blogeditor · 3 de agosto de 2018
Por: Juan Carlos Gutiérrez Contreras
México se ha vuelto una inmensa fábrica de víctimas, y al momento no parece haber disposición de las autoridades de hacerse cargo de esta población agraviada que demanda lo razonable: justicia, asistencia, protección, verdad y reparación del daño. Un Estado omiso en la tutela de los bienes y los derechos de las personas se convierte en cómplice de los victimarios, por lo que éste tiene la elevada responsabilidad de crear un sistema que permita a las víctimas o a sus familiares encontrar un acceso oportuno a mecanismos que contribuyan a eliminar la injusticia y permitan la reparación integral de sus daños.
La reciente irrupción de nuevos discursos en el país a partir del cambio de gobierno, generan múltiples expectativas. El anuncio de crear comisiones de la verdad para esclarecer las graves violaciones a los derechos humanos sucedidos en el país, la implementación de un plan nacional de reparaciones o el impulso de un esquema de justicia transicional merecen profundas reflexiones, pero en especial el cumplimiento de algunas premisas básicas de actuación que consideramos necesarias para dar un viraje de timón y avanzar hacia un verdadero proceso de pacificación como el anunciado.
Garantizar los derechos de las víctimas es fundamental para un país que busca la paz, rechaza la corrupción y pide justicia. Hemos presenciado como, a partir de la expedición de la Ley General para las Víctimas, se han dado algunos avances, pero también múltiples obstáculos para el efectivo goce de estos derechos, por esta razón consideramos que es necesario continuar difundiendo la Ley y empoderando a todas las víctimas para que se apropien de este marco jurídico y exijan su cumplimiento. La Ley General de Víctimas, debe ser el marco central de actuación de la política de Justicia Transicional propuesta por el Gobierno electo.
En esta reflexión debemos recordar que México ha construido su sistema de justicia sobre la base del trato desequilibrado hacía las víctimas. La lógica de actuación es ramplona, cuando un juez emite una sentencia, alguien ha ganado y alguien ha perdido el juicio. La víctima, en aspectos esenciales, no gana nunca, pues el sistema penal mexicano, no está preparado para comprender los testimonios de dolor y sufrimiento por las violaciones sufridas, así como las vicisitudes por las que éstas pasan cuando se enfrentan a la búsqueda de la verdad y la justicia.
Por esta razón, hoy existe un gran reclamo social por construir una verdadera política pública de atención a las víctimas, independientemente del modelo que se quiera impulsar, y ésta debe pasar inexorablemente por la creación de una reinterpretación comprensiva del fenómeno social que el país padece, especialmente que, sin dejar de lado a las víctimas del delito, incorpore y reconozca a aquellas que han sufrido violaciones graves a los derechos humanos y contribuya, si no a resolver a corto plazo todas las demandas de quienes han sido lastimados y dañados en extremo, sí en sentar las bases para una reforma estructural al sistema de justicia, que evite que se repitan las condiciones que han permitido el deterioro social en el que nos encontramos.
Consideramos que el combate a la impunidad es la premisa básica de cualquier proceso de trasformación.
Si el Estado continúa fingiendo en el combate a la impunidad, premisa básica de cualquier modelo de justicia, corremos el riesgo de caer nuevamente en el abismo de las promesas incumplidas
Los mecanismos judiciales, las comisiones de la verdad o los criterios que se asuman desde la justicia transicional deben permitir, por una parte, la creación de modelos de acceso a la información reconociendo beneficios por la colaboración eficaz para esclarecer los hechos y determinar las responsabilidades de los perpetradores, y de otra, reivindicar que la investigación y sanción de las graves violaciones a los derechos humanos y el esclarecimiento de la verdad, debe pasar básicamente por la recuperación de la confianza en las autoridades, todo lo cual no será posible si se desconocen algunos criterios básicos de actuación.
Por lo anterior, y para evitar caer nuevamente en el abismo de las promesas incumplidas, todos debemos trabajar en una política renovada en la materia, y en particular los artífices del nuevo gobierno, deben tener en cuenta, por lo menos, los siguientes elementos:
Retomar los anteriores elementos, implica reivindicar la vigencia de la Constitución y la obligación de las autoridades en el respeto a los derechos humanos como una condición impostergable para el fortalecimiento de una sociedad que se encuentra lacerada por los escándalos de corrupción y la complicidad institucional con las graves violaciones a los derechos de las personas.
Los procesos anunciados por el gobierno electo deben enfocarse en una dinámica viva de empoderamiento de las víctimas y de quienes hemos decidido avanzar junto a ellas. ¡Exigimos un lugar a la palabra!
* Juan Carlos Gutiérrez Contreras es director de IDHEAS, Litigio Estratégico en Derechos Humanos A. C., asociación civil sin fines de lucro especializada en el uso del litigo estratégico, la documentación y el acompañamiento jurídico de víctimas de violaciones graves de derechos humanos.