blogeditor · 5 de octubre de 2015
(Versión anotada y comentada[1])
Dos fantasmas recorren las oficinas de los escritores de discursos gubernamentales y las de algunos activistas y periodistas[2]. A unos les atormenta Populista Feroz, ese fantasma que periódicamente abandona la tumba de los libros de texto gratuitos, donde se le alaba en la persona de nuestro General Lázaro Cárdenas, y se manifiesta en el debate político, donde se le denuncia y desprecia unánimemente: unos y otros reconocen el adjetivo de “populista” como insulto, sean los que pretenden endilgárselo a sus adversarios políticos y los adversarios que de hecho se dan por aludidos. A otros, en cambio, les atormenta Extraño Enemigo, una quimera que a veces toma la forma de connacionales quintacolumnistas que pretenden “poner al Estado contra las cuerdas” para entregárselo a oscuros intereses extranjeros y que a veces toma la forma de, bueno, oscuros intereses extranjeros directamente.
[contextly_sidebar id=”2PyUaihFEDmplSA03lfzCPjlYBveDHrz”]El que estos intereses no sean oscuros sino más bien transparentes —digamos, los de la comunidad internacional preocupada por los derechos humanos o los de las petroleras preocupadas por el precio de sus acciones— no es particularmente relevante. Como con Populista Feroz, en el caso de Extraño Enemigo interesa menos el fondo que la forma. Importa que se entienda como insulto que los aludidos le tengan más confianza a los extranjeros que a las autoridades nacionales o peor, que imaginen que quizá haya mejores soluciones afuera que dentro. Es un insulto más bien raro, por supuesto, en un país donde se venera a futbolistas extranjeros en ligas americanas y europeas a la vez que se opina con gran soltura sobre los procesos políticos de Estados Unidos y el Reino Unido o sobre la guerra en Siria, pero supongo que la intención es lo que cuenta: debe encajar como insulto que se le critique a uno por no hacer frente común con la patria en versión oficial[3] y trabajar, cada quien desde “su trinchera”[4], por presentarla en la mejor luz posible —dios sabe que necesita toda la ayuda que pueda recibir para eso, no hay photoshop que alcance.
Tanto Populista Feroz como Extraño Enemigo son pues fantasmas viejos y más bien desdibujados por el paso del tiempo. Dignos menos de Hegel que de Dickens[5] si se quiere: meros instrumentos para denostar al contrario y forzarnos a asumir una moraleja simple, como en otras épocas y otros países lo eran Fascista, Papista, Comunista, Reformista, Colaboracionista, Gradualista, Hereje y otros tantos que ahora se olvidan. Menos los espíritus de la historia que describían Hegel y Marx y más, bueno, muletillas narrativas para gente que quiere ahorrar tiempo con sus denuncias públicas.
Pero eso no quiere decir que sus nuevas aventuras no sean algo de lo más interesante. Puede que en el fondo sean material de cuento para niños, pero Populista Feroz y Extraño Enemigo tienen la enorme ventaja de que pintan de cuerpo completo a quienes los invocan. Quien nos dice que deberíamos temerles nos está diciendo, en realidad, a qué le teme en su fuero interno. Quien les pone el dedo se lo está poniendo a su vez a sí mismo. Las nuevas aventuras de Populista Feroz y Extraño Enemigo son, bien visto, las nuevas desventuras de nuestra clase política/comentocrática/activista[6][7].
¿Quién le teme al Populista Feroz? La interpretación más simplona —y quizá por eso la más popular— es que Populista Feroz es Andrés Manuel López Obrador y quien le teme es el presidente Enrique Peña Nieto. A López Obrador le gusta ponerse ese traje, por supuesto: le da estatura que otro Presidente —el tercero ya— lo considere alguna clase de amenaza para la patria; es publicidad gratuita. Otra, que es más elaborada y francamente mucho menos creíble, es que Populista Feroz es en realidad Donald Trump o Vladimir Putin o incluso Nicolás Maduro. Y existe incluso la versión que corre entre “entendidos” [8] de que el Populista Feroz es el Bronco y sus émulos antipartidos[9].
Pero la identidad en la vida real de Populista Feroz no importa en lo absoluto: hay un poco de Populista Feroz en todos porque es un atajo verbal[10], recuérdese, para decir “todos aquellos que prometen arrancar una cacería de brujas contra nosotros y una contrarreforma que dejará inútil todo lo que logramos en el minuto en el que lleguen al poder” o, alternativamente, “todos aquellos que creen que podrían hacer nuestro trabajo mejor que nosotros aunque sabemos que en realidad nuestro trabajo es tan complicado que nadie podría hacerlo mejor y ya se darán cuenta cuando lo estropeen todo, como lo hicimos nosotros, al principio, y quizá ahora mismo”[11].
Populista Feroz es el fantasma del cambio de dirección, el del descontento convertido en una nueva transformación nacional, con la misma fuerza que la actual pero en dirección opuesta[12]. Populista Feroz es todo aquel que crea, como antaño, que otro mundo no sólo es posible sino necesario y que es mejor pedir perdón que pedir permiso. Vamos, siendo honestos, Populista Feroz me asusta incluso a mí —y debería asustarlos un poco a ustedes, uno nunca deja los terrores de la infancia completamente de lado. Populista Feroz lo quiere cambiar todo —lo que no es tan descabellado, todo cambia eventualmente— y de hecho cree que puede hacerlo de golpe y por su mera voluntad —lo que es francamente aterrador, si no por una mejor razón, porque nunca en la historia se ha cambiado algo a golpes de ego sin derramar mucha sangre y muchas lágrimas; no estoy en edad para eso, la patria tampoco.
¿Y qué decir de Extraño Enemigo? No había gozado de tanta popularidad desde que Francisco González Bocanegra nos llamó a las armas en su contra si osara, bueno, hacerle cosas indecibles a la patria[13]. La contundencia de la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala —que en sus últimos estertores terminó tirando al Presidente guatemalteco— y la del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes y de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos han motivado a que propios y extraños —pero no, debe decirse, el propio Gobierno Federal— denuncien una conspiración del tamaño de la gran Amenaza Roja de los años cuarenta para reemplazar a las instituciones nacionales con extranjeros intervencionistas. Presenciar el “debate” entre Denisse Dresser e Isabel Miranda de Wallace sobre el trabajo de los expertos extranjeros[14], la discusión sobre los motivos ulteriores e imperialistas de la extradición de una docena de narcotraficantes, los lamentos por la degradación de la “Marca México”, es presenciar a un Extraño Enemigo en su mejor forma. México se abrió al mundo, se nos dice, y ahora parece que no se puede cerrar lo suficientemente rápido. Extraño Enemigo llegó a la fiesta sin que lo invitaran y ahora todo mundo anda buscando sus llaves. Lo que hace una portada, o dos.
Esta vez las armas nacionales no se cubrirán de gloria porque, bueno, no son épocas para andar declarando guerras inútiles. Pero, ¿qué decir de las voces y plumas nacionales? Si uno fuera más desconfiado se preguntaría por qué el Gobierno Federal da la bienvenida al escrutinio internacional —aunque luego trate de refutar sus hallazgos, faltaba más[15]— y en cambio son algunos activistas y comentaristas los que denuncian conspiraciones indecibles para acabar con el país, y algunos empresarios los que lo acusan a uno de hacerle mala fama a la patria, que tan buena reputación tenía hasta hace cinco minutos.
Si uno fuera más desconfiado, uno sospecharía que se extiende una mano y se hace puño la otra —y que la mano derecha, oficial, sabe perfectamente lo que hace la mano izquierda, “independiente” y “civil”. Si uno fuera más desconfiado y le tuviera menos miedo a las demandas por difamación y estuviera tuiteando anónimamente, claro está[16], pero no es mi caso: de hecho creo que Extraño Enemigo es una pesadilla común para muchas generaciones y no hace falta mucho para que la gente se levante en armas, metafóricamente, en su contra. Basta asistir unos minutos a un juego de futbol ya no contra Estados Unidos sino contra alguno de los equipos caribeños y centroamericanos que de cuando en cuando se empeñan en bajarnos las ínfulas: de la hermandad latinoamericana al odio contra “esos [inserte epíteto racial o nacional aquí]” hay menos de una llegada fuerte de distancia, ya no se diga un gol. Extraño Enemigo está en todas partes y sabe lo que hacemos, como Santa Claus, pero siempre listo para descargar nuestra ira.
Es así pues que Populista Feroz y Extraño Enemigo regresaron a vivir grandes aventuras en la sociedad mexicana. Hicieron y harán más cosas que deben contarse, por supuesto, pero eso será para otro día. Después de todo, nos han acompañado por años y siguen impartiendo grandes moralejas. ¿La del día de hoy? Está bien contar historias para niños. El problema es comenzar a creérselas.
[1] Se me ha dicho que poner notas al pie es de gente seria. Nunca se me han acusado en este blog de ser gente seria pero no estaría mal que alguien lo hiciera, para variar. En realidad, no hace falta que lean las notas.
[2] No se les debe confundir, aunque veces se parezcan tanto: si no por una mejor razón, porque unas tienen mejor vista y mejores salarios asociados que otras. Les dejaré que traten de adivinar cuál es cuál y que me lo digan —yo mismo no tengo claro cómo distinguirlas.
[3] Hay una sola patria, encarnada en el funcionario con el que tenga uno relaciones, lo demás son confusiones y extranjerismos. No caigan en la trampa, niños y niñas que juegan a ser ciudadanos
[4] Así de cursi en el original, que no recuerdo donde puse ni estoy seguro de cómo citar. ¿Quizá como “Tuit de @X [Borrado]”?
[5] Cf. A Christmas Carol y la Fenomenología del Espíritu. O no. ¿Quién tiene tiempo? ¿Quién está leyendo estas notas?
[6] Nuevamente, algunas veces es más sencillo distinguirlas que otras. ¿Dónde está la línea? ¿Se sigue siendo sociedad civil si la principal fuente de ingreso de uno son contratos gubernamentales para “cambiarle la vida a la gente”? ¿Se puede pegar con una mano y cobrar con la otra como ciertos periodistas y seguir siendo, bueno, opinador creíble? ¿Y qué de los funcionarios que insisten en que tienen sus propias opiniones y nos las endilgan a cada oportunidad? Si uno tiene un amigo funcionario que no siempre le contesta el teléfono aunque uno lo siga defendiendo porque lo conoce desde otros tiempos, ¿llena la forma A-1 para declarar conflictos de interés o la B-3 para registrarse como hipócrita? Hace falta información.
[7] Uso negritas para facilitarles la lectura. Que no se diga que no pienso en los que pierden el tiempo leyéndome sin mayor provecho.
[8] ¿Qué es lo que entienden los “entendidos”? ¿Son herméticos dedicados a decodificar pergaminos secretos? ¿Son cábalas secretas que se reúnen a intercambiar chismes? ¿Se están inventando más del 70% de lo que entienden? Hace falta información.
[9] Llamarles independientes resulta más bien forzado. ¿Independientes de qué? ¿De los partidos? ¿Económicamente? ¿De la Madre Patria? ¿De la última tendencia hípster? Hace falta información.
[10] Estoy plenamente consciente de que he caracterizado a Populista Feroz como fantasma, atajo verbal, metáfora, herramienta narrativa e insulto. Y eso es en lo que va del texto. Seguiré inventándome categorías como haga falta. Faltaba más.
[11] Evidencia contundente de que los atajos verbales son utilísimos: ¿quién puede imaginar a un funcionario diciendo todo eso? ¿Sin reírse?
[12] En física a esto se le llama acción y reacción y se asume que a cada una de la primera le corresponde una de la segunda. De nada.
[13] Bocanegra hablaba de “profanar con sus plantas” el suelo nacional, pero en estos tiempos probablemente pensaríamos en alguna metáfora relacionada con la violencia sexual; es a la vez más perturbador y más preciso. Cf. las múltiples acepciones de “la chingada” exploradas por la obra de Octavio Paz; la manoseada que sufrió Katy Perry en pleno concierto.
[14] Debate del que, de nuevo, muy lejos se mantiene el Gobierno Federal, en lo que probablemente es uno de sus aciertos más notables: la sociedad civil y la academia pelean contra sí mismas, ¿para qué intervenir?
[15] Vamos, uno invita a la crítica hasta que de hecho la escucha. Lo normal es que uno trata de defenderse, aunque no sirva para nada porque, bueno, hay tal cosa como defender lo indefendible.
[16] Esto. No. Es. Twitter. Este. Es. Mi. Nombre. Real.