blogeditor · 17 de julio de 2012
Los electores a la hora de votar tienen razones y no se sostiene, como plantean algunos, que los votantes actúen solo como sujetos pasivos manipulados, sin más, por los partidos y los medios. Sin duda que es un elemento que debe tenerse en cuenta en el análisis, pero junto a otros muchos.
En la encuesta de salida que el Grupo Reforma hizo el pasado primero de julio incluía la pregunta de cuál había sido la razón para votar por el candidato que habían elegido (Reforma, 02.07.12). De esta encuesta se deriva lo siguiente:
Las razones principales que esgrimen quienes votaron por Enrique Peña Nieto (PRI) son: Siempre he votado por el PRI (62%); él ayuda a la gente (50%); por sus ideas y propuestas (50%). La realidad muestra que el PRI sigue manteniendo una amplia base social y conserva un electorado fiel. Esa es, al final de cuentas, la razón que explica el resultado electoral. Surgen muchas preguntas sobre la forma en que el PRI ha logrado mantener esa lealtad partidista.
En el caso de Andrés Manuel López Obrador (PRD) las más importantes razones para votar por él son: Es honesto (48%); representa un cambio (45%); ayuda a la gente (32%). Es la persona y no el partido quien concita el voto. Él tiene un amplio grupo de seguidores que se identifica con su persona y un proyecto de cambio. La lealtad personal y no partidaria explica el voto a favor del perredista. La pregunta es; si a partir de esta realidad él seguirá como candidato del PRD en 2018 o si habrá espacio para otras candidaturas.
La candidata del PAN, Josefina Vázquez Mota, obtiene el voto a partir de las siguientes razones: garantiza la continuidad (87%); es la menos mala (36%) y es honesta (30%). Lo que se deriva de estos datos es que quienes votaron por ella lo que querían es que continuara el proyecto. Ella, al parecer, solo obtuvo el voto del núcleo duro del panismo tradicional. No logró adhesiones personales y tampoco añadió nuevos simpatizantes a su partido. La pregunta es si el PAN, ya fuera del gobierno, podrá plantear una nueva propuesta, programática o personal, que atraiga al electorado.