Las presas en México

blogeditor · 22 de agosto de 2020

Las presas en México

En un país tan heterogéneo y extenso como México, las presas aseguran el abasto de agua a sectores importantes de la población, dan vida a actividades fundamentales como la agricultura, protegen a la gente ante eventos meteorológicos extremos y permiten incluso la generación de energía eléctrica. En México existen un total de 6 mil 325 presas y bordos de almacenamiento.

Al ser de propiedad pública, la mayoría son patrimonio de todos los mexicanos: 3 mil 618 son de la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA); la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (incluida la Comisión Nacional de Zonas Áridas) cuenta con 995; diferentes gobiernos estatales y municipales con 275, y la Comisión Federal de Electricidad (CFE) con 60. El resto está a cargo de otras dependencias federales, de la Comisión Internacional de Límites y Aguas e incluso de particulares.

La función de las presas que opera CFE es generar energía eléctrica aprovechando la caída de agua para hacer funcionar grandes turbinas que generan y conducen la electricidad. Entre mayor sea la altura del nivel del agua en la presa, más energía se produce.

En contraste, las presas que opera la CONAGUA tienen varios objetivos. Aunque en algunas de ellas también se genera electricidad, la gran mayoría almacenan agua para los usuarios; controlan inundaciones −protegiendo a la gente y su patrimonio− o ayudan a conducir el agua a los sitios en donde se requiere. En este último caso se llaman presas derivadoras.

El objetivo fundamental de las presas a cargo de CONAGUA es suministrar agua a centros de población o a la agricultura. Esta es una actividad que se ha mantenido incluso durante la actual contingencia sanitaria para asegurar el abasto a la población y mantener la viabilidad del campo.

La agricultura emplea el agua por tandas y en periodos muy específicos del año, que dependen del tipo de cultivo y de si llueve o no. En cambio, la necesidad de los poblados es más constante, aunque también varía a lo largo del día (en las noches se ocupa menos agua) o durante el año (en época de calor se consume más). Son estas variaciones en la demanda lo que obliga a guardar y administrar el agua para soltarla cuando y como se requiera.

CONAGUA opera también presas para control de inundaciones, conocidas como “rompe picos”. A diferencia de las anteriores, éstas mantienen un bajo nivel de agua o incluso permanecen vacías, como ocurre en varias que están al poniente de la Ciudad de México. Éstas amortiguan la llegada masiva de agua por lluvia y la almacenan para dejarla salir de forma controlada, evitando inundaciones o reduciendo daños a poblaciones, cosechas u otros bienes.

La operación de las presas es compleja y su manejo requiere modelos matemáticos, hidrológicos e hidráulicos, que permiten tomar decisiones a partir de políticas de operación similares a un protocolo.

Se utiliza además una combinación de pronósticos de lluvia (con modelos muy complejos del Servicio Meteorológico Nacional) y modelaciones hidrológicas del área técnica de la CONAGUA. Así, a partir de un análisis lluvia-escurrimiento, se establece cuánta agua se recibirá y, por ende, cuánta se debe sacar de una presa ante un evento de lluvia. Permitir que una presa se llene por arriba de su capacidad representa un riesgo muy alto, ya que si el agua se desborda no se puede controlar y los terrenos aguas abajo se inundarían sin control.

Entre el 2 y 5 de junio pasado, ante el paso de la tormenta Cristóbal, la CONAGUA ajustó la cantidad de agua a desfogar en la presa Peñitas, en Tabasco. Lo anterior lo hizo en colaboración con CFE, que opera esta presa de generación eléctrica, y en coordinación permanente con el gobernador Adán Augusto López Hernández y David León Romero, entonces titular de la Coordinación Nacional de Protección Civil, con cortes de información cada 2 horas. Esta colaboración permitió tomar decisiones para proteger a la población y hubiera facilitado −en caso de requerirse− que otras instituciones intervinieran.

Definir cuándo se desfoga, es decir cuándo se permite la salida controlada del agua, es una decisión compleja y para ello se deben tomar en cuenta muchas variables que evalúan expertos de CONAGUA, como la humedad del suelo en la zona y del ubicado aguas arriba de la presa, debido a que, al inicio de la época de lluvias y en especial si ha habido sequía, la mayor parte del agua la absorbe el suelo antes de dejarla escurrir. Otras variables que se analizan son las distintas capacidades de desfogue de las presas, las previsiones de lluvia en la cuenca, la cantidad de agua que llega a las presas, las posibles zonas de inundación localizadas aguas abajo y el tiempo que toma llevar el agua a niveles de llenado de seguridad.

Cuando hay lluvias extremas o fenómenos como huracanes, muchas de estas acciones se llevan a cabo sin que la gente se entere, ya que los expertos trabajan las 24 horas del día. Lo hacen bajo la premisa de que no se puede evitar la presencia de fenómenos naturales extremos, pero sí minimizar los riesgos para las familias y su patrimonio, así como para la infraestructura del país.

La operación de estos embalses es posible por la capacidad del personal especializado y de la estrecha comunicación entre las diferentes áreas técnicas de la CONAGUA, pero también gracias a las sesiones semanales de su Comité Nacional de Grandes Presas (cuyos informes y discusiones son transmitidas en vivo cada martes a las 10 de la mañana por las redes sociales de la Comisión), en donde se toman decisiones colegiadas entre diferentes dependencias de gobierno, académicos y expertos en diferentes materias.

Es un andamiaje institucional que ha llevado mucho tiempo construir, que opera las 24 horas del día, que busca reducir la vulnerabilidad ante los fenómenos naturales −en especial de las comunidades más desprotegidas− y responder oportunamente ante situaciones de emergencia.

* Blanca Jiménez Cisneros (@bjc_agua) es directora general de la Comisión Nacional del Agua.