blogeditor · 12 de septiembre de 2014
Jën Poj busca revivir con
nuestra música que nos
alegra, seguir la vida colectiva,
ver el alma de nuestro pueblo
enverdecer y florecer.
Zenaida Pérez.
Jën Poj significa en mixe vientos de fuego. Con la energía y el viento es posible transmitir ondas, por eso la radio difusora de Tlahuitoltepec, Oaxaca, lleva ese nombre. Jën Poj es un proyecto de comunicación indígena, alternativo, libre y autónomo. Su programación es bilingüe, se transmite en mixe y en español. Su propósito es ser un enlace entre las comunidades, preservar su cultura, comunicar sus demandas. El equipo con el que transmiten lo han adquirido con donaciones de la comunidad, rifas y colectas en bailes y fiestas patronales. Llevan 13 años transmitiendo y se han logrado mantener con la publicidad de los pequeños comercios de la zona.
Cuando se estaba discutiendo la aprobación de la Ley de Telecomunicaciones, el Presidente del Consejo Directivo de la Cámara de la Industria de la Radio y la Televisión, Tristán Canales, lanzó un muy desafortunado mensaje al Congreso:
“La comercialización de espacios publicitarios en estaciones públicas y sociales es una competencia desleal que representa un grave riesgo para la industria de la radio y la televisión (…) Para ser consistentes con lo que establece nuestra Constitución, el Congreso debe tener en cuenta que al permitir a las estaciones sociales que comercialicen, les otorgaría una ventaja competitiva en el mercado en detrimento de las concesiones comerciales”.
Las radios comunitarias son estaciones sociales concesionadas por el gobierno para dar voz a grupos históricamente marginados, pero para el Señor Canales lo justo es que las radios comunitarias no le quiten clientes a la industria de la radio y la televisión. Su idea es, por ejemplo, que la vulcanizadora de Tlahuiltoltepec pague por anunciarse en una cadena de radio o ¡mejor aún! en una televisora.
Al final su mensaje no fue tan desafortunado (por lo menos para él y para los integrantes de su industria) porque senadores y diputados le hicieron caso y prohibieron que las concesiones que se asignen para radios comunitarias puedan vender publicidad.
Los legisladores simularon, reconocieron la figura de radios comunitarias y les otorgaron concesiones, pero les impidieron obtener medios para subsistir. Miren que conveniente: llenan sus discursos diciendo que la nueva reforma en telecomunicaciones reivindica derechos de las comunidades indígenas y reconoce sus radios comunitarias pero saben que en realidad las han condenado a desaparecer. Ello complicará la comunicación entre los pueblos para emprender acciones para la defensa de su tierra y territorio contra los proyectos extractivos aprobados en la reforma energética y de paso quedan bien con la CIRT. Tres pájaros de un tiro.
El asunto irá a parar a los tribunales. Las radios comunitarias que pudieron ampararse defenderán su derecho a la libertad de expresión, el derecho a la información y el derecho al acceso a tecnologías de la información. Ojalá los jueces tengan otra interpretación sobre “competencia desleal” y “ventaja competitiva”, porque de no ser así eliminarán las posibilidades de subsistencia de estas radios comunitarias y eso sí que es inconsistente con la Constitución. Un derecho al que no se puede acceder no existe.