Redacción Animal Político · 20 de enero de 2023
La final del Mundial, junto con el cúmulo de acontecimientos de los primeros días de 2023 –incluido un intento de golpe de Estado en Brasil orquestado por una ola de bufones imitadores trumpistas, así como el acaparamiento del micrófono por parte de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) en el encuentro de los jefes de Estado de América del Norte en la Ciudad de México– han monopolizado la atención mediática. El resultado es que algunos de los acontecimientos significativos que se desarrollaron en el otoño pasado han quedado ensombrecidos. En lo más alto de la lista están las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos (EE. UU.), donde la llamada “ola roja” de victorias republicanas que todos pronosticaban – y que, como menciona el comediante Joe Rogan, hace eco de la escena del ascensor de El resplandor de Stanley Kubrick– llegó en forma de un simple goteo. No hubo un final sombrío, distópico y retorcido á la Kubrick, ni una toma de poder republicana arrolladora.
Los demócratas ganaron un escaño en el Congreso, los republicanos obtuvieron una mayoría pequeña en la Cámara de Representantes (CDR), algo muy por debajo de las pérdidas esperadas para los partidos que ocupan el ejecutivo en las elecciones de mitad de mandato, que históricamente han promediado alrededor de 28 escaños en la CDR y cuatro en el Senado. Más importante aún, los peones apoyados por Trump, que se postularon para gobernadores y congresistas, perdieron. Desde lo más profundo de las pérdidas electorales de los republicanos, el único candidato que parece haber salido triunfante es el gobernador de Florida, Ron DeSantis. Tras postularse para la reelección, venció a su rival demócrata por casi 20 puntos porcentuales, seguramente sustrayendo, en las elecciones presidenciales del 2026, a Florida de la categoría de estados que fluctúan (“swing states”, en inglés) y extendiendo la alfombra roja para que marche como favorito en las primarias presidenciales republicanas.
Con frecuencia, a DeSantis se le ensalza como un moderado, tal vez debido a sus posiciones políticas ecológicamente conscientes que, según algunos medios, están influenciadas por el ambientalismo que defendía Teddy Roosevelt. No obstante, lo más probable es que DeSantis parezca moderado después del fanatismo y la visceralidad que caracterizaron a la administración de Donald Trump, y que desequilibraron la balanza política en la que se encuentran parados los republicanos. El desequilibrio es tal que episodios que parecían relativamente procedimentales, como elegir al presidente de la CDR, ahora reflejan el caos y la causticidad de la dinámica política, tal como ironiza Kubrick en Dr. Strangelove.
Sin embargo, a pesar de puntos de vista que podrían parecer equilibrados en algunas áreas, las posiciones de DeSantis sobre la igualdad racial están aún muy sesgadas hacia la derecha. Por ejemplo, la ley “Stop Wrongs to Our Kids and Employees” (“Stop W.O.K.E. Act”, por sus siglas en inglés), que firmó en abril de 2022, ignora cómo las desigualdades raciales se han asentado en el paisaje estadounidense a lo largo del tiempo. La ley prohíbe que las escuelas públicas, los colegios, las universidades y los lugares de trabajo enseñen que “una persona, en virtud de su raza, color, origen nacional o sexo, es responsable de, o debe ser discriminada o recibir un trato adverso debido a, acciones cometidas en el pasado por otros miembros de la misma raza, color, origen nacional o sexo”.
Se trata de una visión ahistórica del país, que pasa por alto cómo la constelación actual de instituciones en EE. UU. es producto de un sistema fuertemente racializado. Hasta hace menos de 60 años, dicho sistema aceptaba la segregación racial codificada en la ley: a principios de los años sesenta, a los afroamericanos todavía se les obligaba a sentarse en la parte trasera de un autobús y se les impedía estudiar en ciertas universidades o usar ciertas instalaciones públicas.
DeSantis ha defendido consistentemente esta visión aplanada de las relaciones raciales en EE. UU. También se pronunció en contra de la Ley de Infraestructura Bipartidista de 2022 del secretario de transporte, Pete Buttigieg, que incluye, como uno de los objetivos, utilizar las prerrogativas del gobierno y los planes de infraestructura para remediar las desigualdades raciales pasadas. Su voz es una de las más estrepitosas dentro del Partido Republicano, pero no es una voz aislada. La oposición al uso de prerrogativas políticas para promover políticas de “acción afirmativa” es a menudo la norma, no la excepción, en ese partido.
En las elecciones intermedias del año pasado, en lugar de colorearse de rojo intenso, el mapa de EE.UU. continuó siendo una cuadrícula rojo-azul. Fue un resultado decepcionante para la mayoría de los republicanos, excepto para DeSantis, quien, al asegurarse la reelección, tiñó casi por completo de rojo a Florida. Sus puntos de vista sobre la desigualdad racial hacen difícil creer que inclinará la balanza del Partido Republicano hacia el centro. Pero, en el período que se avecina, previo a las próximas elecciones presidenciales, se ha convertido claramente en el favorito del partido.
* Jonathan Grabinsky (@jgrabinsky) es consultor en temas de gobiernos. Cuenta con una licenciatura y maestría en políticas públicas de la Universidad de Chicago.