Las razones nuestras de cada día

blogeditor · 21 de enero de 2022

Las razones nuestras de cada día

Cada generación, sin duda, se cree destinada a rehacer el mundo. La mía sabe, sin embargo, que no lo rehará. Pero su tarea quizás sea más grande. Consiste en impedir que el mundo se deshaga“.

Albert Camus

 

Una campaña de desprestigio afecta no solo la labor de defensa que realizan las y los activistas de derechos humanos y periodistas sino la construcción colectiva de un cambio social.

El pasado 11 de enero, en el noticiero conducido por el periodista Omar Cepeda en El Financiero TV, se entrevistó a una persona desconocida que se hizo pasar por el Coordinador de Proyectos del Instituto Mexicano de Derechos Humanos y Democracia, el maestro Michael Chamberlin, situación que aprovechó para insultar al periodista, al medio de comunicación y a su audiencia.

Este hecho se registró en el preocupante contexto que enfrentan personas defensoras de derechos humanos y periodistas en México.

¿A quien se ataca en una campaña de desprestigio: a la persona, a sus ideas o a su corazón?

No es fácil despertar cada mañana frente a los hechos más dolorosos, crueles, injustos e indignos de la realidad, luego analizar, elaborar un criterio válido para muchos, pensar en función de sobrevivientes, de vulnerables, sentirse en su piel, producir palabras y tomar acción.

En una campaña de desprestigio se ataca a la persona, se le minimiza, ridiculiza, se crean falsos, se tergiversan sus palabras, sus gestos, se agrede a su familia, a su entorno, se desdibuja y se construye su antítesis. Luego frente al espejo de odio, rechazo o perversión es imposible que todo quede intacto, sentimos miedo, dolor, rabia y se nos acaba la paciencia. Nuestra integridad está lastimada.

Lleva mucho tiempo construir un discurso, elaborar argumentos, llevar las opiniones del plano personal a la elaboración de narrativas válidas para muchos, que le dan sentido a la realidad y valor a la verdad. Atreverse a expresar las ideas, a compartir esa construcción públicamente, a encontrar en el otro la aceptación o negación, acuerdo y desacuerdo, el complemento y la oposición. Es este ejercicio lo que enriquece lo común, el pensamiento colectivo, y desde donde se construye la democracia.

Pero cuando se atacan las ideas a través de una campaña de desprestigio, no se construyen argumentos, ni se ofrece otra visión, se anula y se descarta generalmente de manera violenta, grotesca o valiéndose de la burla.  A veces se disfraza de divertido, pero lo que subyace es la práctica de desinformar a la opinión pública.

Luego de sufrir una campaña de desprestigio que puede dañar profundamente la labor de defensa de los derechos humanos, el trabajo construido con ética y rigurosidad de las y los periodistas, estamos desmoralizados, y con esto el ánimo y la esperanza que nacen en un corazón comprometido se van al traste.  Demora entonces volver sobre los pasos, retomar la lucha, reanudar la investigación, volver a decir algo.  El silencio aparece tarde o temprano, toca volver a comenzar muchas veces, a construir de nuevo el mensaje, a señalar los hechos.

En mi opinión si el silencio llega hasta el corazón, si el desprestigio nos vuelve mudo el ánimo y nos agota las razones nuestras de cada día para continuar, no pierde solo la persona aislada por el daño, pierde la sociedad.

Vuelva entonces el corazón a librar la batalla, no se deje pasar el daño, no se deje de señalar la violencia, no volvamos a ser las y los mismos después de la afrenta, el espíritu aprende que también hay luz y compañía en el recorrido.

* Silvia Chica Rinckoar (@ChicaRinckoar) es directora ejecutiva del Instituto Mexicano de Derechos Humanos y Democracia A. C. (@IMDHyD).