en estas lecturas, alentar que escojan aquello que les llama la atención y no lo que creemos que “deben leer” es fundamental para que la lectura continúe siendo significativa para ellos.
Si los niños y jóvenes no han vivido este proceso desde la primera infancia, aún se puede buscar con ellos su camino lector. Con ellos, no sirve destacar con énfasis el valor práctico que tiene el saber leer, puesto que lo que los puede persuadir de acercarse a los libros no es la promesa de ser grandes e importantes en un futuro, sino la recompensa inmediata de hallar en los libros un mundo placentero. Revisar qué leemos con ellos, cuáles son sus gustos, los temas que les apasionan y acompañarlos a escogerlos, leer con ellos, apoyarlos en el encuentro con textos o significados difíciles, platicar de lo leído sin juzgar, escuchando lo que ellos interpretan y alentándolos a buscar ese placer en otros libros, otros textos, otros soportes, es la mejor manera de acercarlos a la lectura
Y sobre todo nunca, nunca usar el imperativo. Que leer sea un placer, no un deber.
* Lourdes Morán es directora Técnica IBBY México/A leer