blogeditor · 7 de marzo de 2022
“Todos somos prisioneros de las percepciones y sensaciones ‘masculinas’. De las palabras ‘masculinas’. Las mujeres mientras tanto guardan silencio”.
Svetlana Alexievich 1
Los últimos días han supuesto para el mundo occidental días de tensión y miedo. La invasión de Rusia a Ucrania activa todas las alertas. Se leen a diario titulares sobre el conflicto: “Preocupación por mujeres y niños atrapados en el conflicto de Ucrania”, “Mujeres ucranianas comparten sus historias: como madres e hijas”, “No vale la pena: las mujeres son siempre las víctimas más grandes de los conflictos armados en el mundo”. Estos titulares reflejan la idea occidental colectiva del rol de las mujeres en los conflictos armados; como madres, hijas, víctimas. No obstante, las mujeres ucranianas —como lo han hecho históricamente las mujeres— se están enfrentando también a la complicada situación que implica una guerra en territorio nacional: no sólo están haciendo labores de cuidado a niños y niñas, sino que también están ofreciendo servicios médicos a los heridos de guerra y tomando las armas para defender su territorio. Esto es un ejemplo más de que las mujeres viven el gran impacto de los conflictos, pero también juegan roles importantes en el transcurso de éstos, así como en la construcción de paz a nivel nacional e internacional.
Lo anterior no significa que las mujeres tengan una condición “natural” de bondad o una predisposición para la paz, sin embargo los procesos sociales han moldeado algunos actuares de las mujeres en colectivo, en donde desde el hecho de ser la parte dominada en el sistema de desigualdad sexo género y no tener el poder del aparato estatal y por ende tampoco del militar o del económico, han quedado segregadas también de la toma de decisiones para cuestiones como la seguridad. De igual forma, los procesos de militarización conllevan a enaltecer los valores de la masculinidad hegemónica, donde ser hombre significa ser fuerte, poderoso, viril, y tener control sobre las armas y los cuerpos. Siguiendo la misma lógica paternalista, se entiende a las mujeres como “personas vulnerables” a proteger, pero en muchas ocasiones el Estado no es capaz de efectivamente protegerles como ciudadanas ante los modelos de “seguridad”.
A través de la historia se ha hecho uso de manera importante de la violación como arma de guerra (por supuesto, la violencia sexual contra las mujeres existe también durante los periodos de paz, pero se incrementa durante la guerra), por lo que los conflictos armados y la militarización han representado una amenaza para el cuerpo y la vida de las mujeres, y han aumentado la probabilidad de que ellas elijan alejarse de los conflictos. En algunos casos, las mujeres que no participan de manera activa en la defensa de su país y huyen de la guerra también son criticadas bajo la idea de que su “deseo” de igualdad se contrapone a la no participación en la guerra. Sin embargo, sería un error pensar que las mujeres participan en los movimientos y procesos pacifistas y antibélicos bajo el único argumento que temen convertirse en soldados o víctimas. Hay mucho más en juego: los sentidos de pertenencia, de seguridad, de bienestar familiar vinculado a la carga total del sistema de cuidados y en algunos casos de cargar con el soporte económico en su totalidad. Tanto la guerra llega a las comunidades y al cuerpo de las mujeres como las mujeres van a la guerra y toman las armas o realizan labores claves durante el conflicto (incluyendo médicas y de cuidado).
Sin duda cuando hablamos de las mujeres, la guerra y sus propuestas en la reconstrucción, es necesario referirnos a las mujeres en Ruanda. Después de la guerra que inició en 1994, las mujeres ruandesas tomaron el liderazgo del país buscando su reconstrucción, unificación y pacificación. La experiencia de la guerra en la vida de las mujeres, así como los estragos de la misma, dejó a las mujeres como el 80% de la población. Por lo cual a partir de 1999 grupos civiles de mujeres entraron al órgano legislativo, adquiriendo derechos como la herencia de propiedades, la utilización de tierras como avales para préstamos que les permitieron tener autonomía financiera. Las mujeres ruandesas priorizaron la educación y se aseguraron de que las niñas también pudieran tener acceso a ella. Por otro lado, instalaron diversos refugios para aquellas mujeres que habían sido víctimas de violaciones y violencia, en donde daban apoyo psicológico y humanitario, buscando resarcir el daño y generar sociedades sororas. 2
En México no se tiene en la memoria colectiva reciente lo que supone una invasión, pero al menos en los últimos quince años hemos vivido un conflicto armado no reconocido que implica no sólo el alto poder del crimen organizado, la corrupción del Estado y la militarización en las tareas de seguridad, sino también un incremento en la violencia contra las mujeres. Los debates en torno a esta situación son el día a día, sin embargo la información, el análisis y la opinión continúan borrando los roles que han tenido las mujeres en ella. En 2021, las mujeres conformaron el 11.9% del Ejército y Fuerza Aérea Mexicanos y el 17% de la Marina (por supuesto, una mayor participación de las mujeres en las Fuerzas Armadas no es garantía de igualdad o no violencia contra las mujeres debido a la composición patriarcal de las instituciones castrenses). 4 De igual manera, desde los años 80 se ha visto el aumento progresivo de colectivos de mujeres con un papel clave en la búsqueda de justicia ante crímenes graves en contra de los derechos humanos. Un gran ejemplo es el Comité Pro-Defensa de Presos, Perseguidos, Desaparecidos y Exiliados Políticos de México (luego conocido como Comité Eureka), fundado en 1977 por Rosario Ibarra Piedra. En la actualidad, las mujeres conforman alrededor del 90% de la participación en colectivos de víctimas, han formado redes importantes de búsqueda y colaboración, y presentan una fuerza importante de exigencia de rendición de cuentas ante las autoridades. 5 Estos son sólo algunos de los incontables ejemplos del sólido impacto de la guerra en las mujeres pero también de su trabajo como constructoras de paz tanto en México como a nivel mundial, trabajo que ha sido reconocido por la Organización de las Naciones Unidas.
En México se ha apostado por la militarización como la herramienta central para el control de la violencia armada, sin embargo el conflicto armado no ha mejorado. En 2021 se registraron 33,308 homicidios dolosos y 1,004 feminicidios, números que se han mantenido generalmente estables en los últimos años. 6 7 El año pasado también vio un marcado incremento en delitos contra la libertad personal y la seguridad sexual, pasando de 54 mil 314 a 69 mil 512, e incluyeron 21 mil 189 carpetas de investigación por delito de violación. 8 Esto evidencia el constante y preocupante aumento en la violencia.
En México el conflicto armado no es desconocido, pero queda claro que la estrategia de militarizar no ha sido efectiva para que México sea un país seguro para todas y todos. No hay ejército que pueda encargarse de pacificar, es contrario a su naturaleza; sin embargo el Estado sigue defendiendo a las Fuerzas Armadas, que en innumerables ocasiones ha atentado contra los derechos humanos de los ciudadanos, como las encargadas no solo de la pacificación sino de las tareas estratégicas, y dejando de lado los esfuerzos de la sociedad civil, la academia y la perspectiva feminista, que proponen un cambio de paradigma donde se apueste por una seguridad ciudadana que tome en los impactos, vidas e importantes contribuciones de sus ciudadanas.
1 Svetlana Alexievich, La guerra no tiene rostro de mujer, (1985).
2 RANIA ABOUZEID; . (2019). Así se esfuerzan las mujeres ruandesas por reconstruir su país, de National Geographic.
3 Boletín Nº7. (2019). Desigualdad en Cifras; La participación de mujeres en las Fuerzas Armadas, de INMUJERES.
4 INMUJERES. “La participación de mujeres en las fuerzas armadas”. Desigualdad en cifras. Año 5, Boletín N° 7, (julio de 2019).
5 Anaís Palacios y Raquel Maroño, La desaparición de personas en México y el papel de las mujeres en su búsqueda. Fundación Heinrich Böll Stiftung. (3 marzo, 2021).
6 DW. México cierra 2021 con homicidios a la baja. América Latina.
7 Forbes. Ola de feminicidios en México continúa imparable: 1,004 muertes en 2021, (enero 21, 2022).
8 Nadia Sanders, Las violaciones en México aumentaron 28.1% en 2021. La Lista (20 enero, 2022).