blogeditor · 6 de mayo de 2013

Como toda visita de un mandatario de Estados Unidos a México, la de Obama a nuestro país la semana pasada estuvo llena de expectativas, interpretaciones y especulación. Que si venía a leernos la cartilla, que si era el relanzamiento de la relación bilateral, que si implicaba un cambio de agenda entre los dos países y un largo “que si”.
La relación entre ambos países es compleja, multidimensional y fluctuante. Hay temas que siempre han estado presentes: seguridad, migración, tráfico legal e ilegal de productos y personas, comercio, inversión, medio ambiente, energía y un largo etcétera. Lo que ha cambiado a lo largo de los años ha sido el matiz que se le ha dado en cada gobierno en ambos lados de la frontera y el énfasis y herramientas de política pública para comunicarnos –o confrontarnos. Esta visita no fue la excepción. Se trató de una visita de trabajo en la que el mensaje general fue de buena disposición al diálogo.
En todo caso, me interesa hacer énfasis en las cosas que no se dijeron y sobre las que se comentó muy poco. Además de una pregunta obligada para cualquier observador medianamente enterado ¿por qué vino Obama sin secretarios de Estado y México lo recibió con la plana mayor?, quiero hacer énfasis en un tema del que se ha hablado mínimamente en la relación bilateral y que fue importante durante esta visita, pero sobre el que no se dijo nada: las mujeres en la relación entre los dos países. Me explico.
En septiembre del 2012 la Secretaria de Estado Hillary Clinton y la Canciller Patricia Espinosa firmaron el “Memorándum de entendimiento entre el Departamento de Estado de los Estados Unidos de América y la Secretaría de Relaciones Exteriores de los Estados Unidos Mexicanos para la promoción de la igualdad de género, el empoderamiento y los derechos humanos de las mujeres”. Paso importante en la relación bilateral y sobre el que se habló poco y se ha hecho muy poca difusión.
Si el documento logra trascender la buena voluntad implícita y las acciones deseadas, se estará dando un enorme paso en la relación entre los dos países y sentando un precedente valioso en los acuerdos del siglo XXI entre los países. Se busca a través del Memorandum establecer un marco de referencia “para que los Participantes contribuyan al avance la igualdad, el empoderamiento y la promoción de los derechos humanos de las niñas y las mujeres, como parte de su relación bilateral”.
En el documento se delimitan cinco áreas de cooperación prioritaria para la creación “de sociedades igualitarias y prósperas”:
Hasta el momento no se ha hecho nada concreto en ninguno de los dos países para dar seguimiento a esto, y esta visita ha abierto una excelente ventana de oportunidad para ello.
Visto desde esta perspectiva, e insisto, en el ámbito de las cosas que no se dijeron (y que en política a veces son las que de verdad importan), considerar la comitiva que acompañó a Obama tiene un significado interesante. Vino con él Valerie Jarret, quién está a cargo de la Oficina de Compromiso Público y Asuntos Inter-gubernamentales y preside –y esto es lo que quiero enfatizar- el Consejo de la Casa Blanca en Asuntos para las Mujeres y las Niñas.
Valerie desayunó el viernes 3 en la mañana, junto con el Embajador Wayne, con un grupo de mujeres, y algunos hombres, vinculadas al desarrollo y avance de las mujeres en México tanto desde la óptica gubernamental, como desde la empresarial y de la sociedad civil. Me invitaron a esta reunión y debo decir que ví de manera positiva que se tenga interés en darle una perspectiva de género a la relación bilateral.
Las mujeres, las niñas y los niños, son las principales víctimas de la migración y la transmigración desde Centroamérica hasta la frontera con Estados Unidos. México es el segundo país proveedor de mujeres y niñas víctimas de trata hacia Estados Unidos, después de Tailandia. Mientras se mantenga la corrupción que existe y la complicidad de las autoridades con la red del crimen organizando que esclaviza y trata con las personas, esta realidad no acabará. Es importante, por ello, sumar esta perspectiva a la agenda bilateral. Es una manera de presionar para que este problema se resuelva.
Desde la óptica económica, es importante apoyar el empoderamiento económico de las mujeres. Cifras recientes indican que las mujeres presiden el 47% de las PYMES en México, y su impacto en la generación de empleos y mano de obra es vital en el país. Apoyarlas económicamente implica una derrama de beneficios para todos y todas.
El Memorándum que se firmó debe tener vida y pasar de ser un documento firmado a una realidad tangible. Para Hillary Clinton, el haber nombrado a Melanne Verveer como Embajadora para asuntos de la Mujer significó reforzar la importancia de la defensa y apoyo al desarrollo de las mujeres en el mundo. De una manera diferente, y con otros actores, parece que el gobierno de Obama en su segunda administración, mantiene el interés en incorporar esta óptica a su política exterior. La mención que hizo a las mujeres en su discurso en el Museo de Antropología también da cuenta de ello (y debo decir que me dio enorme gusto que también reconociera la brecha digital de género que existe y la importancia del empoderamiento digital de las mujeres, pero ese es otro asunto).
Esta coyuntura es una valiosa oportunidad para que el gobierno mexicano reconozca la importancia de la perspectiva de género en sus relaciones internacionales y, en este caso, en la relación bilateral con Estados Unidos. No estaría de más, dicho sea de paso, que se sumara al Instituto de las Mujeres que encabeza Lorena Cruz al Gabinete de Política Exterior.
Veamos qué sucede en los próximos meses para instrumentar este acuerdo y qué acciones concretas se toman en cuenta. Somos muchas personas, y espero que los medios de comunicación se sumen, las que estaremos al pendiente y dando seguimiento.