Lecciones en la India

Simón Levy · 12 de marzo de 2012

Lecciones en la India

 

“… los vicios de los individuos

 son un beneficio para la sociedad,

y el egoísmo de cada uno condiciona la prosperidad de todos.”

Fábula de las abejas

Bernard de Mandeville

Tocaron a la puerta, cuando el silencio de la noche no esperaba sonido alguno.

Ello y el infernal calor con hálito de especias, terminaron por impedir que durmiera en mi primera noche en Bangalore, la ya famosa ciudad India. Apercibido de que solamente alguien del hotel podría buscarme a esas horas, abrí sin mayor indecisión la puerta de mi cuarto. Se reveló ante la oscuridad del pasillo una ráfaga de viento con olor a cardamomo, cuando apareció una persona del hotel que traía un pequeño sobre, mismo que me entregó después de saludarme con risueña alegría intentando así, disculparse por lo inoportuno de su presencia. El mensaje decía:

 

“Señor Levy, bienvenido a Bangalore, pasaré en punto de las ocho de la mañana por usted,

 Shantu”.

 

El Sr. Shantanu Chakrabarty, -a quien yo llamaba Shantu- era el gerente de ventas de la empresa de motocicletas TVS Motor Company, me llevaría a recorrer la planta para luego firmar un acuerdo de representación en México.

Finalizado el episodio en que feneció mi sueño de esa noche, recordé, para hacer tiempo mientras aparecía la luz del día, mi accidentada llegada al aeropuerto de Chennai, al ver abarrotados decenas de automóviles Chevy Bel Air 1958, Mercedes Benz Italian Grand o los Hudsons Hornet, todos ellos con matrícula de taxistas. La India era, en mis expectativas, mucho más de lo que estaba viendo.

Las horas de la madrugada se estaban agotando, por lo que me alisté tempranamente para bajar a desayunar.

Un festival de curries y hierbas con diversas clases de arroz basmatí combinaban con algunos intentos de desayuno occidental para los extranjeros del Hotel Hyderabad a las afueras de Bangalore.

Shantu llegó puntual por mí; la cita sería en dos horas, por lo que salimos a caminar un par de cuadras para recoger su Fiat 500, un pintoresco automóvil rojo de la mitad del siglo pasado, adornado por Shiva y algunas imágenes de la mitología hindú que nos llevaría a la planta de las motocicletas TVS.

Asaltó mi atención un pequeño local de donde se desbordaron fácilmente más de cincuenta jóvenes a las tropicales calles de Bangalore. Aturdido por la multitud, le pedí unos instantes a Shantu para apersonarme en aquel local, no sin antes preguntarle a qué se debía aquel embrollo humano.

 

“Son centrales de negocios y de prestación de servicios que ha hecho el gobierno para los jóvenes”– dijo Shantu con una parsimonia y acento de cotidianeidad por aquel evento.

Al entrar, me topé con Ankar, un joven de 25 años, con tan extraordinario acento inglés eliminando cualquier vestigio de la diferencia lingüística hindi; estaba hablando por video en Skype con un oriundo de Oregón, en Estados Unidos.

Movía con maestría las ventanas de “Windows” y le mencionaba los servicios de traducción, diseño y presentaciones corporativas que ofrecía su empresa “Goto Corporate Services”.

Compartió sus datos a través de LinkedIn, una herramienta de redes sociales por Internet, y le mostró sus diseños de presentación y tarjetas por medio del catálogo de fotos de Flickr y también le dio los datos de su blog para obtener sus comentarios sobre los diseños que estaría haciendo.

Después de que Harry, el cliente norteamericano de Ankar, le encargó realizar cuarenta presentaciones corporativas y el diseño de un site de Internet de su empresa, mi asombro creció aún más, cuando observé que Ankar se despidió amablemente, no sin antes cobrar, por sus servicios, un anticipo por medio de su terminal de tarjetas de crédito.

Tomó un pequeño suspiro.

–       Es mi primer descanso en diez horas– dijo Ankar con tono amigable.

Por un pequeño lapsus se asomó un dejo de tristeza, dando pie a que le preguntara qué le sucedía.

Con amena seguridad de compartir su experiencia con un desconocido dijo:

–       “Mi hermano mayor tuvo que viajar a Detroit para tener un negocio y darnos una oportunidad para crecer. Hoy, desde Bangalore yo atraigo a los clientes y no voy tras ellos”.

–       “Tu secreto es hablar muy bien inglés y tener un buen sitio de Internet ¿cierto?”

–       “No Señor”, dijo tajante, “La clave no es estar en Internet, sino conseguir que te vea el que tú quieres que te encuentre”.

 

Ankar fue un ejemplo de las otras decenas de jóvenes que con el Internet estaban escribiendo la historia de cómo se están haciendo los negocios en la era microglobal.

En solo cuestión de unos años –sobre todo quienes se dedican a la comercialización de artículos-, pasamos de competir con empresas en la misma calle a afrontar individuos “virtuales”, que quizás no tienen ni prestigio ni domicilio establecido.

La obsesión tradicional de las Nación-estado consistía en que antes de que una empresa alcanzara el éxito internacional tenía que crecer y madurar en su país; necesitaba pasar por un mercado interno para saltar al extranjero.

Sin embargo y cómo alguna vez dijo Kenichi Omahe en su libro El próximo escenario global  “el mundo ya ha alcanzado la posibilidad de mantenerse efectivamente libre de fronteras. A estos factores de negocios los he llamado las 4C –comunicaciones, capital, corporaciones y consumidores”.

En efecto, en el mundo de hoy han desaparecido muchas limitaciones para interactuar y los negocios se pueden hacer dándole la vuelta a la geografía.  Los generadores de rentabilidad hoy son aquellos que saben transferir conocimientos para generar nuevos conocimientos; quienes transforman eventos en experiencias y por ello -en un mundo en el que el coeficiente intelectual se convierte en uno de los bienes más importantes-, lo que interesa es agrupar y organizar al máximo número posible  de gente brillante.

Hoy los individuos pueden hacer pequeñas empresas que se constituyen en imanes para el capital; atraen fondos e inversión de todas partes del mundo. Individuos como Michael Dell, por ejemplo, sirven de inspiración.

Entonces, ¿por qué las economías y los Estados siguen buscando permanentemente generar el binomio empleado-empleador en lugar de dotar de capacidad e infraestructura tecnológica para generar más y mejores emprendedores?

Los emprendimientos, deben ser meticulosa y escrupulosamente hablando, un esquema de política pública en un Estado eficaz que busque aminorar la enorme carga laboral que aqueja y seguirá aquejando a las finanzas públicas, si tarde que temprano, no abrimos los ojos a esta nueva realidad.