Las otras reinas

blogeditor · 25 de marzo de 2011

Las otras reinas

Voy a cantar un corrido, para la reina del sur, traficante muy famosa…*

Desde que me mudé al centro de Tijuana me da por ventanear como los gatos el flujo cotidiano de mi calle, desde un tercer piso y con unos binoculares viejos me pongo a observar el ir y venir de lo que sucede en la calle.

Ahora sé que un Toyota gris, tres veces al día pasa una chica vendiendo heroína, que en una camioneta azul llega otra chica vendiendo crystal meth y que en el callejón de la esquina otra mujer atiende una “tiendita”.

Horarios fijos, rutas de distribución, cartera de clientes, personal para cobranza, etcétera. Un perfil organizacional que muchas empresas lícitas carecen; pero eso no es lo sorprendente, por algo se le denomina crimen organizado, lo llamativo son la cantidad de mujeres que se han ido integrando a las redes del narco en los últimos años.

Se ha vuelto cotidiano ver madres de familia que llevan al lado a sus pequeños mientras cumplen con una ruta de distribución, incluso los chicos bajan de los autos llevando la  mercancía a entregar; y a veces, cuando tienen alguna cuenta pendiente, vienen escoltadas por hombres que hacen las veces de cobradores de crédito…

Era la famosa reina del Pacífico y sus playas…*

Si bien el narco como cultura es una reproducción de valores machistas y misóginos donde la exigencia de: valentía, audacia, violencia y fuerza son indispensable: ¡Los narcos deben ser hombres muy machos y muy bragaos! Ese es el estereotipo, pero ¿y las mujeres?

Hasta hace tiempo los investigadores indicaban que los roles tradicionales de las mujeres dentro del narco eran: parejas o familiares (madres, hijas, esposas, etc) y mujeres-trofeo (amantes o acompañantes); que participan dentro del negocio obligadas por asociación, necesidad y las más por ignorancia. Sin embargo, hay quienes lo hacen por dinero o por ajuste de cuentas. Existen indicios de mujeres que son jefas dentro de grupos de sicarias como “las panteras” de la familia michoacana o las reclutas de “la Línea” en Ciudad Juárez.

Eso indica que el rol de participación femenina ha variado y mucho: ya no es cuestión de hombres la parte más violenta del narco, y cosa de mujeres las labores de asistencia como: finanzas, transportación, distribución, etc. Que son de menor importancia, y por lo tanto, de menor paga.

Históricamente son contadas las mujeres que han tenido acceso a la participación directa: autoras intelectuales, cabezas de organización, ejecutoras en propia mano de violencia y agresiones.

Se han documentado datos sobre mujeres capos a principios del siglo pasado en Ciudad Juárez, pero no se habían presentado tantas mujeres como actualmente que han logrado acceder a mayores cuotas de poder dentro del narcotráfico. Aunque las Enedinas Arellano y las Sandras Avilas siguen siendo las menos.

Digna la reina de reinas, ante la ley no se inclina…*

Hace algunos días el Secretario de Educación dijo que las telenovelas son un instrumento importante para hacer abatir el rezago educativo, no haré hincapié en la nota porque apareció en todos lados, ni en las razones que motivaron a Lujambio a pronunciarse en pro del producto estrella del duopolio televisivo de este país.

Lo que no sé si notaron fue que también hace algunos días iniciaron varias telenovelas no producidas en México con temática sobre mujeres y narcotráfico. Hago hincapié en que no fueron producidas en México, aunque la última sí por intereses mexicano, las otras son producciones colombianas retransmitidas por señales nacionales, aquí aún impera una doble moral para producir pero no para transmitir y por señales abiertas, por lo menos en Tijuana todas las he visto anunciadas por señal abierta.

Productos televisivos que plasman eso que les gusta llamar “art-narco o narco industrias culturales”; maneras intrincadas de denominar a lo que como sociedad no logramos reconocer, la narco estética, una caricatura representativa de todos nuestras flaquezas y debilidades como sociedad. Porque lo narco ya no refiere solamente al tráfico o negocio, es también estética que se cruza y se imbrica con la cultura y la historia, que hoy se manifiesta en música, television y lenguaje. Una estética ostentosa, exagerada, grandilocuente, de siliconas en la que mujeres hermosas se mezclan con la imagen de virgen y madre.

No es mal gusto, es otra estética, común entre las culturas populares que solo han de encontrar en el dinero la posibilidad de existir en el mundo, es apelar a la violencia como forma de subsanar una serie de incompletudes del ser tanto internas como externas, y que los medios han sabido explotar al promover imágenes de violencia sin poner en ello conciencia de que cada acto repetido (transmitido una y otra vez) lo legitima, lo vuelve posible, accesible y permisible.

El camino del narco, es el camino de los machos, una lectura simple y llana donde encontramos plasmada el endiosamiento en la figura del macho que da respuesta a la humllación y sometimiento que todo el aparato institucional represivo lo tiene sujeto al no permitirle desarrollar seres completos, desde la familia, las formas escolarizadas, religiosas, gobiernos, etc.

Vaya que el narco no es problema, es la vía. Y en esa lectura simple y llana, las mujeres del narco son la madre (propia o de los hijos) a la que hay que dejarle los días asegurados porque la vida no vale nada y las perras a las que se deben traer arremangadas para lucir el poder transgredido y secuestrado, que muestran su lealtad a “sentones”. Aquí las mujeres son vírgenes o putas.

Y en esa deificación de la violencia se inserta el pastiche retro de lo telenovelado. Sentimentalismo ramplón, humillación constante y discurso agotado de lo que es ser bien macho y bien mexicanos. La irresponsabilidad, por no decir la indolencia de los medios que so pretexto de ser quienes entretienen y no educan, se dan el permiso de reproducir la violencia en todo su esplendor, una y otra vez para refritearnos que el narco es la vía, y penosamente hasta las autoridades –de educación- terminan diciendo que: las telenovelas son un importante instrumento para abatir el rezago educativo.

Dudo mucho que las mujeres que veo pasar por la calle repartiendo droga con sus pequeños sentados al lado, estén escapando de ese aparato de reafirmación constante que son los medios masivos, particularmente de las telenovelas. Como también dudo mucho que logren escapar de la pobreza y se vuelvan “pesadas del narco”, ni le darán a sus hijos otra manera de ganarse la vida porque el reforzamiento como dije antes, vuelve a la violencia algo permisible.

Entonces todo lo anterior se vuelve un círculo vicioso, un eterno loop del que no saldremos por sólo reprimir la violencia o acabar la corrupción, es algo más mucho más profundo. No me gusta apelar al sentido común que como mexicanos ya hemos visto que carecemos, pero en lo personal tampoco me gusta que me insulten la inteligencia… Sr. Lujambio.

*Frases de narcocorridos hechos para mujeres.