blogeditor · 16 de junio de 2021
Tomar consciencia de situaciones de violencia no es fácil. Cuando las vives y comienzas a descubrir nuevas formas de relacionarte, de identificarte, conocerte, amarte y cuidarte se desata en ti un proceso que parece no tener fin, pues de a poco descubres que de alguna manera vivenciaste algún tipo de violencia, luego que generaste otro tipo de violencia, o bien que te encuentras en una posición de privilegio frente a otras personas. Sin embargo, el compromiso personal que adquieres para con las otras personas, concuerden con tu postura o no, se refrenda día con día.
Una parte de los estudios de género atiende a los hombres y las masculinidades. Ambos términos, tanto hombres como masculinidades los empleo en plural porque también son diversas las realidades y lo que se concibe como “hombre”, son términos dinámicos. En otras palabras, el término hombre no es universal pues no representa a la totalidad de personas que se identifican como hombres, ya que su actuar varía de acuerdo con el contexto histórico, social, cultural. Por medio de las masculinidades se puede construir una sociedad libre de violencia sin la participación de todas las personas.
En principio es necesario hacer una distinción entre los movimientos de varones o de los derechos de los hombres y los estudios de los hombres y las masculinidades. Los movimientos de varones o por los derechos de los hombres surgen como contrapartida a la lucha feminista a partir de la inconformidad por el reconocimiento o avance de los derechos de las mujeres; buscan un restablecimiento de los privilegios de los hombres y la reducción de la participación de las mujeres en espacios públicos. De ahí que luego se confunda o se consideren como polos los feminismos con el machismo, pero eso nos da para otra charla.1
Retomando la diferencia, los estudios de los hombres y las masculinidades -también conocidos como nuevas masculinidades o masculinidades saludables- cuestionan la opresión de los hombres hacia las mujeres y pretenden lograr igualdad entre mujeres y hombres, reflexionan sobre la forma en que se construye la identidad masculina y buscan formas de relacionarse sin violencia ni discriminación.
Entonces la pregunta es ¿qué son las masculinidades? Bueno me apegaré al concepto abordado por Fernando Villamil Pérez que, desde una perspectiva socio-antropológica, se refiere a la masculinidad como el “conjunto de prácticas, significados, representaciones, instituciones (sociales, legales, políticas y económicas) y discursos históricamente constituidos y social y culturalmente variables que definen en cada contexto lo que es ser hombre, en relación a garantizar su supremacía con respecto (centralmente) a las mujeres y (también) a otros hombres concebidos como no menos masculinos”.2
Existen diferentes posturas no unificadas sobre las formas de clasificar las masculinidades. Connell, las clasifica en cuatro tipos: hegemónica, subordinada, cómplice y marginal.3 La hegemónica es la practicada por los varones heterosexuales que detentan el poder, prestigio y autoridad legítima. La subordinada refiere a la posición de poder que tienen unos hombres sobre otros por poseer características no atribuidas a la representación tradicional. La cómplice es aquella que disfruta las ventajas del sistema patriarcal, pero no forma parte de la minoría hegemónica. La masculinidad marginal engloba a las minorías étnicas.4 Aunque también puede clasificarse desde el aspecto sociopolítico en seis perspectivas principales: conservadora, mitopoética o de desarrollo espiritual, profeminista, movimiento de los derechos de los varones, socialista, y de los derechos específicos.5
A qué voy con esta somera clasificación de las masculinidades: a que las características atribuidas a los diferentes tipos de masculinidad tienen efectos en la sociedad y entre las personas. Quien detenta las posiciones de poder, prestigio y autoridad legítima ejerce frente a otras personas acciones para mantener esa posición, que pueden ir desde menospreciar las posturas y comportamiento de mujeres y otros hombres hasta agresiones directas para hacer valer su autoridad.
La construcción de la masculinidad puede observarse, desde un discurso tipo social, en relación a la organización social dicotómica que ordena la vida social dividiendo a hombres y mujeres de manera simbólica, a partir de los roles y funciones socialmente asignados ligados al sexo de nacimiento. Entonces tenemos una sociedad que se organiza en un sistema patriarcal, donde los hombres tienen una posición dominante sobre las mujeres, la cual tiende a reproducirse en las instituciones (a eso Bourdieu lo llama patriarcado público).6
A ese tipo de construcción se le llama masculinidad hegemónica y gira alrededor de varias figuras: el hombre proveedor, considerado como el responsable de generar los recursos económicos que sirvan de sostén a las personas a su cargo; el hombre inteligente, con capacidades de organizar el mundo; el hombre bueno, preocupado por su comunidad y protector de su esposa e hijas. Estas no son limitativas, pues como se refirió anteriormente, la construcción de la identidad masculina está relacionada con prácticas, interacción social y comunicativa que dan como resultado una multiplicidad de construcciones sobre lo que debe ser un hombre, mismas que en su mayoría coinciden con el modelo tradicional.
Algunas de las violencias de género ejercidas por quien detenta una masculinidad hegemónica son el acoso o, dependiendo el caso, hostigamiento, porque parte de demostrar su naturaleza viril, violencia física -porque presunta y naturalmente son más agresivos-, entre otras conductas de control, porque perpetúan la asignación social de funciones y comportamientos en razón de ser considerado hombre o mujer, refrendándose de generación en generación. Es decir, se establecen estereotipos de género impuestos a las personas que trascienden en la forma en que nos representamos, identificamos, actuamos y valoramos nuestra persona.
En ese sistema sexo-genérico cultural e históricamente específico que regula las relaciones de poder, roles sociales y de cuerpos de las personas, se inscriben las masculinidades como un proceso de prácticas. Se naturaliza que las mujeres son débiles (física y mentalmente), que tenemos puntos de vista subjetivos y que somos más emocionales, y a los hombres se les considera como los fuertes, objetivos, racionales, concretos. Cuando menos lo esperamos, o vemos, empezamos a darle un mayor valor a unas características que a otras.
Sin embargo, cuando los hombres identifican que existen diversas maneras de expresar su masculinidad, pueden cuestionar las conductas que realizan en su entorno escolar, familiar y personal, desarticular las relaciones de poder, los privilegios, el sexismo, la homofobia y así lograr construir relaciones democráticas, igualitarias, equitativas, respetuosas de las diferencias, más placenteras y armoniosas con quienes les rodean y para ellos mismos. Al reflexionar sobre las formas en que se construyó la idea de “ser hombre” permite realizar conductas de autocuidado, mejorar la salud y romper con estereotipos basados en una presunta fuerza o capacidad económica.
* Laura Erika González Pizaña (@MiyuLorca) pertenece a la Red de Abogadas Violeta (@AbogadasVioleta).
Bibliografía
Bourdieu, P. (2000). La dominación masculina. España: Anagrama.
Capella Rodríguez, Santiago, “¿Sólo trabajadores/proveedores?”, en Jiménez Guzmán, Ma. Lucero y Tena Guerero, Olivia, Reflexiones sobre masculinidades y empleo, UNAM-Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias, México, 2007.
Connell, Raewyn, “La organización social de la masculinidad”, en Teresa Valdés y José Olavarría (eds.), Anuario social y político en América Latina y el Caribe, núm. 6, Caracas, FLACSO/ UNESCO, 1997.
Connell, Robert. (2003). Masculinidades, México: PUEG/UNAM.
Gutiérrez Lozano, Saúl, Tejer el mundo masculino, Plaza y Valdés/UNAM, México, 2008
Núñez Noriega, G. (1999). Sexo entre varones. Poder y resistencia en el campo sexual (2a ed.). México: pueg-unam/El Colegio de Sonora/Miguel Ángel Porrúa.
Tena Guerrero, Olivia, “Estudiar la masculinidad, ¿para qué?”, en Norma Blázquez et al., Investigación feminista. Epistemología, metodología, representaciones sociales, México, UNAM, 2010.
Valdés, Teresa y Olavarría, Jose, Masculinidades y equidad de género en América Latina, FLACSO-Chile, Chile, 1998
Villamil Pérez, Fernando, “La transformación de la masculinidad hegemónica desde las masculinidades gays en España. La ley de parejas de hecho y la lucha por la legitimidad”, en María Luisa Quintero Soto y Carlos Fonseca Hernández (Coords.), Investigaciones sobre género. Aspectos conceptuales y metodológicos. Miguel Ángel Porrúa, México, 2008.
1 Cfr., Tena Guerrero, Olivia, “Estudiar la masculinidad, ¿para qué?”, en Norma Blázquez et. al., Investigación feminista. Epistemología, metodología, representaciones sociales, México, UNAM, 2010, pp. 273-275.
2 Villamil Pérez, Fernando, “La transformación de la masculinidad hegemónica desde las masculinidades gays en España. La ley de parejas de hecho y la lucha por la legitimidad”, en María Luisa Quintero Soto y Carlos Fonseca Hernández (Coords.), Investigaciones sobre género. Aspectos conceptuales y metodológicos, Miguel Ángel Porrúa, México, 2008, p. 99.
3 Conell, Robert, Masculinidades, op. cit., pp. 115 y 116.
4 Sanfélix Albelda, Joan, “Las nuevas masculinidades. Los hombres frente el cambio de las mujeres”, Prisma Social, revista de ciencias sociales, número 7, dic 2011-may 2012, p. 232, disponible aquí.
5 Minello Martini, Nelson (2002), “Masculinidades: un concepto en construcción”, México: Nueva antropología, vol. XVIII, núm. 61, pp. 15 y 16.
6 Cfr., Bourdieu, Pierre (2015), La dominación masculina. España: Anagrama, p. 109.