blogeditor · 7 de marzo de 2017
Por: Karla Meza Soto (@Sinfronteras_1)
Este 8 de marzo, como cada año, se conmemora el Día Internacional de la Mujer; seguramente muchas personas ya lo tienen presente y sus acciones durante el día podrán ser diversas. Sin embargo, sea cual sea su actuar, es importante que todas conozcan el origen de este día e identifiquemos los retos persistentes.
El nacimiento de esta conmemoración se debe a diversos sucesos de finales del siglo XIX y particularmente a uno de principios del siglo XX. El 25 de marzo de 1911, 149 personas, la mayoría de ellas mujeres, perdieron la vida cuando la fábrica de textiles Triangle Shirtwaist de Nueva York se incendió. Este hecho reveló las precarias condiciones en las que se realizaba este trabajo, que muchas de estas mujeres eran migrantes que se encontraban en situación de pobreza y quienes evidentemente no eran tratadas de manera igualitaria. De tal forma, este suceso se convierte en el recuerdo de la razón por la cual seguir luchando por la igualdad y garantía de los derechos humanos de las mujeres.
A pesar de que este suceso tiene más de un siglo, aún es evidente la necesidad de seguir promoviendo los derechos humanos de las mujeres y, particularmente, de las mujeres migrantes. De hecho este evento podría ser una noticia reciente y al leerlo incluso podría imaginarse el lugar o lugares donde se produjo y la nacionalidad de estas mujeres.
El 50 % de la población en todo el mundo son mujeres quienes económicamente aportan el 40 % del PIB a nivel mundial. Este mismo porcentaje, 50 % es reflejo de la presencia de las mujeres dentro de los flujos migratorios, así como dentro de las personas que requieren protección internacional (solicitantes de asilo, refugiadas, desplazadas internas, apátridas), sin embargo en la realidad este grupo sigue representando a una de las poblaciones en mayores condiciones de vulnerabilidad, en situaciones de exclusión, desigualdad y discriminación.
En este sentido, el pasado 25 y 26 de enero diversas instituciones convocamos al IV Simposio Internacional sobre Feminización de las Migraciones “Panorama de la agenda global”, en la que diferentes actores compartieron sus reflexiones y propuestas en torno a la participación de las mujeres en la migración, particularmente en el corredor Centroamérica – México – Estados Unidos.
Entre los hallazgos y resultados de éste, encontramos que los flujos migratorios en este sistema migratorio responden a la misma dinámica que a nivel mundial. El Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de Naciones Unidas reporta que, al menos desde los años 90, las mujeres representaban entre el 48 y 52 % de los flujos migratorios en la región. Sin embargo, muy pocos son los marcos normativos y políticas públicas en la materia que incorporan una perspectiva de género o bien acciones afirmativas encaminadas a disminuir la desigualdad en la que se encuentran.
Las mujeres enfrentan desde sus lugares de origen, así como en los de tránsito, destino y retorno, situaciones de exclusión y desigualdad social vinculadas al sistema patriarcal arraigado en la región. Estos factores o características específicas vinculados a esta población se interrelacionan con otros factores vinculados a su movilidad, los cuales potencian y profundizan las situaciones de violencia, desigualdad y exclusión.
Estas situaciones deben considerarse dentro de la grave crisis de derechos humanos y violencia que enfrenta la región, las cuales han provocado un mayor número de violaciones a derechos humanos y criminalización de las personas migrantes y sujetas de protección internacional, en donde las mujeres, niñas, niños y adolescentes son dos de los grupos más afectados.
Este agravamiento del contexto regional nos indica cada vez con mayor fuerza la necesidad de hacer frente a estas nuevas realidades de una forma mucho más innovadora, articulada y encaminada a trabajar en los modelos de desarrollo implementados en la región, cuyas características y dinámicas han abierto aún más las brechas de desigualdad, pobreza y precariedad en la cual vive la población, causas estructurales de los flujos migratorios pero también consecuencia de éstos.
En el caso específico de México, el día internacional de la mujer no solo nos presenta el reto de la transversalización, sino también de que ésta sea acompañada de una fuerte articulación entre los diferentes actores vinculados al tema migratorio y de asilo que enfoque sus esfuerzos en:
Es así como el 8 de marzo, día internacional de la mujer, nos da el pretexto para reconocer que es necesario construir e implementar un nuevo modelo de desarrollo basado en la seguridad humana, y con una clara perspectiva de género y derechos humanos, así como transversalizar esta perspectiva dentro del trabajo vinculado al tema migratorio y viceversa.
* Karla Meza Soto es Subcoordinadora de Vinculación de Sin Fronteras.