Redacción Animal Político · 8 de febrero de 2023
En la más reciente y polémica canción de Shakira, la colombiana nos narra la traición y el rompimiento de la relación con su expareja. En tanto discurso artístico y subjetivo, sus declaraciones son -como en las canciones en general- una apreciación íntima y personal de su autora; el caso, sin embargo, resulta un pretexto perfecto para el análisis y la reflexión de una realidad social muy actual.
Muchas personas, en especial mujeres, interpretaron la pieza como un discurso de empoderamiento y resiliencia femenina, pues visibiliza el hecho de que las mujeres comenzamos a acceder más a la autosuficiencia económica y la generación de riqueza. El verso de la canción ya lo conocemos todos y reza: ante las desilusiones “…las mujeres ya no lloran, las mujeres facturan”. Desafortunadamente este empoderamiento y autonomía económica de las mujeres está muy lejos de ser un hecho en México, en Latinoamérica y en el mundo. Veamos por qué.

1. Casi la mayoría de las mujeres en el mundo dedicamos al menos 12,500 millones de horas diarias a todas las tareas domésticas necesarias para reproducir y sostener la vida humana, tanto las concretas y rutinarias como limpiar, cocinar, lavar, cuidar de los hijos y los mayores, como las afectivas y emocionales como brindar consuelo, afecto y fortaleza y un largo etcétera. Lo normal es que ninguna de nosotras reciba un sueldo por llevar a cabo estas labores y eso, en México y a escala mundial, es la causa de que al menos 42 % de las mujeres no puedan acceder a un empleo remunerado o involucrarse en actividades políticas y sociales.
Si la remuneración por esas actividades fuera apenas el salario mínimo, ello implicaría una contribución a la economía global de al menos 10, 8 billones de dólares anuales según Oxfam Internacional. En el caso de México, dichas labores domésticas y de cuidados tienen un valor y representan 27.6% del PIB, es decir, aproximadamente 6.4 billones de pesos.
2. Si las mujeres no facturamos se debe, entre otras cosas, a las oportunidades laborales tan reducidas que tenemos (la mayor parte de ellas en el sector informal, con salarios precarios), así como a la brecha salarial entre mujeres y hombres que en promedio es del 12 % según datos oficiales.
3. Según el último reporte de OXFAM (2023) sobre la desigualdad a nivel global, derivado del contexto de crisis por pandemia en 2020, las mujeres fuimos las más golpeadas en materia laboral pues perdimos 64 millones de empleos, lo cual nos supuso una pérdida de al menos 800,000 millones de dólares. Además, la destrucción de los empleos afectó mayormente a las mujeres jóvenes en contraste con los hombres en el mismo rango de edad.
El informe añade que el modelo fiscal vigente afecta más a las mujeres, pues al tener salarios más bajos deben destinar un mayor porcentaje de ingresos a bienes de consumo básico y cuidados. De hecho, el empleo de las mujeres en el mundo se caracteriza por niveles de informalidad mucho mayores que los de los hombres, especialmente en los países del sur, lo cual las hace más vulnerables a los despidos.
En el caso de México, según la Encuesta Telefónica de Ocupación y Empleo (ETOE) 2020, aproximadamente 17,639,863 de mujeres pertenecen a la población económicamente activa que cuenta con un empleo remunerado y/o ejerce una actividad independiente y trabaja en ella; en esta categoría también entran las mujeres que están sin trabajar, pero mantienen un vínculo formal con su empleo. Las mujeres de ese grupo están diez millones por debajo del número de hombres que se encuentra en las mismas condiciones, es decir aproximadamente 17 millones contra 27 en los varones.
Además, de dichas mujeres trabajadoras únicamente el 3 % de ellas, aproximadamente, se desempeñan como empleadoras, es decir, como personas que pagan un salario al menos a un trabajador o empleado, que son dueñas de una empresa o negocio y o que obtienen ganancias sobre capital invertido. Radicalmente distinta es la situación de casi el 50 % del total que labora en condiciones de informalidad e incluso sin acceso a un contrato escrito de trabajo (es el caso de aproximadamente el 40 % de quienes son trabajadoras subordinadas y remuneradas).
Ante estos datos demoledores no podemos sino concluir que, si bien la música es una expresión importante de la moda, la cultura y los valores de nuestra época y que nos permite divertirnos, disfrutar y canalizar nuestras emociones, siempre será valioso apreciarla y hacerla nuestra desde una mirada crítica, puesto que los discursos que se reproducen de forma inmediata, masiva e irreflexiva terminan validándose e introyectándose de forma peligrosa como realidades absolutas.
La música es el arte de manifestarnos por medio de sonidos, instrumentos musicales y letras. Hay diversos géneros y por supuesto, miles de gustos.
La clave es la expresión; existen canciones que hablan sobre la felicidad, el enamoramiento; sobre posiciones políticas, pérdidas, desamor, despecho, injusticia, en fin, canciones para comunicar lo que sentimos, según nuestro gusto.
Pero el día de hoy no vengo a hablar de música; de hecho, vengo a hablar en concreto de uno de los versos del más reciente éxito de Shakira: “Las mujeres no lloran, las mujeres facturan”. ¿Te suena familiar?
Esta frase -que ya es icónica- ha causado una gran controversia en nuestro entorno. En la opinión pública y sobre todo en las redes sociales hay posturas que la defienden como una forma de empoderamiento femenino; otras posiciones, echan mano de la burla, el sarcasmo e incluso la agresión hacia las mujeres por apropiarse de esta frase.
Cuando hablamos de empoderamiento femenino nos referimos a ese poder de autonomía y reconocimiento de las mujeres que implica su participación plena en todos los sectores y niveles de la actividad económica, y su contribución económica no solo como ciudadanas, sino como proveedoras del hogar.
El Censo de Población y Vivienda 2020 muestra que, a nivel nacional, en 33 de cada 100 hogares las mujeres son reconocidas como jefas de la casa; esto representa 11,474,983 de familias, lo cual es, sin duda, el indicador más claro de una de las más importantes transformaciones recientes de la cultura mexicana.
Estos datos no hacen más que reafirmar el poder de las mujeres; si el propósito de la frase “las mujeres no lloran, las mujeres facturan” es demostrar que, gracias a nuestro trabajo y esfuerzo podemos tener un mejor nivel de vida y no depender de ningún hombre para tener estabilidad económica, sin duda lo está logrando.
Miles de mujeres en todo el mundo están alzando su voz por medio de esta canción. Desde el día de su estreno, las redes sociales se saturaron de comentarios de todo tipo de personas que exclamaban “SÍ, YO FACTURO” como sinónimo de orgullo.

También hemos sido testigos en las redes sociales de cómo esta frase detona comentarios de burla que llegan a ser agresivos y despectivos. En su mayoría, estos ataques provienen de sectores machistas o con ideologías tradicionales, que parten de la perspectiva de que el hombre debe ser el único proveedor del hogar o en su defecto, el que aporta el mayor ingreso. Según la Organización Internacional del Trabajo (2018), todavía hay muchas personas que consideran inaceptable que la mujer tenga un trabajo remunerado fuera del hogar: para ser exactos, a escala mundial, un 20 % de hombres y un 14 % de mujeres.
Ahora bien, sigue siendo una situación frecuente ver en los hogares que la contribución económica de la mujer sea total, significativa o menor, no siempre recibe reconocimiento, ni nos otorga el derecho a participar con equidad en la toma de decisiones en el hogar. Esto se expresa claramente en frases como estas que todos, desafortunadamente, hemos escuchado en algún contexto:“A ver si puedes hacerlo”, “Mejor quédate en la casa a cuidar a los hijos”.
Mención aparte merece el llamado “Fenómeno Neni”, en alusión a cómo mujeres emprendedoras que venden a través redes sociales han creado una importante fuerza económica desde lo doméstico. La propia denominación “Neni” (“Ya hay muchas mamás luchonas y nenis”), desde una perspectiva de género, contiene elementos que reducen la imagen de la mujer trabajadora a los estereotipos sexuales de siempre.
Pero volvamos al tema que ahora nos ocupa; pongamos sobre la mesa el tipo de comentarios que surgieron en redes sociales a raíz del sencillo de Shakira:

En redes sociales se ha observado cómo, en paralelo a las reacciones de apoyo este mensaje de empoderamiento femenino, hay colectivos que claramente perciben la canción negativamente. Estos grupos, mayoritariamente de hombres, han reaccionado en todo el mundo con virulencia, rechazo y agresividad a los valores feministas que la canción explícitamente defiende. Los grupos que promueven estas publicaciones -justo es decirlo- no son mayoritarios, pero el gran amplificador que son las redes sociales no deja de provocar controversia y alarma social. En incontables sitios estos grupos han etiquetado a las mujeres como débiles e incapaces, en un esfuerzo por contraponer su “hombría” ante la capacidad de una mujer para ser independiente y sobresalir por sus propios méritos.
Sin embargo, aunque insistamos en que las reacciones machistas más agresivas provienen de grupos que no representan a la mayoría, no debemos dejar de señalar que hay creencias colectivas en torno a la familia y las relaciones que son ancestrales y difíciles de suprimir.
En el ámbito privado podemos observar que en muchas relaciones que podríamos calificar de estables y modernas existe aún un cuerpo de ideas sobre los roles de género que no termina de erradicarse; el hecho de que una mujer aporte la parte sustancial del ingreso familiar representa una fuente potencial de conflicto. En países como México, aún hay un camino largo por recorrer.
Cabe mencionar que, días después al lanzamiento de la sesión 53, el sencillo “Flowers” de la cantante Miley Cyrus se estrenó con gran impacto en todo el mundo. Este tema, dedicado al amor propio y al empoderamiento femenino con la frase “I can buy myself flowers” desencadenó una reacción significativa: el aumento en la venta de flores en Estados Unidos que puede leerse como una expresión de la fuerza de un mensaje social de gran alcance a nivel cultural, social y económico.
Seguirá habiendo muchas más mujeres que facturen: “Nenis”, mamás luchonas, artistas, trabajadoras del hogar, empresarias o profesionistas. Lo importante es que todos y todas apoyemos este cambio cultural y el debate abierto de ideas que nos permita, de una vez por todas, erradicar todo rastro de machismo, violencia y discriminación para así alcanzar relaciones personales y familiares más equitativas y satisfactorias.
* Andrea García es Comunicóloga por la UABC. especialista en Metodología de las Ciencias Sociales por el CIECAS-IPN. Elizabeth Rosas es Lic. en Mercadotecnia.
Fuentes:
Comisión Nacional de los Salarios Mínimos. (2022). La brecha salarial de género en el empleo formal ha disminuido de 2018 a 2021. México.
Consejo Nacional de Población. (2020). La composición de las familias y hogares mexicanos se ha transformado en décadas recientes como resultado de cambios demográficos y sociales.
INEGI. (2020). Encuesta Telefónica de Ocupación y Empleo (ETOE), 2020.
INEGI. (2023). Hogares.
Oxfam Internacional. (2022). No todas las desigualdades son visibles: el verdadero valor del trabajo de cuidados.
Oxfam Internacional. (2023). La ley del más rico: Cómo los multimillonarios amasan enormes riquezas en tiempos de crisis.
Razo, A. (2021). Jefas de familia aumentaron 12 por ciento en 20 años. Gaceta UNAM.