blogeditor · 7 de julio de 2022
Cuando el actual gobierno lanzó el programa social prioritario “Jóvenes construyendo el futuro”, su objetivo era “insertar en el mundo laboral a jóvenes de 18 a 29 años que no estudian ni trabajan”. Según sus reglas de operación, el programa brindaría oportunidades de capacitación a los jóvenes para así lograr su incorporación a un centro de trabajo. El programa presuponía una cosa: que las personas no podían trabajar por falta de experiencia. No obstante, hay un problema con el diagnóstico del gobierno; estas personas, comúnmente conocidas como “ninis”, sí trabajan, y trabajan mucho.
Oxfam ha documentado como ocho de cada 10 “ninis” en México son mujeres y no es que no trabajen, es que lo hacen sin paga. Es decir, son mujeres jóvenes que se dedican al trabajo doméstico. Del mismo modo, Viri Ríos ha denunciado que si las mujeres se fueran a huelga y no realizaran trabajo doméstico el país colapsaría, ya que este trabajo equivale a 17 puntos del PIB. El trabajo doméstico y de cuidados sostiene el sistema económico en el que vivimos y además es el elefante en la habitación cuando hablamos de desigualdad de género; será muy difícil alcanzar la igualdad de género mientras no se distribuya de manera más equitativa.
Las mujeres llevan a cabo la mayoría de las horas de trabajo doméstico y de cuidados. No obstante, no todas las mujeres participan en estas tareas por igual y el sexo no es el único factor que influye en las horas de trabajo de cuidados que llevan a cabo las personas. Tener o no tener hijes, contratar o no contratar a una trabajadora doméstica, y vivir o no en pareja pueden aumentar o reducir el tiempo que le dedicamos al trabajo doméstico y de cuidados. Suele suceder que todas estas variables afectan de manera distinta a hombres y mujeres.
Vivir en pareja, por ejemplo, aumenta las horas de trabajo que las mujeres dedican al trabajo doméstico, pero reduce las que dedican los hombres. En promedio, los hombres sin pareja reportan dedicar dos horas de trabajo de cuidados y doméstico más a la semana que los hombres con pareja. En cambio, las mujeres que viven en pareja reportan dedicar 14 horas más al trabajo doméstico y de cuidados que las mujeres que no viven en pareja.
Podríamos pensar que esto se debe a que los hombres que viven en pareja tienen hijes y quienes no viven en pareja no, pero incluso al controlar por ambas variables vemos que la diferencia se mantiene y para los padres incluso se acentúa. Las mujeres que son madres dedican trece horas más al trabajo doméstico y de cuidados cuando viven en pareja. Irónicamente, los hombres sin hijes hacen dos horas más de trabajo de cuidados cuando viven en pareja, pero dos menos si es que son padres. Dentro de estos cuatro grupos, nadie hace menos trabajo doméstico y de cuidados que los padres, no importa si viven con su pareja o no.
Entre más nivel educativo, más horas de cuidado
Las horas de cuidado que las personas llevan a cabo también cambian en función de su escolaridad. Inicialmente pensaríamos que la escolaridad disminuye las horas de trabajo que llevan a cabo las personas, ya que probablemente a más educación, mayor probabilidad de contratar trabajadoras domésticas. No obstante, esto cambia según la edad y la situación conyugal. Los hombres más educados sí realizan más horas de cuidado que sus contrapartes menos educadas. Las horas crecen a la par de la educación para casi todos.
Con las mujeres la historia es un poco distinta y más complicada. En primer lugar, las mujeres que sólo estudiaron hasta primaria son quienes reportan hacer menos trabajo doméstico y de cuidados (creemos que esto se debe a que trabajan más fuera de casa). En este sentido, pareciera que estudiar más allá de la primaria, aumenta las horas de trabajo las mujeres. No obstante, en niveles más altos el efecto es distinto para mujeres sin hijes y con hijes. Mientras estudiar la licenciatura no reduce o reduce muy poco las horas de trabajo de cuidado de las madres, sí reduce las horas de trabajo de las mujeres sin hijes. Dentro de este grupo, las mujeres con licenciatura realizan siete horas menos que las mujeres con preparatoria si es que no viven con su pareja y 5 horas menos si viven con ella.
El efecto de las trabajadoras domésticas
En algunos hogares en México, las familias contratan a una trabajadora doméstica (casi siempre mujer) que ayude a reducir las horas de trabajo doméstico y de cuidados. Es interesante que los hombres que contratan trabajadora doméstica siempre trabajan más que quienes no contratan. En este sentido, puede que la decisión de contratar una trabajadora esté relacionada con eso. También es interesante que tener trabajadora doméstica sólo parece reducir las horas (y ligeramente) de las mujeres que viven en pareja.
Todas las personas requerimos y hemos requerido cuidado, y por ende todas las personas deberíamos participar en estas tareas que le permiten a la sociedad funcionar. No obstante, es poco realista pensar que basta con eso; son necesarias políticas públicas efectivas que aseguren que en México se cuide a quien se necesita. En Data Cívica hicimos un análisis de cuántas guarderías, asilos y estancias para personas con discapacidad faltan en México y encontramos que prácticamente ningún municipio tiene suficientes. Las mujeres no podemos ni debemos cubrir esa necesidad que le corresponde cubrir al Estado, a los empleadores y a toda la sociedad. Si estas políticas existieran y, además, las tareas estuvieran distribuidas de mejor manera, menos personas tendrían que sacrificar su crecimiento laboral, semanas de cotización en el IMSS o simplemente su tiempo de esparcimiento para realizarlas. Siendo un poco más realista; menos mujeres tendrían que hacerlo. Todas tenemos una huella de cuidados, te invitamos a descubrir la tuya aquí.
Nota metodológica
Todos los códigos para replicar este ejercicio están en este repositorio.