Las protestas en Albania

Joel Aguirre · 29 de junio de 2026

Las protestas en Albania

Albania lleva varias semanas inmersa en una ola de protestas masivas conocida como la “Revolución del Flamenco”. Aunque inicialmente surgieron como una movilización local en contra la construcción de un megaproyecto turístico en un área natural protegida en la costa sur albanesa, las manifestaciones pronto trascendieron el conflicto ambiental y evolucionaron hacia un movimiento de mayor alcance. 

A las causas originales se sumaron otras demandas como denuncias por corrupción gubernamental, la privatización de bienes públicos, el control estatal de los medios de comunicación, el deterioro de las condiciones económicas, la falta de transparencia en la toma de decisiones y un creciente descontento con el rumbo político y económico del país, convirtiendo las protestas en un cuestionamiento más amplio al modelo de desarrollo económico impulsado por el gobierno en Tirana.

Aunque las protestas fueron detonadas por la oposición ciudadana a un megaproyecto turístico en una zona natural protegida, impulsado por Affinity Partners, el fondo de inversión de Jared Kushner, yerno del presidente estadounidense Donald Trump, reducir las manifestaciones a un rechazo contra una inversión extranjera o contra el desarrollo turístico per se resulta insuficiente para comprender la naturaleza del conflicto. El proyecto actuó como catalizador de un descontento social mucho más amplio.

Las movilizaciones deben analizarse dentro del proceso de transformación que Albania ha experimentado durante las últimas tres décadas. Tras el colapso del régimen comunista en 1991, el país emprendió una transición simultánea hacia la democracia y la economía de mercado con una “terapia de shock” en la que se implementó una serie de políticas de desindustrialización, privatización y desregulación de la economía tan agresivas que llevaron a Albania al borde de una guerra civil a finales de la década de los años 1990.

El mismo FMI ha criticado las consecuencias fiscales y macroeconómicas

Este proceso estuvo acompañado por una profunda crisis económica, el deterioro de las condiciones de vida, el debilitamiento de las instituciones estatales y una emigración masiva que persiste hasta hoy. La rápida privatización, la desregulación económica y el desmantelamiento de gran parte de la industria nacional dispararon el desempleo, empujando a cientos de miles de albaneses a emigrar y frenando el desarrollo económico del país durante décadas.

En este contexto, el gobierno del primer ministro Edvin Rama ha mantenido la lógica económica de las reformas implementadas por sus antecesores con una serie de políticas de reducción del gasto público y de privatización de la mano del Fondo Monetario Internacional; sin embargo, incluso el mismo FMI ha criticado las consecuencias fiscales y macroeconómicas de dichas políticas.

Sin embargo, en los últimos años el panorama comenzó a cambiar. El gobierno impulsó una estrategia para convertir al turismo en uno de los principales motores del crecimiento económico y atraer mayores flujos de inversión extranjera. Gracias a su extensa costa sobre los mares Adriático y Jónico, así como a costos más competitivos que otros destinos mediterráneos, Albania experimentó un notable auge turístico. Este dinamizó sectores como la construcción, el comercio y los servicios, atrajo crecientes flujos de inversión extranjera y contribuyó a un periodo de crecimiento económico sostenido.

No obstante, este crecimiento también ha generado nuevas tensiones. El rápido desarrollo turístico ha transformado numerosas zonas costeras, elevado el valor del suelo y encarecido el costo de vida para la población local. Paralelamente, han aumentado los cuestionamientos sobre la asignación de concesiones para megaproyectos turísticos y la creciente participación de desarrolladores privados en áreas de alto valor ecológico, alimentando preocupaciones sobre posible corrupción, falta de transparencia y la protección del patrimonio natural.

Un proyecto con un costo medioambiental demasiado elevado

En este contexto surgió el detonante de las protestas: el plan de un megaproyecto turístico, valuado en más de 1,500 millones de dólares, en la isla de Sazan, frente a la costa sur de Albania, así como otros proyectos en Zvërnec y áreas cercanas a la laguna de Vjosa-Narta en Vlora, que en conjunto están valuados en más de 4,700 millones de dólares. El desarrollo contempla la construcción de hoteles de lujo, villas, marinas y complejos recreativos orientados al turismo de alto poder adquisitivo.

Sin embargo, la comunidad local, organizaciones ambientalistas y diversos colectivos ciudadanos consideran que el costo ambiental del proyecto podría ser demasiado elevado. La isla de Sazan conserva ecosistemas prácticamente intactos debido a las restricciones de acceso que existieron durante décadas, mientras que la cercana laguna de Narta es uno de los humedales más importantes de los Balcanes y alberga especies protegidas, como los flamencos, símbolo de las protestas.

Para muchos de los sectores que se oponen al proyecto, el problema no radica únicamente en el posible impacto ambiental, sino también en el precedente institucional que supone flexibilizar la protección de espacios naturales para facilitar grandes inversiones privadas. Diversos grupos sostienen que las reformas legales aprobadas en los últimos años han reducido los mecanismos de supervisión y transparencia sobre el desarrollo de infraestructura turística. A ello se suma una persistente percepción de corrupción y de que las decisiones gubernamentales favorecen a actores con mayor poder económico e influencia política, en detrimento del interés público y de las comunidades locales.

Esto se ve reflejado en la participación de Jared Kushner e Ivanka Trump como impulsores del proyecto. Su participación convirtió lo que podría ser un debate nacional sobre ordenamiento territorial en un tema de interés global. Sin embargo, la notoriedad de los inversionistas no debe ocultar que el problema de fondo en Albania son las tensiones sociales acumuladas durante décadas alrededor del modelo de desarrollo económico basado en la privatización, la desindustrialización y el turismo.

Las movilizaciones no pueden interpretarse simplemente como un enfrentamiento entre grupos ambientalistas y el gobierno. En ellas convergen preocupaciones relacionadas con la calidad institucional, la transparencia en la toma de decisiones, el quién tiene acceso a los recursos naturales, entre quiénes y cómo se distribuyen los beneficios del crecimiento económico fruto del turismo. De esta forma, las protestas en las distintas ciudades albanesas no son solamente producto del rechazo a un proyecto turístico en específico. Se trata, en esencia, de un rechazo social a la forma de gobernanza del país y a las reglas que rigen el desarrollo económico de Albania.