blogeditor · 30 de mayo de 2022
Entre gritos, pancartas y mucha indignación, un grupo de pobladores mayas irrumpió en el “6º Foro Ambiental 2022: cambio climático”, que se realizaba el pasado 27 de mayo en Mérida, Yucatán. Eran habitantes de Sitilpech, comunidad amenazada por la contaminación de una megagranja porcícola de la empresa Kekén, una de las principales organizadoras del evento. De la mano de autoridades municipales y estatales, empresarios se habían reunido para hablar de problemas ambientales y para olvidar, fallidamente, de que se les acusa de ser responsables del deterioro de la región.
El Grupo Porcícola Mexicano–Kekén es de los más influyentes y poderosos de la península. A través de su empresa Producción Alimentaria Porcícola (PAPO) cuenta con cadenas de producción que van desde el trabajo genético y la cría hasta la distribución del producto. Se calcula que produce más del 80% de los cerdos en la Península de Yucatán, con un promedio de 6 mil cabezas por día.
Sin embargo, gran parte de la producción de Kekén no es para el consumo local sino para exportar a Hong Kong, China, Estados Unidos, Canadá y Chile, entre otros países. El trabajo de la empresa consiste en trasladar la huella ambiental que generaría en esos lugares la producción de cerdos a gran escala para depositarla en la Península de Yucatán, zona sumamente vulnerable a este tipo de actividades debido a su suelo kárstico. Gran parte de las megagranjas que se encuentran en la región no cuentan con todos los permisos requeridos, ni con medidas de mitigación para las emisiones de CO2 que producen y para el excremento que se filtra al subsuelo hasta llegar al agua del sistema subterráneo de cenotes.
Desde hace años, diversas organizaciones de derechos humanos, personas académicas y poblaciones mayas han denunciado que la empresa es una de las principales responsables de la contaminación del agua en Yucatán. Los casos más mediáticos son los de Kinchil, Sitilpech y Homún, aunque existen otras comunidades que igual han reportado afectaciones.
El caso de la megagranja de Kekén en Homún ha sido particularmente atendido por la agenda pública yucateca, debido a que dicho complejo de poco más de 50 mil cerdos amenaza los cenotes de la comunidad, necesarios tanto para el uso humano del agua como para las actividades turísticas que dan sustento a muchas de sus familias.
Kekén presuntamente sería de los principales clientes de publicidad de Grupo Sipse, la cadena de medios más importante a nivel local. Además, activistas han acusado que continúa su expansión a costa del medio ambiente gracias a su cercanía, si no es que complicidad, con el Gobierno de Yucatán y la administración de Mauricio Vila.
Conforme han aumentado las críticas hacia la empresa, también han aumentado sus intentos por limpiar su imagen. El Foro Ambiental 2022 fue uno de ellos, pero las y los habitantes de Sitilpech irrumpieron con botellas de agua contaminada, con etiquetas similares a los de un popular refresco pero con la leyenda “Agua Kekén”.
La Península de Yucatán atraviesa una crisis ambiental originada por distintas actividades y megaproyectos, pero sin duda alguna las megagranjas porcícolas y bovinas se encuentran entre las principales causas. Pareciera que quienes tienen el poder de decisión en una de las empresas con mayor responsabilidad en el rubro prefieren no ver lo evidente. Y en el mejor de los casos, intentan lavarse el rostro con la misma agua que contaminan a diario.