Maricela Rosales · 18 de abril de 2011
Detesto movilizarme en microbús, pero últimamente no me queda otra.
El otro día, uno de ellos transitaba y cruzaba la ciudad como si se tratara de una carrera.
Ya en los semáforos, a la espera de la luz verde, aceleraba el motor del ruidoso colectivo, entonces peatones dispuestos a cruzar por su senda, dudaban, miraban de reojo su semáforo -algunos cruzaban la calle mientras otros (temerosos) esperaban a que la lata de sardinas-humanoides se dispusiera a avanzar.
Una vez salía disparado no frenaba en las esquinas (sin semáforos) y al son de los bocinazos lograba que automovilistas y peatones buscaran sus resguardos. ¡Animal! pensé….
Y así seguía su maratón espantando hasta los niños que a esa hora salían de la escuela, ya exhaustos, de sus clases. Tampoco parecía conocer el embrague y a cimbronazos jugaba con la aceleración y la cinética obligándonos a bailar y reforzar nuestras pantorrillas a fin de evitar vaivenes más que violentos, amén de aterrizadas de bruces unos contra otros.
Así fueron más de 25 cuadras hasta que me cansé, caminé a empujones, entre ese mar de olores y cuerpos apretujados, me detuve a escasos 50 centímetros por detrás del conductor y de un golpe relámpago volé su cabeza contra el parabrisas…
!!!!¿¿qué tal??!!!!
Ok estaba solo soñando.
LA BF
Ese temor a las suegras siento que es un poco exagerado. En lo que a mí respecta (y con todo y lo extrañas e inestables que suelen ser mi relaciones) el factor “suegra” nunca ha sido un problema. Las señoras son todas lindas y amables conmigo, aunque tengo que admitir que todo eso se debe en parte a que soy la definición de una “buena muchacha”, entendiendo por esto buena hija, independiente y respetuosa, con educación, modales y que además de todo hago pastelitos que me quedan sabrosos; ya mis múltiples defectos son otra cosa, además (como pueden atestiguar quienes me conocen) son muy detallista, no sé, me nace hacer cosas y tener pequeñas consideraciones con los demás.
A lo que voy con todo esto es que las pobres suegras han sido crucificadas por años; por supuesto hay algunas que se lo merecen.
El meollo del asunto es que por andar odiando de cajón a la suegra/potencial suegra, uno pierde de vista a la única mujer que en verdad puede arruinarnos la relación, la vida, la reputación y todo lo que se les ocurra:
LA MEJOR AMIGA
Sí, esa souless bitch a la que tu novio considera iluminada por las fuerzas superiores, que es simpática, que lo conoce probablemente de años y mucho mejor de lo que él mismo se conoce, que estuvo con él la última vez que le rompieron el corazón, que prácticamente vive en su casa, se lleva súper bien con sus padres y hermanos, a la cual acude para decidir desde el color de la camisa hasta la carrera que estudió.
Ese ente maléfico que hasta cierto grado controla las decisiones de tu amorcín.
Analizándolo, en caso de que te toque una suegra infernal, todavía tienes la esperanza de que tu novio se lleve mal con ella, pero eso no puede suceder con la mejor amiga, porque de hecho ella es la persona con la que acude cuando se pelea con la potencial suegra infernal.
A ella la escucha y le pide consejo. Tienes todas las de perder con la mujer perfecta ante los ojos de tu novio, y si es guapa, ¡¡¡no!!! Hay una gran posibilidad de que tu novio esté enamorado de ella y ni siquiera se haya dado cuenta, o que tengan una de esas relaciones platónicas en las que los dos se desean pero ninguno se anima “para no arriesgar la amistad”. Dudas, dudas y dudas en tu pobre aturdida cabecita.
El día que la conoces, que probablemente será en un Sanborn’s o en su cumpleaños, o yo qué sé, te pones súper súper guapa, pero no tan guapa como para que piense que eres una zorra.
“Mira amor, ella es Laura” “Laura, mi novia”
“Ay mucho gusto, tenía muchas ganas de conocerte”
“Ay igual, yo también tenía muchísimas (eeyyy) ganas de conocerte, Carlos habla mucho de ti”
“Y qué te dice eh? Cosas buenas espero jiji” (y ahí agarra por la cintura a tu noviecito)
“jajaja claro que sí, qué, ¿nos pasamos?”
Tu previamente encomendada a la virgencita, al chamán de su preferencia, a Mahoma y a las fuerzas superiores (digo, pa’ no errarle) te avientas una tarde platicando con tu pastelito y su tan temida mejor amiga. Al final de la noche, cuando te lleva a tu casa, te dará las gracias por haber sido tan linda y te dirá lo emocionado que está porque la Laurita y tu se hayan llevado tan de pelos. Pues ya veremos.
Por supuesto, que en cuanto llega a su casa el susodicho sujeto le habla a la Laurita, o al otro día que la ve, le pregunta:
“Que tal, ¿cómo te cayó Maricela?”
“Ay súper ¡bien! es súper linda”
¡¡Sabrá el dios del huerto de las sagradas lamentaciones qué quiso decir con eso!!. Si lo anterior va seguido por un “a ver si salimos TODOS con la bolita del sábado”.
Probablemente ya la libraste, pero si empieza con el “osea, se ve que de verdad está clavada ¿eh?” “ah sí, ¿por qué lo dices?” “Ay Carlitos, ¿pues qué no ves que es súper posesiva contigo? Osea, cada que te volteabas me echaba unos ojos, osea, cero que ver, tu sabes que te quiero como a mi hermanito” Y ahí la souless bitch ya le sembró la duda al zonzo de Carlitos de si en verdad no serás una loca psicópata que le cortó un mechón de cabello para realizar rituales satánicos cuando hay luna llena.
Y no, no exagero.
Es difícil lograr el balance entre tratar de cuidar a tu amigo e inmiscuirse de manera inapropiada en su vida. Lo cierto es que todos traemos una BFB (Best Friend Bitch) por dentro, pero hay que controlarse, digo, hay que ser más solidarias como género.